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Disco del mes
Diego Pisador: el empeño no fue en vano
Carlos de Matesanz
“Gentil caballero”: Extractos del libro de vihuela de 1552 de Diego Pisador. Juan Carlos de Mulder (vihuela), Olalla Alemán (soprano), Consort de violas de gamba de la Universidad de Salamanca. Verso, VRS 2071. Distribuye: Diverdi.
El Libro de música de vihuela (Salamanca, 1552) del impresor y, como el que no quiere la cosa, compositor Diego Pisador es una de los más monumentales legados de la historia de la música de nuestro país. A pesar de la incomprensión de sus familiares, Pisador estuvo embarcado durante quince años enteros y verdaderos, en la confección de esta obra, editada en siete volúmenes y dedicada al príncipe don Felipe, futuro Felipe II. El centenar largo de obras que contiene incluye piezas propias y transcripciones de obras ajenas, entre ellas ocho misas enteras y verdaderas de Desprez; obras para vihuela (una tercera parte) o canto y vihuela (el resto) entre las que hay, ciertamente, mucha tela que cortar.
Con un breve retazo de esa tela –18 de las 186 piezas que el Libro contiene–, se confecciona el presente y exquisito disco: probablemente el primer álbum dedicado íntegramente a Diego Pisador, y ya era hora. Se añaden, además, obras procedentes de otras fuentes y otros autores, hasta completar 21 cortes de música maravillosa, interpretada por la vihuela del veterano y sabio limeño Juan Carlos de Mulder, por la voz sobria y expresiva –un punto dura a veces– de la soprano Olalla Alemán, que no es alemana sino murciana, y el Consort de violas de gamba de la Universidad de Salamanca, unidos en diversas combinaciones: vihuela sola, voz y vihuela, violas, voz y violas, o todos a una. La interpretación es exquisita e intensa: nada de folclorismos, nada de cortesanías vacuas; todo medido y en su punto, cada acento en su lugar… y a dejar que la música hable por sí misma, que tiene mucho que decir.
El disco, beneficiado por la presentación cuidada y muy documentada habitual en el sello Verso y con inmejorable toma de sonido, fue grabado en la Hospedería de Fonseca de Salamanca; es decir: muy cerca de la Calle de Doctrinos, donde Pisador tuvo su taller y donde, literalmente, nació su Libro de música de vihuela. Libro que, según dicen los que saben, costóle a Pisador no sólo tres lustros de su no muy larga vida (47 años), sino gran cantidad de dineros –hubo de vender su casa cuatro años antes de morir– y, sobre todo, la enemistad de su hermano menor –que él mismo había criado y que acabó disputándole la herencia de su madre– y de su mismo padre, que quería que dejase la quimera aquella del Libro, se casase y sentase la cabeza. Murió Pisador sin haberse casado, sin haber sentado la cabeza y sin haberse reconciliado con su padre… pero no sin haber concluido e impreso su magna obra (por cierto, con los mismos tipos con que se imprimió la Silva de Sirenas de Enríquez de Valderrábano). Mucho le costó su tozudez ¡pero él llevaba razón! Más allá del juicio de la Historia, que le asegura un rincón en la memoria eterna, es la belleza siempre sobria, nostálgica y recatada que emana su música, la que le da la razón. Este disco, finalmente, nos permite disfrutarla en estado casi puro.