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Crítica de discos

Más Elgar de Sir Colin Davis

Albert Ferrer Flamarich

Elgar: Variaciones Enigma, Opus 36; Introducción y Allegro para cuerdas, Opus 47. Intérpretes: London Symphony Orchestra. Dir: Sir Colin Davis. Referencia: LSO Live 0109. 1 CD. Duración 47’56” minutos.

Elgar: Variaciones Enigma

Con la baza de un lenguaje decimonónico al cual se le deben algunas de las páginas más bellas de una época, Sir Edward Elgar no es un compositor muy programado, por lo menos en España. Las excepciones son el Concierto para violonchelo y orquesta, Opus 85, alguna de las Sinfonías, las Variaciones Enigma, Opus 36 y la Introducción y Allegro, Opus 47. Estas dos últimas son las que configuran el presente disco que se añade a las ediciones del oratorio The Dream of Gerontius y las tres sinfonías. Todo con los mismos intérpretes y discográfica. Y es que paralelamente a Sibelius y Dvorak, Sir Colin Davis volvió a grabar uno de sus repertorios predilectos al frente de “su” orquesta para conmemorar el ciento-cincuenta aniversario del nacimiento del compositor inglés.

Las sesiones matriz proceden de los conciertos celebrados en la Sala Barbican de Londres durante las temporadas 2007 (Opus 36) y 2005 (Opus 47). Registros que, siguiendo la línea del sello, sufrieron la limpieza de laboratorio en los ruidos ambientales y adecuación del sonido, formidable ya de naturaleza, de una de las Big Ten. El concerto grosso que es la Introducción y Allegro, Opus 47 lo corrobora, y demuestra el elevado nivel de los profesores de la formación inglesa, sumando una de les versiones recientes más destacadas de la partitura.

Las Enigma también evidencian la inteligencia y la buena madera que caracteriza al veterano Sir Colin Davis. A grandes rasgos, el director británico mantiene una línea coherente y común, próxima a la discografía tradicional. La lectura es correcta, respetuosa, hábil en la combinación de texturas, de dinámicas muy claras, ataques limpios y contundentes. No busca la retórica y se guarda de la espectacularidad fácil (“Troyte”) hasta al narcisista final (“EDU”), de carácter robusto y que aprovecha su parte explosiva para incidir en sutilezas como los sforzandi de los metales (pista 15, de 00:24 a 00:26) con un aire más marcial y vigoroso que efectista, con una majestuosidad más incisiva que expansiva. No exento de alguna imprecisión (pista 15 a partir de 3:49 y hasta el 4:09, en el contrapunto de metal y cuerda), el concepto de Davis resulta bastante antagónico a Bernstein (DG) de quien la fantasía dibuja con mayor intención “RBT” y “GRS”. Si la referencia es la del norte-americano fácilmente se notará que los tiempos de éste son más dilatados y su hábil acumulación de tensión construye uno de los mejores “Nimrod” de la discografía. La gran volada lírica de Lenny, casi de semántica mahleriana, goza de una sabia combinación de nostalgia e intimidad sin vehemencia. Esto contrasta con la también bella prestación de Davis, exenta de melodrama y rozando un objetivismo parecido al de un Haitink. Sir Colin la plantea como una cantilena serena y expositiva, con un arco melódico menos alargado y profundo –que no superficial- y un punto urgente. Tanto es así que en el pianissimo final Bernstein es mucho más gradual y lo acompaña hasta la exhalación mientras que Davis es más contrastante, un punto súbito y despreocupado de metafísica. Análisis minuciosos a parte, éste compacto es una competente referencia de ambas obras y merece conocerse aunque el discurso no sea nuevo.

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