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Ópera en El Escorial

Carmen en versión Calixto Bieito

Alicia Perris

Carmen

Carmen, de Georges Bizet. Libreto de Ludovic Halévy y Henri Meilhac (basada en la novela homónima de Mérimée). Joven Orquesta, Coro y Coro Infantil de la Comunidad de Madrid. Director del Coro Jordi Casas Bayer, Director del Coro Infantil, Félix Redondo. Director Musical, Alejandro Posada. Director de Escena, Calixto Bieito. Teatro Auditorio San Lorenzo de El Escorial. Viernes 24 de julio, 2009.

Calixto Bieito, al margen de las preferencias o críticas que pueda suscitar (cuestión de gustos), es un profesional fogueado en muchos teatros y en innumerables puestas en escena. Formado con grandes maestros del teatro, estrena en El Escorial, una versión de la ópera Carmen, que ya había dado a conocer en 1999 en el festival de Peralada. Fue repuesta en varias ocasiones en Bélgica, Holanda y Dublín y llega ahora con un elenco que no desluce vocalmente el intento teatral de poner al día un clásico de la literatura y la ópera francesas del siglo XIX.

Jorge de León, el tenor canario hace un Don José con una buena actuación y una voz agradable, noble y expresiva. Lo mismo puede decirse del resto de sus compañeros de escena, Emilie Pictet, soprano, como Micaela, que deja traslucir su excelente formación musical o el barítono Marco Moncloa, como Escamillo, ajustado en su papel y el resto del elenco. En el caso de Carmen, la mezzosoprano uruguaya Adriana Mastrangelo, tuvo que defender un papel complicado y ambicioso, donde la cantante debe saber también bailar y oscilar entre el difícil universo de la seducción y un modelo de conducta completamente fuera de las normas y las leyes. Carmen es una mujer muy suya, que vive y ama a su manera y muere en cierta forma por no haber querido nunca aceptar las reglas del juego de los otros. Mastrangelo intenta jugar esa doble vertiente tan exigida de su papel y a veces lo consigue con creces. Los movimientos del coro, que suena excelente, que entra y sale del patio de butacas son enriquecedores y agregan color al montaje. Me gusta más el trabajo en la dicción francesa de Jeannine Bouché (habría que recordar las performances en el Teatro Real de Juan Diego Flórez, “discípulo” suyo), que el que realiza en esta ocasión Carmen Torreblanca. No siempre se entiende con facilidad lo que dicen los cantantes.

La puesta tiene lugar en un mundo degradado socialmente, en una ciudad fronteriza de hoy en día, donde abundan no las alusiones sino la referencia directa al sexo más descarnado, las relaciones humanas sin afecto y el presentismo más acuciante. El decorado, la inclusión de personajes que no están en la obra ni se les espera, como la niña que rellena espacios orquestales bailando sola, no siempre permite el disfrute vocal de la partitura que con frecuencia se ve subordinada demasiado (y distrayendo) al hecho teatral.

El domingo el público pareció más conforme que el día del estreno en El Escorial. En un lugar tan respetuoso de las tradiciones y poblado por gente de orden como éste de la sierra madrileña, la manipulación gratuita en escena de símbolos nacionales como la bandera, hizo encoger de disgusto a algunos espectadores. En el entreacto, ascensor arriba, ascensor abajo, algunos comentaban con resignación desapasionada: “ya sabes, es Calixto Bieito”.

Fotografía: Andrés de Gabriel

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