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Entrevista a Luis Fernando Pérez
“Las sonatas de Soler guardan las mejores esencias del Barroco español”
Carlos de Matesanz
El padre Antonio Soler es el protagonista del segundo disco en solitario del pianista madrileño Luis Fernando Pérez, recientemente presentado en el sello francés Mirare. La calidad técnica y la profundidad expresiva de este joven pianista (Pozuelo de Alarcón, 1977) han propiciado su despegue profesional en las últimas temporadas. Tras una grabación de “Iberia” (Verso) unánimemente alabada por la crítica especializada, se enfrenta ahora a otro de los pesos pesados del repertorio español, en un complicado viaje atrás en el tiempo, sobre el que conversamos en una agradable velada estival.
OpusMúsica: ¿Por qué un disco con sonatas del padre Soler?
Luis Fernando Pérez: Después de “Iberia”, yo quería ir hacia lo que podrían ser los inicios de la idiosincrasia propia de la música española, allí donde pueden hallarse algunos de los primeros rasgos de músicas y danzas folclóricas incorporadas al mundo del teclado. Y ¿qué figura hay, en el siglo XVIII español, más importante que el padre Soler?
OM: También podría haber sido Scarlatti…
LFP: Sí, pero Soler es un compositor nacido en España y no es ni tan conocido, ni tan grabado, ni siquiera tan interpretado en concierto; pensé que era importante rendirle honores a este gran creador. Su música es genial.
OM: ¿Cómo se desarrolló materialmente la grabación del disco?
LFP: Con un considerable trabajo musicológico previo, porque, una vez que yo había escogido las sonatas que más me gustaban, mientras las estudiaba, descubrí que en la edición del padre Rubio había errores: una serie de escalas y determinadas notas que a mí me sonaban mal y que no me convencían y, al igual que hice con “Iberia”, no me quedé tranquilo hasta que consulté los manuscritos y el resto de fuentes.
OM: Pero consultar el manuscrito de “Iberia”, localizado y editado en facsímil, no es lo mismo que andar a la busca y captura de los originales de Soler, que a saber dónde andarán.
LFP: Es un caos absoluto: los manuscritos están muy desperdigados y, en algunos casos, he tenido que realizar búsquedas casi detectivescas. Además, de la mayoría de las sonatas no se conservan los manuscritos originales sino copias de copistas de la época (en las que ya se detectan muchos errores) o primeras ediciones, como es el caso de las 27 sonatas que el padre Soler le dio al conde Fitzwilliam, durante su visita al monasterio de San Lorenzo de El Escorial, para que se las editara en Londres. La propia catalogación del padre Rubio es antigua, imprecisa e incompleta después de las recientes apariciones de algunas sonatas nuevas, tanto obras que se daban por perdidas como otras que se desconocían. En fin, que tuve que poner en orden muchas cosas antes de lanzarme a grabar. En esta labor musicológica, he contado con la colaboración del profesor Enrique Igoa, gran estudioso de la obra para tecla de Soler y descubridor de varias de sus sonatas, una de las cuales aparece incluida en el disco.
OM: Por lo tanto, es una primera grabación mundial.
LFP: Efectivamente; esta sonata, que se daba por desaparecida, se graba por primera vez. Todo cambió para mí cuando pude estudiar los manuscritos y primeras ediciones; ahí constaté que lo más probable es que las sonatas no sean obras independientes, como se han interpretado habitualmente, sino que fueran compuestas para ser tocadas de dos en dos, unidas por la tonalidad, en parejas que vendrían a ser como una sonata en dos movimientos (algo que, por otra parte, ya había hecho Bob van Asperen hace años). Así que la selección que tenía hecha en un primer momento tuve que modificarla ya que había que unir cada sonata inicialmente prevista con su “esposa” y no todas tenían una esposa “guapa” para la grabación. Así, tuve que rehacer por completo el programa del disco.
OM: Disco que fue registrado y editado por el equipo del sello Verso, con quien ya habías grabado “Iberia”, pero que finalmente ha sido publicado por la casa francesa Mirare. ¿A qué ha sido debido este cambio?
LFP: A la tardanza en encontrar un patrocinio y una difusión adecuada. El anterior disco, el de “Iberia”, fue totalmente costeado por mí; para éste había que encontrar un patrocinador, pero, antes de que esto se lograse, el productor René Martin se interesó por la grabación y se ofreció a lanzarla; por eso sale en Mirare, el sello que él dirige, y que está distribuido por Harmonia Mundi, garantía también de una buena distribución.
OM: Orillando ya todos estos asuntos adyacentes y yendo a lo que realmente importa, que es la música ¿cómo se enfrenta Luis Fernando Pérez a las sonatas del padre Soler?
LFP: Por mi educación, conozco las características interpretativas del barroco: el estilo, las notas de adorno… Pero, dejando al margen cuestiones formales, lo que yo siempre hago es intentar penetrar en la parte psicológica del autor: cómo era él personalmente. Creo que la música siempre tiene que ver con cómo era la persona y sus vivencias.
OM: ¿Y cómo se nos presenta Soler a través de sus sonatas?
LFP: Del padre Soler se sabe que era muy cumplidor con las obligaciones monacales de El Escorial, pero creo que era mucho más que el cura beato-compositor que nos han querido pintar. Era un hombre tremendamente activo que, además, tuvo dos relaciones personales que debieron de influirle especialmente. Una, fue con el Infante don Gabriel, hijo de Carlos III, alumno suyo y un excelente intérprete de tecla, antiguo alumno de Blasco de Nebra, y que vivía un tanto alejado de la Corte pasando la mayoría del tiempo en la Casita de Arriba de El Escorial. Asimismo, hay constancia de otro joven alumno, enviado por el Duque de Medina Sidonia, que fue importante en su vida. Y yo estoy convencido de que gran parte de las sonatas fueron compuestas con la ilusión de compartirlas con estos amigos, con los que, muy probablemente, pasara muchas veladas tocándolas.
OM: La imagen del padre Soler es, según quiere el tópico, la de un hombre totalmente aislado, componiendo en la celda de un convento.
LFP: Quizá haya una idea equivocada de la vida en los monasterios. Los monasterios, además de centros de religiosidad, han sido siempre centros de cultura y, por tanto, de comunicación y de intercambio de ideas. Además, El Escorial es monasterio Real. Se sabe que la vida en El Escorial no era precisamente tranquila; constantes visitas de la Familia Real, de músicos que acababan de llegar de Europa, donde habían conocido las últimas tendencias… Otra cuestión es que estas actividades pudieran causar alguna tensión con la jerarquía. Soler era un buen fraile, pero no sólo eso; y no fue ajeno a esas tensiones, como documenta José Sierra en su estudio “Vida y crisis del Padre Antonio Soler”, donde constata que fue amenazado de muerte, lo que le obligó a pedir el traslado a otro monasterio, aunque se lo denegaran. Nunca se ha sabido con certeza por qué fueron hechas tales amenazas. Detalles como éste, nos rescatan a un padre Soler humano más allá de lo religioso: un ser lleno de vida que se refleja en su música.
OM: ¿Qué es lo que más le gusta a Luis Fernando Pérez de las sonatas del padre Soler?
LFP: Precisamente esto, que están llenas de vida; es una música con una considerable presencia del folclore español, de las danzas de la tierra. Las sonatas son muy refinadas, al estilo de Scarlatti –que fue su maestro–, pero mucho más evolucionadas, bitemáticas y, además, y a mí esto me parece fundamental, con un peso y una presencia mayores. Realmente, es un Barroco distinto el de Soler al de Scarlatti: un Barroco español. Quizá podríamos decir que las sonatas de Soler guardan las mejores esencias del Barroco español.
OM: ¿Se acerca Soler al Clasicismo?
LFP: Creo que es un barroco tardío, avanzado y muy investigador (tiene algunas sonatas en cuatro movimientos, poco conocidas), pero no un clasicista. Blasco de Nebra, por ejemplo, se acercaría mucho más al Clasicismo y, en algunas de sus obras, puede sonar a pre-Mozart o incluso a Mozart. Soler, no; su obra para tecla es más amplia y de más peso, aunque no hace al caso compararlos para ver cuál es mejor.
OM: ¿Y cómo se traduce la música del Barroco español en un piano de cola moderno?
LFP: Yo tomo en consideración siempre todos los recursos que puedan tener los instrumentos antiguos y qué sonoridades producen, cómo funcionan las sonatas de Soler en un clavicémbalo, por ejemplo. Partiendo de esa base, lo que no quiero es privar a las sonatas de ningún ápice de color extra que pueda dárseles con un instrumento moderno. Yo procuro atenerme a las leyes del Barroco y mantener la manera de interpretar este estilo lo más pulcra posible, aprovechándome, al mismo tiempo de todo lo que me ofrece el piano moderno.
OM: Albéniz, Soler… ¿quiere presentársenos Luis Fernando Pérez, a través de sus grabaciones, como “especialista en música española”?
LFP: No quiero encasillarme sólo en el repertorio español, pero sí que pienso dar mucha guerra con él; creo que es responsabilidad de los pianistas españoles, sobre todo de la joven generación, defender nuestra música: investigarla e interpretarla. Yo, desde luego, volveré a grabar música española, aunque no sea mi único campo de acción.
OM: ¿Y qué compositores es por los que sientes, como intérprete, especial predilección?
LFP: Mozart, Rachmaninov, Scriabin, Chopin, Brahms y, en general, todas las grandes figuras que nos encontramos entre el Clasicismo y el Romanticismo tardío; además, por supuesto, los grandes nombres de la música española: Granados, Falla, Mompou, Montsalvatge, Albéniz…
OM: A propósito de Albéniz, hay que volver a referirse a “Iberia”; porque todo ese trabajo de investigación musicológica previo que has realizado al grabar las sonatas de Soler, también tuviste que realizarlo con la Suite de Albéniz y, dejando al margen la espléndida grabación, ese trabajo fructifica ahora de un modo muy especial y generoso.
LFP: Sí: es el encargo de la Fundación Albéniz de realizar, con motivo del centenario del fallecimiento del compositor, una nueva edición revisada y lo más fiel posible al manuscrito de “Iberia” en la que, además, sin perder el texto original de vista, se trata de dar soluciones técnicas para su interpretación. Al texto original se le añaden, de modo perfectamente diferenciado, todas las digitaciones e indicaciones técnicas de carácter práctico; cosa que creo útil e interesante en una obra tan compleja. Todo por primera vez junto y, además, de libre disposición, para quien quiera consultarla y estudiarla, en la página web de la Fundación Albéniz, con posibilidad de descarga gratuita.
OM: Bien puede Luis Fernando Pérez ofrecer una edición de este tipo pues, en los últimos años, ha venido frecuentando en concierto “Iberia” hasta convertirse en uno de sus máximos intérpretes, siendo de los pocos que la ofrecen íntegra y en su orden ¿Ha cambiado, con respecto a la grabación de Verso, su visión de la obra?
LFP: Sí, ha cambiado y ha madurado. Es una obra tan compleja que cuanto más la tocas más cosas vas descubriendo en ella.
OM: Habiendo tocado “Iberia” en numerosos puntos de nuestro país y fuera de él, ¿cómo acoge el público una obra tan densa como ésta?
LFP: A pesar de su longitud, de estar compuesta con un lenguaje exigente y homogéneo, gusta mucho; la gente agradece la oportunidad de poder escucharla completa y, además, gratifica el esfuerzo. Hace poco, en Alemania, en Dortmund concretamente, en una charla con el público después del concierto, todo el mundo me preguntaba sobre la dificultad de esta obra.
OM: ¿Y hay diferencia en la apreciación de “Iberia” entre el público digamos nórdico –el alemán, por ejemplo– y el mediterráneo –España, o Chipre, donde también la has tocado hace unos meses?
LFP: No: hay diferencia entre público inculto y público culto. Cuanto más culto es el público más dispuesto está a embarcarse en la aventura de escuchar una “Iberia” completa y en su orden, y mejor aprecia el esfuerzo que se hace para ello.
OM: Precisamente ese esfuerzo, realmente titánico, es el que hace que muchos intérpretes acaben orillando la obra e interpretando sólo unos pocos fragmentos sueltos. ¿Va a seguir Luis Fernando “dejándose los dedos” tocando la “Iberia” completa?
LFP: Sí, pero no sólo. Lo malo que tiene esta obra es que, mientras la estás tocando, cuesta mucho trabajo cambiar de programa y alternarla con otras cosas. Pero vamos, ojalá pueda seguir tocando “Iberia” hasta que me muera…
OM: ¿Y hay muchas “Iberias” programadas para este verano?
LFP: Sí. Por ejemplo, en los Festivales de Santander y Segovia, también una selección en la Quincena Musical Donostiarra, y un concierto en el lugar más maravilloso que uno se pueda imaginar tocar la “Iberia” completa, en el Patio de los Arrayanes de La Alhambra, dentro del Festival de Granada.
OM: ¿Y fuera de España?
LFP: Tocaré gran parte de “Iberia” en las celebraciones del bicentenario de Haydn en el Palacio de Fertöd, en Hungría, y también en el Festival Richter de Tours, en Francia. También habrá piezas de “Iberia” en un programa de música española que daré en el prestigioso Festival de piano de la Roque d’Anthéron, junto a otro concierto dedicado a la música de Bach y Soler.
OM: ¿Y para la temporada que viene?
LFP: En octubre, “Iberia” en el Auditorio de Zaragoza y en La Coruña, más una selección en el Auditorio Nacional. En noviembre, habrá cuatro conciertos muy interesantes dedicados a la figura de Albéniz y su entorno en el Centro Cultural Conde Duque de Madrid: uno Albéniz-Granados, otro Albéniz-Falla, un tercero con Albéniz y la música francesa y, el último, Albéniz-Chapí. Y más Albéniz, con la Orquesta de la Comunidad de Madrid: tocaré el Concierto Fantástico, allá por abril del año que viene, bajo la dirección del maestro José Ramón Encinar.
OM: Y ya que esta entrevista ha sido originada por una novedad discográfica, no podemos terminarla sin hablar de proyectos en este campo.
LFP: Pues hay varias cosas en marcha, todas con el sello Mirare, con el que acabo de establecer una relación muy estrecha y a largo plazo. La más inmediata es, precisamente, un disco Chopin, a propósito del centenario del año que viene, pero también me gustaría grabar un álbum dedicado a Granados. Hay muchos proyectos a la vista y espero que podamos reunirnos de nuevo, pronto, cuando ya sean realidad, para seguir hablando de ellos.