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Arena de Verona

Aida

Ovidi Cobacho Closa

Aida

Aida, Ópera de G. Verdi. Orlin Anastassov (Faraón), Anna Smirnova (Amneris), Hui He (Aida), Piero Giuliacci (Radames), Marco Spotti (Ramfis), Ambrogio Maestri (Amonasro), Enzo Peroni (messaggero); Orquesta, Coro y Ballet de la Arena de Verona. Dirección musical: Daniel Oren. Dirección escénica: Gianfranco de Bosio. Festival Arena de Verona, 5-VIII-2009.

Más de 9.000 personas abarrotaron las gradas del anfiteatro veronés, la noche del pasado 5 de agosto, para ver la ópera por antonomasia de este escenario: la verdiana Aida, que con esta edición sumará ya más de 550 funciones desde su primera representación liderada por el tenor veronés Giovanni Zenatello en 1913.

La reposición de la espectacular producción escénica de Gianfranco de Bosio permitió al publico congregado disfrutar de una fastuosa y monumental puesta en escena, con obeliscos, columnas, esfinges y estatuas egipcias de tamaño real; todo ello animado con un movimiento escénico que aprovecha toda la gradería del escenario, llegando a reunir, en la célebre desfilada triunfal del segundo acto, más de dos centenares de interpretes en escena.

El reparto de solistas contó con una Aida de auténtico lujo, la soprano Hui He, quien bordó una emotiva interpretación de la esclava etíope. Su canto fluido, exquisitamente matizado, su timbre cálido y su depurada emisión, sacaron el máximo provecho a las inspiradas melodías que Verdi dedicó a este personaje y le valieron una sonora ovación final, francamente merecida.

Anna Smirnova

Su rival amorosa, Amneris, encontró también una intérprete ejemplar en la soberbia mezzo Anna Smirnova, de poderoso instrumento y nobles acentos canoros. Completó el triangulo amoroso, un Radames (Piero Giuliacci) de canto algo forzado, con tendencia a empujar el agudo y de escasa entidad escénica. Ambrogio Maestri fue un Amonasro de gran categoría (espléndido en lo vocal e imponente escénicamente), así como también el sumo sacerdote de Marco Spotti. Cumplieron el rey egipcio de Orlin Anastassov y el prometedor messaggero de Enzo Peroni. Cabe destacar, a su vez, las deliciosas coreografías de los ballets, especialmente los del gran finale del acto segundo.

La expresiva dirección de Daniel Oren, salvo algún leve desajuste, logró concertar con acierto y eficacia el nutrido cuerpo de intérpretes y ejecutantes. A pesar de cierta tendencia efectista en los números de conjunto coral, su lectura de la partitura verdiana tuvo sus momentos más inspirados en el tercer y cuarto actos. La orquesta y el coro titular secundaron con eficacia y solvencia la labor del maestro.

Fotografías: Cortesía Fondazione Arena di Verona ©Ennevi

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