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Ópera en Valencia

¿El Anillo del siglo XXI?

Fernando Morales

Walkirias

Palau de les Arts Reina Sofía. Valencia, mayo y junio de 2009. El Anillo de los Nibelungos. Música y libreto: Richard Wagner. Estreno: Munich, Königliches und Nationaltheater, 1869 (El oro del Rin), 1870 (La Walkiria); Bayreuth, Festpielhaus, 1876 (Siegfried y El ocaso de los dioses) . Wotan: Juha Uusitalo. Brünnhilde: Jennifer Wilson. Siegfried: Lance Ryan. Fricka: Anna Larsson. Freia: Sabina von Walther. Loge: John Daszak. Donner: Charles Taylor. Froh: Germán Villar. Fasolt, Hunding, Hagen: Matti Salminen. Fafner: Stephen Milling. Alberich: Franz Josef Kapellmann. Mime: Niklas Björling Rygert. Erda, Roβweise, primera norna: Daniela Denschlag. Woglinde: Silvia Vázquez. Wellgunde: Ann Katrin Naidu. Flosshilde, Siegrune: Marina Prudenskaya. Siegmund: Torsten Kerl. Sieglinde: Eva-Maria Westbroeck. Gerhilde: Bernardette Flaitz. Ortlinde: Elena Pankratova. Waltraute (Walkiria), Segunda norna: Pilar Vázquez. Schwertleite: María Luisa Corbacho. Helmwige, tercera norna: Eugenia Bethencourt. Grimgerde: Manuela Bress. Pájaro del bosque: Marina Zyatkova. Gunther: Markus Brück. Gutrune: Elisabete Matos. Waltraute (Ocaso): Catherine Wyn-Rogers. Palau de les Arts Reina Sofía. Director Musical: Zubin Mehta. Director de escena: Carlus Padrissa. Escenografía: Roland Olbeter. Videocreación: Franc Aleu. Vestuario multimedia: Chu Uroz. Iluminación: Peter van Praet. Orquestra de la Comunitat Valenciana. Cor de la Generalitat Valenciana. Director del coro: Francisco Perales.

¡Soy un provinciano!, lo admito y lo asumo. Quizá por ello me asombro y me admiro por la calidad y la espectacularidad de esta coproducción del Mayo Musical Florentino y el Festival del Mediterrani de Valencia de El anillo de los nibelungos. Posiblemente las grúas, los arneses, los artilugios mecánicos, la robótica, las proyecciones multimedia, la iluminación y todos los recursos que emplea La Fura dels Baus en sus espectáculos me dejen boquiabierto como si fuera un ignorante pueblerino recién llegado a la ciudad, pero... es que está bien hecho.

Es cierto, hay cosas un tanto discutibles: hacer cantar a Siegfied colgado boca abajo en el segundo acto de El ocaso, que el Pájaro del bosque cante en Siegfried balanceándose de un lado a otro del escenario suspendido a más de seis metros de altura, que Siegfried aparezca vestido de harapos medievalizantes y se encuentre en el reino de los guibichungos con chaqueta y corbata, que a partir de Siegfried las proyecciones multimedia no aporten nada especialmente significativo a lo ya visto anteriormente... ¿Será posible acertar al cien por cien en una empresa tan gigante a todos los niveles como montar un Anillo con tal cantidad de elementos originales e innovadores?

Estoy con Elisabete Matos: la ópera es un género que tiene que renovarse continuamente, porque desde el momento en que se cierre y se sacralice se habrá condenado, como los dioses, a perecer bajo las llamas purificadoras del olvido. La Fura dels Baus y en concreto Carlus Padrissa, el director de escena de esta producción, aportan muchas cosas interesantes a este anillo, lo actualizan, le dan nuevos enfoques, y sobre todo, intentan empaparse con la honda profundidad de las palabras wagnerianas, lo que no es poco.

Sigfrido

Que algunas de sus propuestas sean discutibles es, cuanto menos, de esperar. Y eso que la Fura parece haberse aburguesado un poco, pero también muchos de los planteamientos wagnerianos son discutibles -¡en menudo fangal me estoy metiendo!-. Será cuestión de sentarse y disfrutar... porque lo que se ofrecía era para eso: para disfrutar.

Vamos a hablar de música, porque no soy hombre de teatro, lo siento de veras. Se veía venir que el trabajo de Zubin Mehta con sus queridos chicos de la Orquestra de la Comunitat Valenciana iba a ser provechoso. Ya el pasado año disfrutamos con un Siegfried musicalmente portentoso, lo volvimos a vivir con un Ocaso ofrecido a últimos de mayo de sobresaliente y lo hemos corroborado con El oro del rin y La Walkiria, con sendas interpretaciones soberbias de los jóvenes de la orquesta, conducidos por un maestro que ha ejercido como tal: Zubin Mehta.

Si tuviera que elegir dos momentos cumbre de cuantos he tenido la fortuna de asistir en el coliseo calatravino, éstos serían los siguientes: aquél Don Giovanni maravilloso de cuando se les partió el escenario -¿no sería la maldición de Alberich?- con dirección magistral, insuperable y cuantos adjetivos le quieran añadir de Lorin Maazel y El oro del Rin dirigido por el maestro Mehta.

Ya se contó en su día que el prólogo de la tetralogía era, posiblemente, el más inspirado de cuantos se habían abordado en esta ambiciosa producción –faltaba El ocaso visto este año-, y era cierto: la dirección de Mehta, de nervio subyacente, de equilibrio alquimista, de control milimétrico de las dinámicas, de sabiduría discursiva, ha alcanzado en esta jornada prólogo sus más altos resultados. Ahora es cuando de verdad se merece un ¡bravo, maestro!

También los resultados alcanzados por La Fura han sido los más convincentes: los dioses permanentemente suspendidos en el aire con grúas, rodeados por un aura deificadora, el inframundo de los nibelungos, pero sobre todo, el soporte multimedia: el más inspirado de los mostrados en las cuatro óperas. Cierto que el mecanismo de los gigantes era un poco pesado e inmovilizante –la escena del asesinato de Fasolt por Fafner resulta un poco grotesca-, pero todo lo demás, sobresaliente –bueno,... la aparición de Erda alzándose sobre una especie de maderos de goma desmereció un poco toda la elaboración anterior.

También hubo momentos para el chascarrillo, como por ejemplo la rana en que se convierte Alberich en El oro del Rin, y que fue representado por un batracio metálico que daba saltitos o el velocípedo en que iba montado Loge, quien por cierto, iba equipado con una chaqueta de luces, o la manera en que Las hijas del Rin mojan a Alberich en la primera escena de El oro del Rin.

Y llegamos a las voces... ¡tela marinera!... ¿por dónde empiezo? Por Juha Uusitalo. Ya no vive Hans Hotter, ni George London,... pero cierto es que este bajo nórdico es un sensacional Wotan. Voz redonda, timbrada, solemne, y que maneja con sabiduría. Alcanzar las simas psicológicas del atormentado personaje en partes como el monólogo del segundo acto de La Walkiria, no parece posible con una producción de estas características, es decir, poco dada a la introspección con tanta proyección, luces, extras, personas colgando como si fueran jamones ibéricos,..., pero Uusitalo nos convence y nos sentimos plenamente satisfechos con sus resultados.

La otra gran triunfadora es una soprano dramática de fuste y, si ella puede y está bien asesorada, de un futuro enorme para ella y para los wagnerianos: Jennifer Wilson. Parecidas virtudes de las enumeradas para Uusitalo hay que ofrecerle a esta norteamericana que ha retratado con solemnidad, poderío, potencia, redondez y exquisitez el más que exigente papel de Brünnhilde.

Este año hemos tenido otro Siegfried, el eslavo Leonid Zakhozaev que tampoco lo hizo tan mal –para lo que se oye por ahí, era una cosa decente-, ha cedido su puesto al norteamericano Lance Ryan, aclamado por todos como mejor tenor heroico de aquél, pero que personalmente no veo tan por encima vocalmente. Es mejor, cierto, pero tampoco es Windgassen redivivo. En el segundo Ocaso, al que asistí, llegó algo justo de fiato al tercer acto... lástima por la escena que precede al asesinato del héroe. Ahí perdió enteros, quizá el día del estreno estuvo mejor.

Otras aportaciones sobresalientes han llegado de tres voces oscuras: la primera la del eterno, incombustible y magistral Matti Salminen, que encarnó con solvencia, suficiencia y musicalidad a raudales sus apariciones como Fasolt (Oro del Rin), Hunding (Walkiria) y Hagen (Ocaso). Sin duda, el lujo vocal más exquisito de esta tetralogía. Otra voz redonda y magnífica, la de Stephen Milling, quien ya nos deleitó con un soberbio Gurnemanz en el Parsifal de principio de temporada, y que encarnó a Fafner tanto en el prólogo como en el Neidhölle.

El anillo del Nibelungo

La tercera voz oscura sobresaliente fue la de Franz Josef Kapellmann, soberbio Alberich. Un poco por debajo estuvieron otras voces como la de Loge de John Daszak, de poca redondez, el Gunther de Markus Brück, así como el Donner de Charles Taylor y el Froh de Germán Villar. No fue un Mime excesivamente convincente el presentado para El oro del Rin por el sueco Niklas Björling Rygert.

Entre las voces de mujer, destacar la nobleza de Anna Larsson como Fricka, también la buena aportación de Sabine von Walther como Freia, así como la intachable aparición de la soprano portuguesa Elisabete Matos como Gutrune. Menos convincente la Waltraute de Catherine Wyn Rogers y la Erda de Daniela Denschlag, o el pájaro del bosque de Marina Zyatkova, aunque ésta bastante tuvo con no echar hasta la primera papilla con tanto meneo.

Los conjuntos femeninos, como suele suceder, funcionaron bastante bien, las hijas del rin, las walkirias y las nornas sonaron como un conjunto bien fusionado. Si me he dejado a alguien, que me disculpen. Por cierto, el coro... maravillosa su aportación a El ocaso, potente, brillante, sigue en perfecto estado el conjunto que dirige Francisco Perales.

Después de todo esto, ¿podríamos pensar que este es el Anillo del siglo XXI? Pues como todo, habrá quien piense que sí y quien piense que no, por mi parte, diría que hemos de ver más cosas, que ha estado muy bien, y que ha sido un placer ir saboreando cada título con tan importantes resultados, y eso, para Valencia, que veía por primera vez un Anillo escenificado completamente debería ser mucho más que mucho.

Fotografía cortesía Palau de les Arts Reina Sofía

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