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Crítica de libros

Franz Liszt: Cartas de un artista

Joaquim Zueras Navarro

Franz Liszt: Cartas de un artista. Edición, traducción y prólogo de Victoria Llort Llopart. 267 páginas. Abril del 2009. Editorial Tizona. ISBN: 978-84-934268-6-6.

Franz Liszt: Cartas de un artista

Quien repare en la vida y obra de Franz Liszt (1811-1886), probablemente acabe preguntándose cuánto tiempo destinaba al sueño: pianista brillante, compositor prolífico, director de orquesta, profesor, organizador de festivales, consejero real de Hungría, con una compleja vida afectiva, religiosa, social... Infatigable en sus múltiples actividades, no sería completa esta relación si pasáramos por alto sus escritos, en los que además de elaborar una crítica certera sobre la situación de los artistas y las instituciones de su tiempo, da buena cuenta de sus viajes por Europa, todo sazonado con anécdotas divertidas, reflexiones sobre el arte y detalles pintorescos.

Con 23 años, Liszt escribe una serie de artículos titulados De la situación de los artistas y de su condición en la sociedad, que fueron publicados en la Gazette musicale en 1835. El primero es una introducción que trata de la capacidad espiritual y redentora del arte y en la misión del artista como medio para elevar y unir la condición humana; visión opuesta a la idea del arte como mercancía y del artista como bufón. En el segundo incide en la idea de trascendencia de la música, del creador y del ejecutante. Se lamenta en el tercero del carácter

de “subalternidad” en el que ha caído la actividad musical, cuya causa y efecto es la falta de fe y el egoísmo mezquino y mercantil de un buen número de músicos. Este artículo causó cierta conmoción, por lo que en el cuarto responde a las objeciones que se le hicieron al tercero con agudos razonamientos, recordando el ninguneo que las instituciones musicales francesas dispensaban a Berlioz. En el quinto deplora la rutina y la falta de ilusión que se observa en el Conservatorio de París; la deficiente formación de los profesores de música y de quienes ejercen la crítica; los teatros líricos que no arriesgan en programar obras poco conocidas, que mutilan obras maestras, que no dan a conocer la música de compositores jóvenes competentes; la escasez de medios de las sociedades filarmónicas; la mala calidad en la ejecución de muchos conciertos; el operismo en la música sacra y los recortes ordenados por Louis-Philippe a las capillas musicales. En el último artículo resume lo anteriormente dicho, precisa algunos comentarios con nuevos ejemplos y apunta posibles soluciones.

Entre 1835 y 1841, durante su romance con Marie d´Agoult, aparecen publicadas con regularidad las Cartas de un bachiller en música. En las dos primeras “Carta de un viajero al Sr. George Sand” y “A un poeta viajero. Al Sr. George Sand” narra su estancia en Suiza y tras su viaje a Italia, reflexiona desde París  sobre el arte, incluida una dura crítica a las composiciones de Thalberg. La tercera está dirigida a Adolphe Pictet de Rochemont, filólogo que acompañó a liszt, Marie d´Agoult y George Sand durante su viaje por los Alpes. En ella hace un panegírico del piano como instrumento, mientras se emplea en la transcripción de las sinfonías de Beethoven y de Berlioz con entusiasmo. En la cuarta, destinada a Louis Ronchaud (más tarde director del Loubre), tras ensalzar la poesía de Lamartine, describe sus impresiones fruto de una excursión a la Grande-Chartreuse, más un viaje a Milán, en donde conoce al editor  Ricordi y visita  la Scala. La quinta, también dedicada a Louis Ronchaud, es el resultado de la contemplación del lago Como y sus alrededores. En la sexta, sin destinatario, vuelve al teatro la Scala con perspicaces comentarios acerca de las singularidades de su público. La séptima, al filósofo y amigo Heine, tiene un contenido un tanto críptico, acorde con la brumosa atmósfera veneciana que rodea al compositor. En la octava explica al músico belga Lambert Massart las numerosas dificultades con las que tropezará cualquier concertista que realice una gira por el norte de Italia y de cómo él las hizo frente. La novena, sin destinatario, se sitúa en Florencia, tras la contemplación del Perseo de Benvenuto Cellini. Liszt establece algunos paralelismos entre el personaje mitológico, Cellini  y Berlioz: vocación, oposición paterna, incomprensión, etc. En la carta décima corresponde a una petición del director de la Gazette Musicale para que haga una reseña detallada de todo lo que se hace en Italia sobre música que sea de interés. En la undécima, destinada al abogado y crítico musical Joseph d´Ortigue, centra su atención en el cuadro Santa Cecilia de Rafael. En la duodécima desde San Rossore responde  a una carta de Berlioz, manifestándole su aprecio por varios pintores y compositores, así como sus planes para sufragar un monumento a Beethoven dada la escasez de lo obtenido por suscripción. En la decimotercera cuenta sus impresiones acerca de un concierto interpretado por Chopin en la sala Pleyel. La decimocuarta –recuerdos de viaje por Alemania y Dinamarca- está dirigida al musicólogo Leon Kreutzer, sobrino del violinista a quien Beethoven dedicó la famosa Sonata op. 47.

El libro “Cartas de un artista” concluye con el artículo Algunos consejos a los artistas, publicado el 1 de julio de 1849 en La Musique. La Cronología de la vida de Franz Liszt como anexo es muy oportuna por lo que tiene de útil.

Victoria Llopart, la traductora, escribe en el prólogo: “Ninguna antología de los escritos de Liszt ha sido publicada hasta el momento en castellano. Esta es la laguna que quiere llenar el presente libro, que ofrece por primera vez en nuestra lengua una selección del conjunto de los artículos que Liszt escribió en francés con el propósito de dar al lector una idea bastante completa aunque no exhaustiva de los escritos del músico”. Una feliz iniciativa que nos sumerge en el Liszt más poliédrico.

Escribir a Joaquim Zueras Navarro