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Mefistofeleando
Carlos de Matesanz
23 de abril de 2009, 20:00 h. Teatro Real. Varios solistas, Coro y Coro de Niños de la Comunidad de Madrid, Orquesta Sinfónica de Madrid. Dir: Jesús López Cobos. Robert Schumann: “Escenas del Fausto de Goethe”.
7 de mayo de 2009, 20:00 h. Teatro Real. Olga Borodina (mezzo), Piotr Beczala (tenor), Ildar Abdrazakov (bajo), José Antonio López (barítono). Coro Nacional de España, Coro de Niños de la Comunidad de Madrid, Orquesta Sinfónica de Madrid. Dir: Nicola Luisotti. Hector Berlioz: “La condenación de Fausto”.
Pocas obras hay que queden tan a medio camino entre el oratorio profano, la ópera y la cantata como las “Escenas” de Schumann y la “Condenación” de Berlioz; dos compositores tan distintos que choca el ver cómo coincidieron en su veneración por el “Fausto” de Goethe y cómo ambos decidieron musicarlo de una manera tan parecida: en forma de escenas líricas. El Teatro Real ha programado ambas obras en versión de concierto como complemento a su mefistofélica temporada de este año, en la que se han orillado títulos tan obvios como el “Faust” de Gounod o el “Mefistofele” de Boito, pues en realidad, la temporada está más dedicada a la tentación que al tentador.
Desgraciadamente, creo que quien esto firma habría caído en la tentación de reprochar por centésima vez a Jesús López Cobos su inveterada sosería dirigiendo una pulquérrima interpretación de la irregular pero muy bella obra de Schumann, si no hubiera sido por la “Condenación” de días después, en la que Nicola Luisotti –a quien escuchamos hace un par de temporadas un fantástico “Trovatore”–, al frente de la misma orquesta, estuvo solvente pero ni extrajo el mismo sonido pulido de la agrupación ni, sobre todo, consiguió ese algo especial que el maestro zamorano sí alcanzó, aunque con la discreción que le caracteriza: algo que, tal vez, podríamos llamar “poesía” (alma, vida, entraña). Bien es cierto que al italiano le tocó bregar con un Coro Nacional de España lamentable, especialmente la sección masculina, mientras que López Cobos contó con un Coro de la Comunidad de Madrid excelente; y el coro, huelga decirlo, es fundamental en estas obras.
De voces, parecía mejor pertrechado el segundo encuentro, con unos cantantes que realmente “le iban” a la obra de Berlioz; pero, a pesar de determinados fulgores vocales de Olga Borodina, que es muy señora, no parecían estar especialmente motivados los cantantes: el agradable timbre de Piotr Beczala se desperdicia un tanto por un fraseo poco intencionado (y por un par de falsetones en el dúo de amor) y al bello y homogéneo caudal de Ildar Abdrazakov le falta carácter en una parte diabólica que requiere más sorna, entrega y matices.
Las voces convocadas para Schumann eran mucho más discretas, pero funcionaron mejor porque ni sus partes eran tan arriesgadas ni los intérpretes tan pasivos. Daremos cuenta de todos, porque bien lo merecen, comenzando por el joven barítono finés Tommi Hakala, poco conocido pero muy musical y capaz: que cantó la parte de Fausto, con timbre un tanto leñoso pero con voz generosa, y la del Doctor Marianus, agudísima casi de tenor, con un gusto exquisito. También estuvo muy bien el tenor Burkhard Fritz, a quien sus muchos papeles spinto no han ajado de momento la voz y luce un timbre sólido y atractivo (por cierto, ha adelgazado un montón y parece su propio hijo); estuvo correcto y delicado en todo momento. La tercera parte destacada –Gretchen y una penitente– corrió a cargo de la soprano Ofelia Sala, que ha perdido buena cantidad de esmalte vocal, pero que sigue siendo una cantante cada vez más sensible y expresiva. El resto de partes femeninas corrieron a cargo de las sopranos Susana Cordón (muy bien) y Eugenia Enguita (muy mal, más que nada porque la voz es ínfima y gatuna, aunque los habrá que les haga gracia… pero ¡en Schumann!; la temporada que viene cantará en “La italiana en Argel”, a ver qué tal) y las mezzos Mª José Suarez y Maria Radner, que apenas tuvieron lucimiento. Las voces graves masculinas eran de más renombre y entidad –Michele Pertusi y Franz-Joseph Selig–, pero tampoco lucieron especialmente: el primero por no estar en su repertorio idóneo y el segundo por ser un bajo profundo de pega (ay, Kurt Moll de nuestros amores…).
Fotografías cortesía del Teatro Real © 2009 by Javier del Real