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Festival Castell de Peralada
'La casa de Bernarda Alba' de Miquel Ortega
Ovidi Cobacho Closa
La casa de Bernarda Alba; Ópera de Miquel Ortega sobre libreto de Julio Ramos, basada en el drama homónimo de García Lorca. Raquel Pierotti (Bernarda), Marina Rodríguez Cusí (La Poncia), Hasmick Nahapetyan (Angustrias), Marina Pardo (Magdalena), Marifé Nogales (Amelia), Beatriz Lanza (Martirio), Montserrat Martí (Adela), Vicky Peña (María Josefa), Leticia Rodríguez (Criada); Orquesta de la Ópera Nacional de Lituania y Coro lírico de Cantabria. Dirección musical: Miquel Ortega. Dirección escénica. Román Calleja. Festival Castell de Peralada, 10-VIII-2008.
Algunas voces se empeñan a sentenciar que el público operístico es conservador y reacio a las novedades, afirmación facilona e infundada en el mínimo rigor analítico. El público operístico, desde siempre y en su mayoría, ha sido un apasionado consumidor teatral, más entusiasta por la capacidad emotiva que la partitura es capaz de conjurar que por sus conocimientos del lenguaje musical. De ahí que la popularidad de determinadas obras, números musicales e intérpretes se deba, fundamentalmente, a su capacidad de comunicar y expresar emociones más que a su sofisticación creativa. Y es ahí donde también radica el divorcio entre el público y los creadores contemporáneos, desde el momento en que estos últimos abandonaran el terreno de las emociones para instalarse en una fría y acomplejada dinámica experimentalista sin ruta ni rumbo. Aún así, siguen llegando novedades a los escenarios, mas lo hacen principalmente a través de la renovación de las puestas en escena y de la exhumación de compositores y obras olvidadas (como atestiguan los crecientes revivals del repertorio barroco), curiosamente mucho más cercanas a la sensibilidad del público actual, aún escritas hace siglos, que las de los creadores operísticos contemporáneos. Profético Verdi: “Torniamo all’antico e sarà un progresso”.
Dicho esto, cabe aplaudir la iniciativa, y la valentía, del Festival del Castell de Peralada al presentar esta ópera de nueva creación del director y compositor catalán Miquel Ortega (estrenada el 2007 en la Ópera de Brassov y en première estatal el pasado 8 de agosto en Santander). Como es fácil deducir de su título, la obra se basa en el homónimo drama lorquiano, ligeramente adaptado y revisado por el desaparecido Julio Ramos. El libreto sigue con fidelidad, debidamente aligerado, la trama lorquiana, manteniendo la estructura de tres actos, convertida aquí en tres cuadros. La propuesta musical de Ortega, gran conocedor del repertorio operístico, quiere beber de la tradición sin renunciar a aportaciones experimentales, y el resultado final acaba siendo un entredós. El tejido orquestal se recrea, hasta la saciedad, en una atmósfera angustiosa, con un uso reiterado de frases suspensivas, introducidas por las líneas de los instrumentos graves, y con giros y variaciones rítmicas de resonancias jazzísticas. Las voces se mueven entre un austero recitativo dramático, de corte atonal, y un intento de elaboración melódica que no logra cuajar, restando así fluidez y naturalidad a las intervenciones de los intérpretes. La intensidad dramática e incisiva del texto lorquiano se pierde aquí en un canto desdibujado e incapaz de traducir la profunda carga emotiva que subyace en la prosa del poeta granadino. De ahí que los momentos de mayor intensidad y capacidad evocadora de la partitura fueran, precisamente, los que acompañan las intervenciones del personaje de María Josefa, magistralmente encarnado por Vicky Peña, el único declamado de la obra.
El reparto de intérpretes congregados hizo cuanto pudo por hacer justicia a la partitura. Raquel Pierotti fue una esforzada Bernarda Alba, aunque su entidad escénica y su tesitura (la escritura musical requiere de una voz de mayor carácter dramático) no alcanzaran a dar el suficiente calado dramático que requiere el personaje. Entre las hijas de ésta, desatacó la interpretación de Montserrat Martí como Adela, llevada al límite de su tesitura en la escena nocturna del tercer cuadro. Cumplieron el resto de hermanas, encarnadas por Hasmick Nahapetyan (Angustrias), Marina Pardo (Magdalena), Marifé Nogales (Amelia) y Beatriz Lanza (Martirio). Hay que destacar también la notable caracterización que Marina Rodríguez Cusí realizó del personaje de la criada Poncia, personaje que adquiere cierto relieve en esta versión operística. La orquesta de la Ópera de Lituania, dirigida por el mismo Ortega, cumplió con eficacia, a pesar de puntales estridencias en el metal y algún leve desajuste de las cuerdas. La puesta en escena, sobria y austera, resolvió con agilidad y escasez de recursos la ambientación de los diversos cuadros.
No era la primera versión operística del célebre drama de Lorca, ni la primera que se veía en este certamen ampurdanés (el año 2000 se realizó el estreno estatal de la ópera Bernarda Albas Haus del compositor alemán Aribert Reimann), y su bautizo no auguró mayor suerte que las otras. Así lo certificó, con tibios aplausos de cortesía, el escaso público reunido para el estreno. ¿Incomprensión? ¿Conservadurismo? ¿Intransigencia? Quizás ya fuera siendo hora que nuestros creadores empezaran a reflexionar acerca de sus inquietudes y a tomar en consideración algunos consejos de sus homólogos del pasado: “Tot el que no és tradició, és plagi” (Eugeni d’Ors). La inspiración ya vendrá después.
Fotografías: © Josep Aznar
Escribir a Ovidi Cobacho Closa