Actualidad Musical
- Entrevista: Iñaki Alberdi
- Soberbia Salomé de Nina Stemme
- Ballet de Julio Bocca
- ¡Viva Madrid! Una antología de la zarzuela
- Murray Perahia y Nelson Freire en el CGI
- El Ballet de Ángel Corella en el Escorial
- La Calesera
- XXII edición del Festival Clásicos en Verano de la Comunidad de Madrid
- Generoso, grande y evocador Puccini en el Teatro Real
- Carmen en versión Calixto Bieito
- Un Mozart de referencia
- Il furore de DiDonato
- 'La casa de Bernarda Alba' de Miquel Ortega
- Dúo estelar en Peralada
- A la tercera, va la vencida
- Arena de Verona: Carmen
- Arena de Verona: Turandot
- Arena de Verona: Il Barbiere di Siviglia
- Arena de Verona: Aida
- Con rebajas pero con aplomo
- Cuando l´Upupa voló a Dresde
- Festejos catalanes
- Poco pero satisfactorio
- Noticias y convocatorias
Índices
Ópera en Madrid
A la tercera, va la vencida
Carlos de Matesanz
W.A. Mozart: “Las bodas de Fígaro”, ópera bufa en 4 actos con libreto de Lorenzo da Ponte. Teatro Real. Nueva producción del Real en coproducción con la ABAO y el Teatro Pérez Galdós de Las Palmas. Dir. escena: Emilio Sagi. Escenografía: Daniel Bianco. Figurines: Renata Schussheim. Iluminación: Eduardo Bravo.
12 de julio, 19.00 hrs. Marius Kwiecen (Conde Almaviva), Eva Mei (Condesa), Cinzia Forte (Susanna), Fabio Mª Capitanucci (Fígaro), Ketevan Kemoklidze (Cherubino), Miguel Ángel Zapater (D. Bartolo), Jeanette Fischer (Marzellina), Raúl Giménez (D. Basilio), Enrique Viana (D. Curzio), Soledad Cardoso (Barbarina), Miguel Sola (Antonio).
13 de julio, 19.00 hrs. Ludovic Tézier (Conde Almaviva), Barbara Frittoli (Condesa), Isabel Rey (Susanna), Luca Pisaroni (Fígaro), Marina Comparato (Cherubino), Carlos Chausson (D. Bartolo); resto de papeles: ídem supra.
Coro del Teatro Real. Orquesta Sinfónica de Madrid. Dir: Jesús López Cobos.
Por fin, tras dos producciones que pasaron sin pena ni gloria en anteriores temporadas, han podido verse unas “Bodas de Fígaro” realmente buenas en el Teatro Real. Al fin, una producción limpia ha dejado hablar tanto a Da Ponte como a Mozart, sirviéndolos con claridad y buen gusto. No es sólo cuestión de que la dirección de escena fuese muy clásica, como suele darse cuando de tal se encarga Emilio Sagi, o que escenografía y figurines fueran sencillos y preciosos a la vez; no es sólo que todo fuese bonito y respetuoso, es que todo fue adecuado y estuvo en su sitio. A veces, con eso basta y –como en este caso– sobra.
Por una espaciosa y sobria casa andaluza llena de luz (luz plena de poesía, por ejemplo, en la alcoba de la Condesa) se movieron personajes bien definidos y perfectamente insertos en el ritmo de una comedia pelín delirante que Sagi procuró, tal vez con demasiado celo, que no se desmandase ni rayase en ningún momento en el astracán. Con una dirección musical más vivaz que la de López Cobos (ya se sabe: su inveterada sosería) puede que todo hubiese tenido más realce, pero hay que reconocer que la orquesta sonó excelentemente, sobre todo en los pasajes más líricos, y la concertación fue excelente.
De los dos repartos previstos para las doce funciones dadas, el primero –visto el día 13– fue claramente superior al segundo –el del día 12–, aunque, a priori, parecían de nivel muy parejo. El propio Teatro refrenda esta opinión, pues, para una próxima producción videográfica comercial, ha estado grabando las funciones de primer y no de segundo reparto.
El Conde de ese magnífico y poco reconocido barítono que es Ludovic Tézier superó claramente en voz, que es pastosa y homogénea, y en detalles de gran artista al debutante (y muy de moda) Mariusz Kwiecien, de voz lírica y bonita y espigada presencia escénica, pero bastante verde en este papel; del mismo modo que la Susanna de Isabel Rey ganó por goleada a la de Cinzia Forte por dominio del papel, simpatía y belleza vocal: la Rey encarnó un personaje, la Forte “realizó un estándar”. De la Condesa de Barbara Frittoli, que actualmente anda metida en Aídas y repertorio pesado por el estilo, no hubiésemos esperado tanta dulzura vocal –timbre cremoso y aterciopelado– y tanta delicadeza en el fraseo; de tal manera que Eva Mei sólo pudo superarla como actriz, perfilando un personaje inusualmente repelente pero muy creíble: en lo vocal, con un timbre metálico y unos agudos rebeldes, estuvo muy lejos de su compatriota y de lo que el papel requiere. También el Cherubino de Marina Comparato fue vocalmente preferible al muy sonriente pero musicalmente anodino de Ketevan Kemoklidze; pero, ojo: ambas se quedaron muy cortas en un papel que es un auténtico bombón.
El único rol que fue mejor servido, y de largo, en el segundo reparto fue el de Fígaro: hasta por el físico, orondo y típicamente mediterráneo, resultó Fabio Maria Capitanucci un barbero más creíble, eficaz y atractivo, tanto en lo canoro como en lo actoral, que Luca Pisaroni, de físico estándar, voz estándar e interpretación estándar (todo perfecto e inerte), que hizo un Fígaro ultracorrecto y perfectamente olvidable.
Hay que reseñar, uno por uno, a los cantantes secundarios, porque todos ellos fueron primeras figuras y estuvieron perfectos en ambas funciones, empezando por esos grandes veteranos que son Carlos Chausson y Raúl Giménez, muy bien en sus respectivas arias (en el último acto, se dieron todas las arias de secundarios que habitualmente se cortan), pero mejor aún en los recitativos y escenas de conjunto. También mención especial para esa gran cómica que es la soprano Jeanette Fischer y que sustituyó a última hora a la inicialmente prevista Stefania Kaluza. Enrique Viana estuvo menos inaudible que en otras actuaciones que le hemos visto últimamente, Miguel Sola dio un relieve vocal inusitado al jardinero Antonio pero anduvo algo sobreactuado de gesticulación, y Soledad Cardoso fue una Barbarina sencillamente ideal. Saludar también la reaparición por estos lares de Miguel Ángel Zapater, de quien hace tiempo que no sabíamos, y que, si bien no hizo un Bartolo tan redondo como el de Chausson, estuvo muy bien.
Fotografías cortesía del Teatro Real © 2009 by Javier del Real