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Festival Mozart de A Coruña
Mitridate Re di Ponto
Eugenia Fernández Tejón
Mitridate Re di Ponto. Wolfgang Amadeus Mozart. Intérpretes: Bruce Ford (tenor, Mitrídate), Gregory Kunde (tenor, Mitrídate), Aleksandra Kurzak (soprano, Aspasia), María José Siri (soprano, Sifare), Elena Belfiore (mezzosoprano, Farnace), Gemma Bertagnolli (soprano, Ismene), Ricardo Mirabelli (tenor, Marzio), Yolanda Montoussé (soprano, Arbate). Orquesta Sinfónica de Galicia. Dirección musical: Gabriele Ferro. Dirección de escena: Graham Vick. Escenografía y vestuario: Paul Brown. Iluminación: Nick Chelton. Coreografía: Ron Howell. Palacio de la Ópera. A Coruña. 21, 23 de mayo de 2009.
Del 21 de Mayo al 28 de Junio tuvo lugar la cita anual del festival Mozart de A Coruña. En su programación destacó el homenaje a dos personalidades de la música y la escena contemporáneas: el compositor húngaro György Kurtág y el director de escena Graham Vick. Este último trajo a escena tres de sus montajes emblemáticos. Dos de ellos, Mitridate y Werther, estrenados con anterioridad y Zaide, ópera juvenil e inconclusa de Mozart, reinterpretada a partir de un texto del escritor Italo Calvino.
Responsable de la reapertura del nuevo Covent Garden en 1999 y fundador de la Birmingham Opera Company, Graham Vick lleva más de treinta años en el mundo de la ópera. Su estilo, depurado y directo es el que caracterizó su particular visión de Mitridate Re di Ponto. A pesar de que la magnitud del Palacio de Ópera pueda hacer difícil que las emociones puedan traspasar desde el escenario, el público acogió con calor una escenografía impactante con el color como referencia estética y simbólica (cada personaje se identifica siempre con el mismo color durante toda la representación). Vestuario y maquillaje sintetizan la intención teatral que recuerda a una época más cercana al XVII que al XVIII, destacando los abultados miriñaques barrocos de los trajes. A modo de hipertróficas meninas, los personajes gestualizan la expresión como mimos o clowns dramáticos dentro de sus roles bien definidos. Ron Howell puso el complemento perfecto a este montaje con sus coreografías, convirtiendo una obra de por sí estática y de acción lenta en un espectáculo continuo y equilibrado.
Esta ópera en tres actos está basada en la tragedia de Jean Racine, autor de otras obras que acabaron siendo también libretos como Ifigenia en Aulide de Gluck o Ermione de Rossini. Se trata de un texto grandilocuente según la tradición clásica de la ópera seria de argumento elevado, cuya temática se debate entre intrigas familiares, luchas fraticidas, disputas amorosas y la ambición, la política y el poder como cuestiones esenciales de la trama. Resulta irónico recordar que este fue el material en el que debía inspirarse el Mozart adolescente, que con tan sólo catorce años hacía su primer viaje a Italia en su fase de formación férreamente dirigida por su padre. Sin embargo, muchas de sus arias y recitativos acompañados ya contienen un alto nivel de exigencia vocal, que en este caso fue resuelto de manera brillante por la mayor parte de los intérpretes.
La joven voz de coloratura de la soprano Alexandra Kurzak tuvo momentos destacables, como por ejemplo en la cavatina del tercer acto en la que Aspasia se prepara para beber el veneno preparado por Mitrídate. La música se vuelve aquí más fluida, melódica e intensa incrementando sus posibilidades expresivas.
Por indisposición del tenor Bruce Ford, que sólo pudo intervenir en los recitativos, se recurrió a la apresurada presencia de Gregory Kunde, que desde un extremo del escenario se hizo cargo de las arias. A pesar de lo insólito de la situación, los dos tenores que compartieron el papel de Mitrídate pudieron resolver dignamente una situación difícil a la vez que compleja técnicamente por la extensión extrema de la texitura de este personaje. Únicamente achacar a Kunde la falta de adaptación al estilo en una interpretación más romántica que clasicista.
María José Siri y Elena Belfiore como los dos hijos de Mitrídate, la soprano asturiana Yolanda Montoussé como Arbate y el tenor Ricardo Mirabelli como el tribuno romano Marzio, completan el joven reparto muy aplaudido por el público, que reconoció su considerable responsabilidad vocal, esfuerzo dramático y dedicación.
Por último destacar el placer de ver dirigir al maestro Gabriele Ferro, todo él experiencia y emoción, ante una orquesta excelente con un sonido historicista fiel a los preceptos mozartianos.
Escribir a Eugenia Fernández Tejón