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Opera Forum en el Gran Teatro del Liceo de Barcelona
Haciendo ópera en el siglo XX
Enid Negrete
European Opera Forum. Barcelona, Gran Teatre del Liceu, 17-19 de abril de 2009. (continuación de "La ópera como fuerza unificadora de Euopa")
Partiendo de la pregunta sustancial: ¿Qué debe ser la ópera en el siglo XXI?, el Opera Forum de Barcelona ha reflexionado largamente sobre lo que significa la innovación tecnológica, la creación de nuevas obras y el papel de la puesta en escena en la ópera de nuestros días.
Pierra Audi, Director artístico de la ópera de Holanda habló de los dos grandes personajes de la ópera contemporánea: los directores de escena y los directores artísticos. Audi considera que el papel del director de escena nunca había sido tan importante en la ópera como lo es en nuestros días. Sobre todo porque el director de escena ha emprendido una batalla contra el conservadurismo asumiendo un importante lugar como reformador. Él cree que a medida que pasa el tiempo hay menos presión por la parte conservadora del público, “Ahora, cualquier estilo se ha experimentado en la ópera” declara.
¿Pero cuál es el papel del director en la ópera del siglo XXI? Para Audi es el de mantener el desafío intelectual y sensorial de la ópera, “La concepción de la ópera como una totalidad es lo que la llevará a la renovación”, afirmación que no tiene nada de novedoso, dado que la concepción de la ópera como un espectáculo total la plantea Wagner en el siglo XIX, pero su ejecución ha conocido el esplendor desde mediados del siglo XX y hasta nuestros días.
Al respecto la joven directora de escena operística Anna Dirckinck, opina que el trabajo de la dirección escénica “es siempre un trabajo de traducción de un idioma a otro, de la palabra a la acción, de un concepto a una imagen. Es llegar al concepto del sonido como movimiento sobre el espacio”.
En cuanto a los directores artísticos de las casas de ópera en nuestros días, Audi opina que tienen que tener un concepto de programación y propuesta diversificada para mantener vivo el sentido de la renovación: “Se debe buscar lo mejor de lo antiguo y de lo nuevo. No puedo concebir un teatro que no se arriesga a las nuevas óperas”.
David Pountney, Intendente del prestigioso festival de Bregenz, hizo planteamientos muy interesantes al respecto del equilibrio la programación, habló de su experiencia profesional en el festival para lograr que la tradición que se arriesgue con novedad: “A partir de la 2ª Guerra Mundial el público le tiene miedo a la nueva producción de ópera. Al público en este festival no se le da una sola producción tradicional desde 1980. No es un público especializado en ópera, sino normal y corriente, pero demuestra su inteligencia al aceptar retos de nuevas producciones de obras tradicionales y nuevas”.
Para lograr esta aceptación del espectador este director piensa que las producciones tienen que cumplir con tres requisitos básicos:
- No debe haber ningún juego intelectualoide que sea oscuro para el público. Bromas particulares que sólo entiende el creador o manifestaciones de su opinión sobre la obra sin interpretar.
- Diversificación de obras y propuestas artísticas que no sigan líneas parecidas. Presenta siempre excepcionalidades.
- Gestionar encargos de nuevas obras. Que tengan historia, que el público no tenga que enfrentar un obstáculo agotador para disfrutar la ópera. Esto está relacionado con el tipo de público que tienes y el entorno colectivo que tienes.
- Con esto se ha logrado que el público deje de tenerle miedo a la nueva obra y las nuevas interpretaciones de obras antiguas.
La producción de óperas contemporáneas en nuestros días
A diferencia de otros tiempos, la ópera escrita en nuestros días no llega a los espectadores en la línea natural que llegaba, por ejemplo, en el siglo XIX, y como se mencionó con anterioridad, a partir de la Segunda Guerra Mundial, el espectador le tiene especial reticencia a las nuevas obras. Es por ello que las producciones de nuevas obras se plantean, en la mayoría de los casos, en coproducción, para que sean proyectos interesantes tanto para el público como los creadores.
La cantidad de encargos que están haciendo ha aumentado muchísimo. Se tiene que dar la oportunidad de que estrenen con grandes intérpretes, pero hay que asegurar que éstos no hagan el esfuerzo de aprenderse el papel desde cero para sólo hacer 3 ó 4 funciones.
Uno de los principales problemas en este tema son las posturas nacionalistas: en Inglaterra sólo se estrenan compositores ingleses, en Alemania alemanes, etc, lo que hace mucho daño a las coproducciones de óperas nuevas entre diferentes países. Esas posturas son muy dañinas, tanto para la creación de óperas nuevas como para su difusión.
El director de escena puede ayudar en este ámbito, sobre todo cuando se habla de gente como Peter Grenaway, Peter Sellars o Bob Wilson, por ejemplo, que tienen un nombre que atraerá no sólo al espectador asiduo a al ópera sino a los seguidores de su trabajo, además de que se involucrarán en el proceso creativo. Esto es fundamental tomarlo en cuenta para que el espectador vea la mejor puesta en escena.
A manera de conclusión se puede decir que la ópera de nuestros días busca formas simples pero dramáticamente más eficientes.
Al respecto Gerard Mortier, el nuevo director artístico del Teatro Real de Madrid, en la sesión de clausura, planteó la idea desde la concepción misma de la ópera. Habló de la lucha entre la misión de la ópera como Monteverdi la ideó, como la gran obra musical, y la propuesta de Luis XV: un espectáculo fastuoso que no implique una pregunta existencial tan profunda, “ir al teatro a soñar, tiene el problema de que hay muchas pesadillas”, afirma. Esto crea una evidente tensión entre lo que nos cuenta los problemas existenciales y lo que nos divierte. Para Mortier “la ópera es una institución de los ciudadanos. Por lo que no puede ser ajena a la sociedad que la pague. Por ello es fundamental tener en cuenta el teatro y el tipo de público que se tiene. Sin caer en nacionalismo absurdos, se debe buscar el carácter operístico de cada teatro”. Para ello propone la estructuración de una programación que el público pueda seguir como un camino trazado. Toda elección de una obra debe ser parte de un concepto que nos lleve a incorporar al público a la historia de entera de la ópera.“Porque los seres que no cantan o no danzan, están cada vez más cerca de la muerte” concluye.
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