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Zarzuela. Lo que hemos visto
¡Una noche de Zarzuela...!
José Prieto Marugán
¡Una noche de Zarzuela...!. Obras de Álvarez, Alonso, Arrieta, Barbieri, Bretón, Chapí, Chueca y Valverde, Fernández Caballero, Giménez, Guerrero, Luna, Lleó, Marqués, Moreno Torroba, Penella, Sorozábal y Vives. Intérpretes: Esperanza Roy, Ana Ibarra, Yolanda Marín, Manuel de Diego, Alex Vicens, Carlos Bergasa, Isamel Fritschi, Juan Carlos Talavera, Eduardo Fernández, Coro del Teatro de la Zarzuela, Orquesta de la Comunidad de Madrid, Cristóbal Soler (director). Teatro de la Zarzuela, de Madrid. 14 de mayo de 2009.
El penúltimo espectáculo de la temporada del Teatro de la Zarzuela 2008-09 es una antología de la zarzuela, es decir, la reunión de una serie de fragmentos (23 de 15 autores) que por sí solos garantizan el éxito, incluido el económico del espectáculo. Pero esta Una noche de zazuela no es una antología al estilo de la espectacular y brillante de José Tamayo, paseada por todo el mundo durante décadas; esta antología de 2009, año de la crisis, es un espectáculo deliberadamente oscuro, triste, grisáceo.
Los autores del texto de este “ensueño lírico en dos actos”, Luis Olmos (que también es el responsable de la dirección de escena) y Bernardo Sánchez, han situado la acción “a finales de 1941, en Madrid, posguerra española”, y refieren la intención de una antigua estrella lírica, viuda de un empresario muerto en la guerra civil, de reabrir su viejo y endeudado teatro con la misma antología con que se cerró a causa del conflicto bélico. Al desarrollar el texto los autores se han inclinado por cargarlo de mensajes de evidente intencionalidad política, (incluida la presencia de un “rojo” que la empresaria tiene escondido en el teatro y de unos policías secretas agresivos, provocadores, violentos, chulos y camorristas que humillan, pistola en mano, a la antigua vedete), que provocaron reacciones airadas en una parte del público y aplausos en otra, reacciones que a punto estuvieron de provocar un grave y desagradable enfrentamiento a las puertas del teatro en alguna de las funciones.
Es cierto que la política nos rodea y no podemos librarnos de ella, entre otras cosas es “la política” la que nos sube los impuestos o la que distribuye las rentas de todos, a criterio de quien la maneja, estableciendo desigualdades que están a la vista de cualquiera, pero no es buena idea asociarla con la zarzuela. Olmos y Sánchez la han relacionado con una determinada época, pero podían haberlo hecho con cualquier otra, incluida la actual en la que, entre los casi cuatro millones de parados, hay muchos cantantes que están viendo seriamente comprometidos sus medios de vida, época donde los “socios capitalista” salvadores, estuvieran implicados en tramas de corrupción, donde los decorados se vinieran abajo como el ladrillo, o donde se lavaran los trapos sucios del tráfico de influencias. O haberla llevado a cualquier otro lugar. Además, insistir en el recuerdo de terribles sucesos ocurridos hace casi setenta años, está fuera de lugar, es irrelevante y sólo sirve para mantener abiertas heridas que debieran estar hace tiempos cerradas.
Por otra parte, resulta chocante presentar un ambiente de represión política, de abusos de autoridad, de persecución y de miseria, con el ropaje musical del alegre preludio de Agua, azucarillos y aguardiente, del “Brindis” de Marina, del picarón “Dúo de Lamparilla y Paloma” de El barberillo de Lavapiés, de la sentida “Canción del sembrador” de La rosa del azafrán, del apasionado “Canto de la juventud” de Doña Francisquita, de la simpática “Jota de los ratas” (aquí encomendada a tres émulos de los hermanos Marx) de La Gran Vía, del enamorado “Dúo de Joaquín y Ascensión” de La del manojo de rosas, el impresionante “Fandango” de Doña Francisquita, o de la vibrante y apasionada “Jota” de La Dolores. No, la zarzuela no es triste, sino alegre, bullanguera y con ganas de vivir.
Pero es que, además, nos parece haber advertido en el texto errores de dramaturgia, como el hecho de que continúe el ensayo (toda la obra es eso, el ensayo para levantar la obra que cerró el teatro), después de que el desagradable Comisario rompa en pedazos la correspondiente autorización: en una despótica y autoritaria dictadura, si no te dan permiso, no continúas.
Pero dejemos la idea y el desarrollo del espectáculo para comentar lo que nos ha parecido su interpretación. En términos generales podemos decir que no ha sido de las mejores noches que hemos pasado en la zarzuela, aunque hay que destacar la sobresaliente intervención de Esperanza Roy, con un gran dominio de las tablas. El uso de un micrófono hizo que su voz se escuchara siempre bien, a pesar de la movilidad escénica del personaje que representa. Excelente su interpretación de los ”cuplés babilónicos” de La corte de faraón, humillada por el Comisario dio a la oscilante música de Lleó un tinte de amargura y miedo muy adecuado a la situación en la que se canta.
Ana Ibarra, nos sorprendió en su intervención actoral; retrató con carácter y energía su personaje y cantó con el dramatismo que merece la romanza “Lágrimas mías” de El anillo y hierro, y estuvo correcta en las “Carceleras” de Las hijas del Zebedeo. Yolanda Marín, soprano lírica de no demasiado volumen, dio vida a un personaje sin demasiado relieve, pero cumplió con sus intervenciones canoras.
Manuel de Diego, nos pareció un tenor con muchas posibilidades, con potencia capaz de sobreponerse a la orquesta y el coro en el final del espectáculo, pero aún tiene que depurar su estilo de canto para darle más musicalidad y belleza. Carlos Bergasa muy bien, a pesar de que sufría una afección vocal, según se anunció. Bien Alex Vicens, dando vida al personaje de Juan. Nos gustaron mucho los actores Juan Carlos Talavera y Vicente Díez, en sus respectivos papeles de ayudante de dirección y regidor, dieron agilidad al espectáculo y viveza a sus intervenciones. El ballet no estuvo afortunado en la primera parte del “Fandango” de Doña Francisquita, un exceso de taconeos y palmadas impidió que se escuchara la maravillosa música.
El coro cantó muy por encima del volumen aconsejado, haciendo muy difícil el juego de matices y dinámicas. La orquesta, por su parte, excesivamente fuerte, tapando a los cantantes. Además Cristóbal Soler, desde el podio, llevó la música a una velocidad excesiva, comprometiendo los matices y ajustes indispensables entre foso y escena. Los pasodobles parecían carreras, la “Canción del sembrador” perdió su delicadeza para dar la impresión de un “destajo”, por el contrario la “Danza india”, de Benamor fue interpretada muy lentamente, pasando de ser una embrujadora música oriental a convertirse casi en una marcha fúnebre.
El programa de mano contiene importantes errores. Se anuncia música de Francisco Alonso y Manuel Nieto que no existen en el espectáculo; falta la cita de Antonio Álvarez Alonso, autor del famoso pasodoble Suspiros de España que se ofrece en las dos partes; falta, también, el nombre de Joaquín Valverde junto al de Chueca; se anuncia como nº 2 una Fantasía [instrumental] de La boda de Luis Alonso, la cual no se interpreta; se asigna a J. Serrano la autoría de Los gavilanes que es obra de Jacinto Guerrero, y se identifica el célebre dúo de La del manojo de rosas como de Ricardo y Ascensión, cuando el nombre del protagonista es Joaquín. Un cúmulo de errores así no es presentable por parte de nuestro primer teatro lírico que dispone de presupuesto, medios y personas suficientes como para que no se produzcan tales errores.
Si esta es la Antología que el Teatro de Jovellanos va a llevar de gira, mal servicio se hace con ella a la zarzuela porque no es esta antología un producto exportable, y no por la música que, a pesar de todo, continúa fresca como el primer día.
Escribir a José Prieto Marugán