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Festival d’Aix-en-Provence

Un Mozart de referencia

Ovidi Cobacho Closa

Die Zauberflöte

Die Zauberflöte; Daniel Behle (Tamino), Marlis Petersen (Pamina), Anna-Kristiina Kaappola (Reina de la Noche), Daniel Schmutzhard (Papageno), Sunhae Im (Papagena), Marcos Fink (Sarastro), Kurt Azesberger (Monostatos); Rias Kammerchor Berlin y Akademie für alte Musik. Dirección musical: René Jacobs. Dirección escénica: William Kentridge / Luc De Wit. Festival d’Aix-en-Provence, Grand Théâtre de Provence, 28-VII-2009.

Como colofón operístico del prestigioso Festival escénico de Aix-en-Provence, pudieron verse seis funciones de la mozartiana La flauta mágica, en la versión escénica coproducida por la Monnaie de Bruselas, el San Carlo de Nápoles, la Ópera de Lille y el Teatro de Caen, estrenada en Bruselas el 2005.

Una reposición que tuvo su máximo aliciente en la dirección musical del infatigable maestro belga René Jacobs. Especialista de prestigio internacional en el repertorio barroco, sus incursiones en el corpus mozartiano con criterios históricos le han valido el reconocimiento y el aplauso unánime de la crítica internacional. Capaz, como nadie, de apurar el sentido dramático de cada frase musical, su lectura de este singspiel mozartiano fue francamente excepcional. Intensidad y frescura, profundidad y vitalismo, se aunaron en una interpretación que tendió a acentuar la riqueza estilística y el colorido de la paleta orquestal. Una interpretación, incisiva y reveladora, en la que fue secundo por la impecable prestación del Rias Kammerchor Berlin y la Akademie für Alte Musik de Berlín.

El reparto, integrado mayoritariamente por jóvenes intérpretes en los roles principales (como suele ser habitual en muchas de las producciones de Jacobs), fue homogéneo y equilibrado. Daniel Behle fue un Tamino de nobles acentos y exquisita línea de canto y, a su lado, Marlis Petersen encarnó una Pamina sumamente musical. Anna-Kristiina Kaappola (Reina de la Noche) fue generosamente aplaudida por la impecable interpretación de sus dos comprometidas arias, así como también el vitalista Papageno de Daniel Schmutzhard. Marcos Fink fue un Sarastro de amplio registro y noble canto y Kurt Azesberger un Monostatos de innegable chispa escénica. Sunhae Im (Papagena), así como las tres damas (Inga Kalna, Anna Grevelius, Isabelle Druet) y los tres chicos del St. Florianer Sängerknaben, cumplieron con creces en sus respectivos papeles.

La puesta en escena de William Kentridger, retomada en esta reposición por Luc De Wut, es un claro ejemplo de las posibilidades que ofrecen los nuevos medios de video-proyección. Sin grandes derroches de presupuesto escénico (tan al uso en muchos de nuestros grandes escenarios estatales, y no precisamente siempre con tan buenos resultados) se pudo disfrutar de una plástica e ilustrativa puesta en escena. Un atractivo al que contribuyó una ágil y dinámica dirección de actores. Si hubiera de buscar algún pero, solo podría señalarse el leve ruido producido al activarse las cintas mecánicas que estaban dispuestas a distintos niveles del escenario. Por lo demás, un espectáculo delicioso.

Fotografía: © Elisabeth Carecchio

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