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Crítica de discos
Vibraciones de un clarinete canario-escocés
Carlos de Matesanz
“Vibraciones del alma”; obras para clarinete y piano de M. Yuste, H. Rabaud, A. Romero, J. McCabe, Ch.M. Vidor y C.M. von Weber. Maximiliano Martín (clarinete) y Scott Mitchell (piano). Linn, CKD 331. Distribuido por LR Music.
El cursilísimo título de este disco, el cuarto ya del magnífico clarinetista canario Maximiliano Martín, se debe a la pieza de Miguel Yuste (1870-1947) con que se abre el álbum; álbum en el que también se incluye el Primer solo de concierto de Antonio Romero (1815-1885). Estas dos piezas, clásicas de repertorio español para clarinete, nos posibilitan una comparación entre Martín y otro clarinetista español afincado, como él, en la Gran Bretaña: Joan Enric Lluna, que las tiene grabadas ambas en Harmonia Mundi. Y aun siendo la ventaja para Lluna, por la mayor redondez del sonido en sus graves y la gran hondura interpretativa (aquí, la veteranía sí es un grado), hay que saludar al joven Maximiliano como otro “grande de España” del clarinete, con el que Lluna habrá de compartir el trono.
Martín, que lleva más de siete años perteneciendo a la prestigiosa Orquesta de Cámara Escocesa y que es profesor en la Real Academia de Música Escocesa, ha grabado para el sello habitual de su orquesta (Lynn Records) un auténtico paseo histórico que le lleva desde el clarinete clásico español hasta la creación contemporánea –Tres piezas, Op. 26 de John McCabe (n. 1939), en las que luce lo mejor de su brillante registro agudo–, pasando por dos piezas francesas de interés creciente –el Solo de Concurso, Op. 10 de Henri Rabaud (1873-1949) y la excelente Introducción y Rondó, Op. 72 de Charles-Marie Widor (1844-1937) –, para concluir con la pieza de más enjundia del disco: el Gran Dúo Concertante Op. 48 de Carl Maria von Weber (1786-1826).
A lo largo de este amplio repertorio, apreciamos un sonido menos rico que el de Lluna, menos opulento en la zona baja, al menos en disco; pero es igualmente innegable la precisión en el ataque y el virtuosismo desplegado en obras tan exigentes como la última de las mencionadas, o el nivel expresivo alcanzado en la pieza de Widor, de la que hace una auténtica creación. Además, el acompañamiento del veterano pianista Scott Mitchell –compañero de docencia de Martín en la Real Academia Escocesa– es refinado y totalmente en su punto, un poco demasiado discreto a veces, y se ve que ha compartido escenario con el clarinetista en múltiples conciertos, pues la conjunción es perfecta. A todo lo dicho, unamos un inmejorable sonido y una muy buena presentación (con textos en inglés ¡¡¡y en español!!!) y ya tenemos un disco que se recomienda por sí mismo. Lo malo es que, al no ser todas las piezas de gran voltaje musical, acabamos con la impresión de que algo del evidente talento de Maximiliano Martín no queda totalmente aprovechado; ojalá podamos disfrutarlo pronto, más y mejor, en nuevos discos con más y mejores obras, que con el sol de Canarias en la sangre y las brumas de Escocia alrededor, este clarinete aún ha de darnos muchas alegrías p’a la oreja.