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Crítica de libros
Dos libros sobre María Callas actualizan la vigencia del mito griego
Alicia Perris
Título: Yo, María Callas. La ópera de mi vida. Biografía. Autor: Manuel Adolfo Martínez Pujalte. Prólogo de Alfredo Kraus. Huerga y Fierro Editores, Madrid, 2005. ISBN: 84-89858-35-7.
Título: Tan fiera, tan frágil. La vida de María Callas. Autor: Alfonso Signorini. Traducción de María Pons Irazazábal. Editorial Lumen / Random House Mondadori, Barcelona, 2009. ISBN: 978-84-264-1704-6.
A pesar de que la soprano falleció en 1977, los interesados en su obra y su vida, ésta no menos apasionante que aquélla, no dejan de recurrir a la revisitación de la bibliografía, siempre más amplia, que se edita en diferentes idiomas sobre su trayectoria.
La primera obra comentada fue publicada hace ya varios años en la misma editorial. Es una biografía en primera persona, con muchos datos documentados sobre el “proyecto Callas”, que, como sabe todo el mundo, no pudo prolongarse después de una carrera operística relativamente corta. El autor, murciano, relata con mucha delicadeza y obviando determinados pasajes de la vida de María con denodado esfuerzo, sobre todo lo que hace a su relación con Aristóteles Onassis, a la que le dedica pocas páginas, la lucha misteriosa en la primera etapa de su vida con las dietas y el vínculo-siempre complicado y atormentado- que la unía a su familia, sobre todo a su madre y a su hermana. Martínez Pujalte, que tiene una formación multidisciplinar, bucea con respeto en una existencia que podría haber sonrojado a los lectores y melómanos de la época, a partir de los años cincuenta, en Europa y Estados Unidos. Los años de posguerra no fueron pródigos en el desarrollo de las libertades de la mujer y las parejas, como ocurriría unas décadas después, cuando la sociedad empieza a abrirse sin prisa pero sin pausa a otros modelos de comportamiento, a unas libertades personales de las que a menudo no pudo gozar la Callas, sin experimentar pudor y culpa.
El libro está como orientado hacia un final, conocido y previsto, donde la cantante se va desdibujando entre abandonos, pérdidas importantes y duelos. Nada se comenta del hijo que tuvo María Callas con Onassis, ni se entra a fondo tampoco en los últimos años solitarios y encerrados en sí misma de la diva.
El prólogo de Kraus agrega interés a esta obra, porque el famoso tenor relata en ella su encuentro con María en Lisboa, cantando la Traviata, en 1958, en el teatro San Carlos, ya que el cantante canario reconoce que éste “fue uno de los hitos más significativos de mi vida artística”: “María Callas fue- escribe Kraus- una inconmensurable artista y una mujer de conmovedora humanidad, mucho más tierna, vulnerable y frágil que la imagen de áspera diva…”.
Algunas erratas salpican esta obra, que si hubiera que compararla con la de Alfonso Signorini, comentada a continuación, resultaría más retaceada en las anécdotas y los temas espinosos de una biografía complicada como la de la prima donna y con un estilo menos ágil y elástico. De todas formas, los amantes incondicionales de María Callas, que son legión, seguramente no dejarán de perderse esta aportación, otra más, de las muchas que habitan la constelación de este mito imperecedero del bel canto.
La misma fotografía ilustra el segundo libro comentado, igual que el anterior de Martínez Pujalte: una Callas que deja reposar -por decirlo de esta manera- su cabeza entre las manos, las cejas espesas y mediterráneas enmarcando una cara de óvalo perfecto, el cabello oscuro partido al medio, recogido hacia atrás y el negro de la vestimenta, discreta y sin exhibicionismo, destacando en la sobriedad y seriedad del gesto.
“Crecí comiendo pan y Callas, porque mis abuelos se conocieron escuchando la Traviata y toda mi vida he estado acompañado por su voz”, escribe en la solapa de su libro Signorini, este escritor milanés, nacido en 1964 y director de la revista Chi, una de las más populares de Italia.
Concebida de una manera completamente distinta a la anterior, esta biografía, que el autor ha dedicado a su madre, va desgranando a lo largo de sus casi 300 páginas los incidentes vitales y profesionales de Callas, mater y amante dolorosa, espléndida, mercurial hacia el final del trayecto, en París, “sola, abbandonata in questo popoloso deserto che appellano Parigi”, como cantaba Violetta Valery en La Traviata de Verdi.
Con Signorini se asiste al ascenso de la cantante, su embellecimiento físico y la creación de una figura y una voz prodigiosas en escena, de unos roles que nunca nadie volvería a cantar como ella, Tosca, Norma, Violeta. Muy cerca de la cumbre, la caída paulatina de la diva, que pierde, primero a Omero, el hijo secreto que tuvo con Onassis y alrededor del cual gira buena parte de la estructura del libro y a continuación al armador griego, que no puede resistirse a la tentación de casarse, tal vez sin amor, con Jackie Bouvier Kennedy, la mítica viuda del presidente asesinado en Dallas. La historia vocal de María, que termina de una forma abrupta y lamentable en su última gira con Pippo di Stefano, se entremezcla con las experiencias de una vida rica, pero corta y poco feliz en su conjunto.
Entre tanta bibliografía como siembra la vida de la cantante, el autor cita sus lecturas de Fuoco greco, de Nicholas Cage, una de las referencias más apasionantes de la constelación Callas, que tiene traducción al español, en una edición de Plaza y Janés, de 2001. Con fotografías muy atractivas, algunas poco conocidas, adentrarse en la obra de Signorini puede ser todo un placer y aún, a pesar del tiempo recorrido desde la vida y muerte de la Callas, un verdadero descubrimiento.
Escribir a Alicia Perris