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Crítica de libros

Dos joyas del género chico

José Prieto Marugán

La Tempranica (Gerónimo Giménez). Agua, azucarillos y aguardiente (Federico Chueca). Intérpretes: María Bayo, María Rodríguez, Eduardo Santamaría, Carlos Bergasa, Raquel Lojendio, Felipe Nieto, Coro de la Comunidad de Madrid, Orquesta Sinfónica de Tenerife, Director: Víctor Pablo Pérez.  D.G. 0028947668282. CD. Duración: 71’53”.

La Tempranica

Una nueva entrega de la serie de zarzuela editada por DG y patrocinada por la Fundación Caja Madrid con los elementos necesarios para ser un éxito artístico y comercial: cantantes de primer nivel, coro muy bien preparado, orquesta de prestigio y calidad, grabación técnica de primera fila, buena e impecable presentación y una marca consolidada en el mercado del disco.

Contiene el CD dos obras muy interesantes, ambas encuadrables en el llamado “género chico”: Agua, azucarillos y aguardiente, página fundamental de ese tipo de obras y La Tempranica, partitura cuya música es de mucha mayor entidad orquestal y alejada de los clásicos modelos del teatro por horas; La Tempranica no se basa en los bailes y danzas habituales (aunque tenga uno atractivos “tanguillos”), apenas tiene romanzas (sólo una de la protagonista y otra de Gabrié, que es el célebre zapateado de la tarántula) y la densidad y riqueza de las orquestación es superior a lo que era frecuente en estas obras de entretenimiento.

Víctor Pablo Pérez, el gran director burgalés, aborda la zarzuela con cariño indiscutible y con la clara intención de dejar constancia de que su música es importante, inspirada, muchas veces atractiva desde el punto de vista de la orquesta y, sobre todo, merecedora de tocarse con el mismo interés y la misma dedicación que cualquier otra obra del gran repertorio sinfónico. En este caso, sabe poner de manifiesto la intensidad y el dramatismo de La Tempranica, página en la que la orquesta tiene protagonismo propio. Por otra parte, el director, es capaz, también, de extraer el colorido instrumental que Chueca puso a la sencilla orquestación de su Agua, azucarillos y aguardiente, que poco menos que se limita a doblar a las voces.

El Coro de la Comunidad de Madrid, excelentemente preparado por Jordi Casas, vuelve a dar muestras de su altísimo nivel: colorido en las voces, ajuste, amplitud de la dinámica, empaste y una dicción ejemplar. Se lucen en el “Coro de cazadores” y la escena final de La tempranica y en los coros de niñeras y de barquilleros de la obra de Chueca.

En cuanto a los solistas, destaca una María Bayo lírica, de muy bello timbre y de elegantísimo canto. Tanto, en su papel de Pepa en la obra de Chueca, como en el María, en la de Giménez, ofrece una interpretación excelente. Carácter y potencia no faltan en los momentos que los requiere el compositor, pero es la distinción lo que marca su interpretación por encima de las meras cualidades técnicas.

María Rodríguez Sanz es Manuela y Asia en Agua… y Salú, en Tempranica, ambos papeles breves y resueltos sin dificultad.

Raquel Rojendio, resuelve con soltura el muy breve papel Doña Simona y con elegancia, el del simpático del Gachó del Arpa, en Chueca. En su intervención en La Tempranica, en el famosísimo zapateado de la tarántula, ofrece una lectura graciosa pero sin excesos.

El barítono Eduardo Santamaría se hace cargo de los dos principales papeles masculino (Lorenzo y Serafín), excelente de voz y potencia cumple en el célebre “Cuarteto” de la obra del compositor madrileño, aunque quizá le falte un poco de la clásica chulería.

En cuanto a los papeles secundarios hemos de destacar la interpretación del tenor Felipe Nieto, de la “Nana” de Tempranica, un fragmento corto pero delicado que es abordado con delicadeza y encanto.

La producción se acompaña de un amplio libreto con notas de Concha Gómez Marco y el texto de los cantables (ambos en castellano e inglés), pero faltan las biografías de los intérpretes.

Escribir a José Prieto Marugán