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Los teatros de ópera de hoy

Enid Negrete

La finalidad de los teatros de ópera del mundo en nuestros tiempos ha cambiado mucho. En otros momentos de la historia, la ópera servía para complacer a la nobleza que la había encargado o para ofrecer un entretenimiento a la burguesía, y el gusto de estas clases sociales se veía reflejado tanto en la programación, como en las tendencias artísticas que salían al escenario. Ahora, las casas de ópera, además de ofrecer lo mejor del arte lírico y de desarrollar las nuevas tendencias estéticas, deben crear un nuevo público y orientar al que ya existe para que disfrute mejor de la ópera, al margen de fomentar el desarrollo artístico nacional y difundir la cultura a la mayor cantidad de público posible.

Teatro de opera

La selección de los títulos de una temporada intenta conjugar una gran cantidad de aspectos: la necesidad de conservar del repertorio tradicional que es uno de los mayores alicientes del público asiduo a la ópera, pero sin olvidar que también es misión del teatro mostrar nuevas versiones escénicas de estas óperas, con el afán de renovar las relecturas escénicas de este repertorio y no permitir su anquilosamiento. Por otro lado, los estrenos de nuevas óperas son una necesidad, tanto de la renovación del repertorio mundial, como el incitar la producción contemporánea nacional.

Dentro de esta misma necesidad la inserción de títulos de óperas desconocidas de cualquier época, pero cuyo valor artístico debe ser reconsiderado, es uno de los factores importantes a tener en cuenta para una programación completa. La revaloración de la ópera antigua, o de las obras desconocidas de autores famosos u olvidados es lo que nos ha devuelto a los escenarios del arte lírico producciones tan importantes como las óperas de Mozart después de la segunda guerra mundial o el descubrimiento de joyas del bel canto en las últimas décadas del siglo XX.

Dentro de la programación también debe existir la posibilidad de presentar nuevos valores, tanto musicales como escénicos, en todos los campos artísticos de la ópera (directores de escena, de orquesta, cantantes, bailarines, actores, iluminadores, escenógrafos, etc.). Sin embargo, al mismo tiempo, la contratación de cantantes consagrados que atraigan al público o el remontar producciones que tuvieron un éxito de taquilla, es también sumamente importante para sostener el interés en una temporada. Encontrar un equilibrio en estos dos últimos temas es uno de lo grandes retos de los directores artísticos de un teatro de ópera en nuestros días.

Otras cuestiones muy importantes a tomar en cuenta son las producciones que dan oportunidades de acercamiento al público que tradicionalmente no accede a la ópera, o las coproducciones que ayuden a no elevar en exceso el presupuesto. Ahora bien, dependiendo de la importancia de cada teatro de ópera en cada país, la programación también puede estar sujeta a un convenio y necesidades políticas o de desarrollo. Por ejemplo cuando un teatro de ópera es considerado como el principal centro artístico de un país y no sólo de una ciudad, es necesario insertar dentro de la programación coproducciones que ayuden a teatros de menor tamaño y presupuesto a acceder a montajes de primer nivel artístico. Esto otorga unidad al trabajo operístico de un país.

Una de las formas de producción más comunes en los últimos tiempos son los alquilares de producciones extranjeras o de los otros teatros nacionales. Estas rentas tienen como beneficio el acercar al público de un país a los logros artísticos de otros, además de no ser una carga para el almacén escenográfico de un teatro, pero pueden resultar bastante caros.

Por todo ello, el director artístico de una casa de ópera debe encontrar el equilibrio entre programar títulos que sean apreciados tanto por los fanáticos más antiguos de la ópera como por los amantes de la innovación y  por el público no iniciado.

Toda esta complejidad hace que la gestión y la administración de un teatro de ópera en nuestros días sea una de las labores más difíciles de afrontar por cualquier profesional del espectáculo. Por ello, la mayor parte de las veces la ejerce un profesional de la gestión cultural y no un artista. Aunque se da el caso, por ejemplo de Plácido Domingo, en que un cantante o director de orquesta es la pieza clave de la gestión de un teatro.

Los conflictos internos y las problemáticas de competencia entre todos los departamentos, son parte de la vida de cualquier institución, pero es más evidente en el caso de una casa de ópera debido a la enorme cantidad de presupuesto o los temperamentos artísticos de los implicados.

Los teatros de ópera son, hoy por hoy, un mundo dedicado a complacer a muchísimos intereses ajenos y propios de la ópera. Pero su labor es mucho más reconocida y llega a muchos más espectadores que en tiempos anteriores. El prestigio de una casa de ópera y la calidad de lo que en ella se representa está considerado en nuestros días como el escaparate de lo mejor del arte de un país.

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