Actualidad Musical
- Entrevista al grupo Ministriles de Marsias
- Turandot intimista
- Edita Gruberova canta Mozart en el Liceo
- El Cuarteto Capuçon en el Auditorio 400
- Monteverdi “ritorna” al Real
- Haciendo ópera en el siglo XX
- Mefistofeleando
- Romeo y Julieta de Prokofiev
- Orquestas pequeñas, grandes lujos
- El piano de Albéniz
- ¡Una noche de Zarzuela...!
- Don Giovanni cierra temporada
- Exhumación de Marie Victoire en Berlín
- Noticias y convocatorias
Índices
Concierto en Madrid
El Cuarteto Capuçon en
el Auditorio 400
Adolfo del Brezo
Cuarteto Capuçon: Renau Capuçon (violín), Aki Saulière (violín), Béatrice Muthelet (viola), Gautier Capuçon (violonchelo). Obras de Jörg Widmann, Karol Beffa y Claude Debussy. Centro para la difusión de la Música Contemporánea (CDMC), Temporada 2008-2009, Auditorio 400, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid, 27 de abril de 2009.
Casi a la misma hora de la cena de gala ofrecida en el Palacio Real en honor de Sarkozy y de su esposa Carla Bruni con motivo de la primera visita de estado del presidente francés a España, tenía lugar en Madrid otra cumbre hispano-francesa mucho más interesante que la oficial. Y es que el joven Cuarteto Capuçon, exponente del mejor arte francés, visitaba la temporada del Centro para la Difusión de la Música Contemporánea (CDMC) para ofrecer en un Auditorio 400 rebosante de público un concierto que quedará en la memoria de los afortunados asistentes.
El concierto comenzó con la intervención de los hermanos Capuçon —Reanaud, de pie, al violín y Gautier, sentado, al violonchelo— para ofrecer una selección de los 24 dúos para violín y violonchelo (estreno en España) del joven compositor y clarinetista alemán Jörg Widmann (München, 1973). Dúos que los Capuçon recrearon haciendo un derroche de musicalidad y extrayendo los más pequeños matices y detalles sonoros de estas breves piezas; mostraron una riquísima gama dinámica junto a la más amplia variedad de fraseos, ataques y sonoridades, dando la sensación de que podrían extraer música de las piedras si se lo propusieran. Renaud Capuçon tocaba, dirigía y casi podría decirse que encarnaba con sus gestos espontáneos la música, ecléctica y variada de Jörg Widmann, de la que destacó el Valse bavaroise que parafrasea con originalidad y una buena dosis de humor los valses típicos de la región natal del compositor.
La primera parte del concierto se completaba con el estreno absoluto del Cuarteto de cuerdas (obra encargo del CDMC) de Karol Beffa (París, 1973), a cargo del denominado Cuarteto Capuçon, para cuya formación los hermanos Capuçon han contado con la colaboración de Aki Saulière (violín) y Béatrice Muthelet (viola). Juan Carlos Moreno en sus notas al programa recoge la declaración de intenciones del compositor Karol Beffa, que por su interés reproducimos a continuación: "si el 80% del auditorio se muestra alejado de la música contemporánea, habrá que preguntarse si se debe a ese mismo público o a la propia música...Me parece que eliminando todo tematismo y sentimiento, muchos compositores lo pierden todo sin ganar capacidad de expresión...Por ello no me sorprende si el público no le sigue...". Evidentemente el tematismo y sentimiento de los que el compositor habla están presentes en este Cuarteto en cinco movimientos, en el que también se evidencian claras influencias del minimalismo. El clima interpretativo, en el que predominaban los factores poético, contemplativo y repetitivo propios de la obra, se enfrió un poco debido a la accidental rotura de una cuerda del violinista, que obligó a una larga pausa antes de abordar el quinto movimiento de la obra, el más largo e importante. Pese a esta incidencia, propia del directo, el Cuarteto fue muy apreciado por el público, que dedicó largos aplausos compartidos por intérpretes y compositor, presente en la sala.
La segunda parte del concierto estaba ocupada por una de las grandes obras del repertorio cuartetístico, el Cuarteto de cuerda en sol menor op. 10 de Claude Debussy, del que el Cuarteto Capuçon ofreció una interpretación memorable, al límite del riesgo y de la experimentación en cuanto a dinámicas e incluso a afinación. La música en vivo adquiere pleno sentido cuando los intérpretes arriesgan y llevan al límite sus posibilidades interpretativas, como fue el caso de los miembros de este cuarteto que cuenta con el liderazgo notable del primer violín y en el que las personalidades de los dos hermanos Capuçon brillaban frente a segundo violín y a viola. Pero los cuatro actuaron con tal espontaneidad y entrega que el público asistente se sintió espectador privilegiado de un acontecimiento único e irrepetible, y supo agradecerlo con insistentes ovaciones y largos aplausos plenamente justificados y merecidos.
Fotografía © 2008 by Sonja Werner-Virgin Classics
Escribir a Adolfo del Brezo