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Crítica de discos
Tchaikovsky por Dudamel
Albert Ferrer Flamarich
Tchaikovsky: Sinfonía nº 5. Francesca da Rimini. Intérpretes: Simon Bolívar Youth Orchestra of Venezuela. Dir.: Gustavo Dudamel. Referencia: Deutsche Grammophon 00289 477 8022. DDD. 1CD. Duración: 73’45”.
Dudamel vuelve al panorama discográfico con otra Quinta. Esta vez la de Tchaikovsky. Hay que reconocer la eficiencia de un binomio que demuestra haber trabajado concienzudamente la sinfonía y el poema sinfónico Francesca da Rimini. Dudamel no opta por la vía de la opulencia y lo suntuoso como Karajan, pero comparte con éste un refinamiento que lo acerca a esas lecturas de romanticismo convencional, no por lo mediocre sino por lo estándar en lo genérico del discurso. Los tiempos son movidos, nunca precipitados y tiende a quitar peso a la música. Quizás por ello, de la orquesta luzcan las cuerdas y las maderas pero no los metales, a los que les falta robustez, riqueza y amplitud en el sonido. Aspecto que no evita las distinciones en las individualidades como se puede comprobar en el bien ejecutado solo de trompa del segundo movimiento de la sinfonía.
Partamos de esta Quinta de Tchaikovsky para abrir la brecha que parte de la crítica especializada ha señalado en los anteriores trabajos. La ejecución es entregada y de calidad pero carente de la cualidad de una gran formación sinfónica. Dudamel se empeña a fondo aunque su fondo no revele grandes sorpresas y su manejo de la turbulencia de sentimientos sea correcta. No tiene ninguna necesidad de demostrar un carácter explosivo ni impetuoso. Por ejemplo, en el vals, enfocado más hacia lo sinfónico que lo danzable, no logran suficiente eficacia perlocutiva las alternancias de secciones en el desarrollo de este movimiento. Esto supone una caída de la tensión, de la fluidez discursiva y evidencia la necesidad de mayor ingenuidad y encanterio en este movimiento.
Por otro lado, Dudamel sabe dejar su tiempo a las frases homofónicas e intervenciones individuales para que den forma al fraseo, si bien a los momentos de mayor introspección les falta un elán más trascendente, algo catártico en lo sentimental. En ello, es cierto, llama la atención el cuidado de las dinámicas y del color de algunas frases e instrumentos pero, en conjunto, no consigue transmitir toda complejidad e intensidad emocional al modo de muchos grandes (Bernstein, Markevitch, Mravinsky y un considerable etcétera). Y Dudamel, así lo ha declarado él mismo, quiere equiparase a ellos. Este repertorio requiere mayor calidez, contundencia y expansividad.
Por su parte, Francesca da Rimini es enfocada por la vía de los contrastes aunque éstos son matizados y nada aparatosos. En lo loable puede decirse que construye el poema sinfónico con soberbio encanto melódico y un lirismo que mezcla lo efusivo con lo trágico, acercándose, en algunos pasajes a ciertos ambientes de irrealidad de La bella durmiente. Merece mención la aspereza de sonido que logra la sección de cuerda, así como la cantilena del clarinete con el tema amoroso y cómo lo exponen la cuerda y el timbal a modo de pedal (corte 5, de 8’45” a 10’49”). En lo menos convincente se encuentra la falta de un mayor expresionismo, de tensión armónica y de la riqueza de una escritura que prefigura el primer movimiento de la Cuarta sinfonía y bastante de la Sexta. Es una versión levemente edulcorada aunque superior a la descafeinada y flácida de Pletnev (DG). De hecho, Dudamel parece obtener unos resultados más exigibles a una lectura de Romeo y Julieta puesto que no mira al wagnerianismo ni a la modernidad de la obra. Se queda algo corto de esa “terribilitá” de Simonov, Markevitch o Bernstein en lo acongojante y brutal de este descenso a los infiernos. Lo demuestran los acordes a contratiempos del tutti y la coda al a que le falta algo de febrilidad, a pesar de lo logradas que están las frases cromáticas de las cuerdas y maderas y toda la cadencia orquestal. En resumen, falta el peso de la tragedia en ambas obras lo que, aún con reservas, no evita recomendar el disco para seguir la evolución de un proyecto hiperpromocionado y de una batuta que tiene cualidades musicales.
Escribir a Albert Ferrer Flamarich