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Crítica de discos

La expresividad de Sarasate

José Prieto Marugán

Pablo Sarasate en su centenario. Obras para violín y piano. Manuel Guillén, violín. María Jesús García, piano. SEdeM – 19. Duración total: 61’14”.

Pablo Sarasate en su centenario

Grabado en la Sala de Cámara del Auditorio de Tenerife, en junio de 2008, con motivo del I centenario de la muerte de Pablo Sarasate (1844-1908), reúne el presente CD una docena de obras, algunas de las cuales son de las más populares de cuantas escribiera el gran músico navarro, quizá el más grande violinista de su tiempo.

Entre las obras grabadas figuran dos danzas del Op. 21 (Malagueña, Habanera), otras dos del Op. 22 (Romanza andaluza, Jota navarra), dos, también, del Op. 26 (Vito, Habanera), una del Op. 23 (Playera), Miramar, Op. 42, Sommeil, Op. 11 y las muy conocidas Adiós montañas mías, Op. 37, Jota aragonesa, Op. 27 e Introducción y tarantela, Op. 43.  En ellas encontramos los elementos básicos de la música de este compositor, encuadrables en eso que solemos llamar “música de salón”, a pesar de que en este caso su interpretación no esté al alcance de cualquiera. Música agradable compuesta para el propio consumo y para demostrar sus grandes cualidades como intérprete y virtuoso.

La idea global que nos ofrece este CD es que su intérprete, el madrileño Manuel Guillén, tiene una visión de Sarasate especialmente intensa, quizá pudiéramos decir que “sinfónica”, alejada del  simple –aunque sea muy difícil- virtuosismo técnico, para incidir en la profundidad del sonido, el una amplia línea de canto, en una limpieza excepcional de todo el registro, incluidos los armónicos más comprometidos; en definitiva, un Sarasate más expresivo que virtuoso, más lírico que circense.

Por citar algún detalle, podemos referirnos a la majestuosidad del zortzico Miramar, más contemplativo que melancólico, la elegancia de la Malagueña, el exquisito y etéreo aire de danza de Sommeil,  y la “densidad” sonora expresada en la Playera. Hubiéramos preferido un piano algo menos destacado en la Jota navarra, y un poco más de chispa en el Vito. Pero, en general, el CD nos parece muy interesante porque es una intensa visión del Sarasate romántico, el de las amplias líneas melódicas que se unen unas a otras con la mayor naturalidad, un Sarasate quizá menos espectacular pero más interior.

El acompañamiento pianístico de María Jesús García se nos antoja demasiado denso; el piano suena como muy “dentro” y en algunos momentos con demasiada presencia. Quizá aquí tenga bastante que ver la grabación técnica.

El CD incluye notas (sólo en castellano) firmadas por María Nagore Ferrer, amplias y detalladas sobre cada una de las obras grabadas.

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