. .

XXIII Festival Castell de Peralada

Poco pero satisfactorio

Albert Ferrer Flamarich

El rey que rabió

XXIII Festival Castell de Peralada. Auditori dels jardins del Castell de Peralada. Del 18-VII-2009 al 16-VIII-2009.

Año tras año, Peralada apuesta menos por la clásica pero ofrece atractivas opciones de nivel medio. Un ejemplo fue el doble acierto al programar El rey que rabió: por el centenario de la muerte de Chapí y porque permite disfrutar de zarzuela de calidad en Cataluña, algo casi imposible. Para ello, Emilio Sagi es sinónimo de “savoir faire” tanto en la dramatización de los textos como en la puesta en escena, más en obras con mucho movimiento y personajes. Fueron de agradecer la finura en la sorna monárquica y política, destacándose el amanerado Governador (Luís Cansino) y la recepción de las candidatas (Acto III). En lo musical, Jordi Bernàcer, al frente del Coro y Orquestra de la Comunidad Valenciana, dirigió con ímpetu a un reparto convincente desde los solistas a los comprimarios. Manel Esteve (General) y Emilio Sánchez (Jeremías) fueron un revulsivo en escena; mientras que Elena de la Merced (Rosa) lució en un rol sin problemas de tesitura y Antonio Reyes (El rey) solventó los pasajes más comprometidos de un papel pensado para soprano.

En capítulo sinfónico sólo se programó al joven Valery Sokolov y a la Orquesta de Cadaqués (6 de agosto) en un Concierto para violín de Tchaikovsky tocado con elegancia y minuciosidad pero sin la tensión y sofisticación de una lectura estándar. En la segunda parte, el Sueño de una noche de verano de Mendelssohn corroboró la excelencia de Jaime Martín como director en números como la obertura y el nocturno memorables por el detallismo, la visión global y una calidad expresiva donde lo afectuoso y lo emotivo eran tan naturales como directos. El actor Josep Maria Pou reafirmó su inmensa profesionalidad como narrador de una historia cuya adaptación sigue siendo discutible por la rebaja dramática que supone en un argumento tan intrincado como éste.

En lo camerístico y con el apoyo de Juventudes Musicales de España se organizó un sugerente ciclo de cuartetos en breves sesiones brindando las necesarias oportunidades a intérpretes jóvenes y locales que el panorama catalán tiende a esquivar. Lo aprovecharon las Ardeo Quartet (7 de agosto) cuya excelencia técnica configuró el Cuarteto nº 1 de Ligeti con especial expresividad, hábiles contrastes de ambiente y una coordinación y tensión del lenguaje sin reparos. Aspectos también perceptibles en el Quinteto con piano de Schumann con Judith Jáuregui al teclado.

Pero sin duda, la apuesta atrevida de este año fue el estreno de la ópera La casa de Bernarda Alba con música de Miquel Ortega, mientras que el gran reclamo fueron las galas operísticas del tenor Josep Bros junto al barítono Leo Nucci (8 agosto) y del tenor José Cura (16 de agosto), ambas con la Orquesta Nacional Clásica de Andorra. Ante la excelencia vocales y los pocos reparos de los primeros, hay que denunciar la pantomima galerista y el flojo estado vocal de Cura a pesar de meterse el público en el bolsillo como en las grandes ocasiones. Sus salidas a escena, su gestualidad, sus movimientos entre la orquesta mientras canta; todo es algo excesivo y está perfectamente estudiado simulando espontaneidad y la entrega más absoluta. Sus gracias y comentarios al público son rentables y el espectáculo es dinámico y eficaz. Pero lo suyo no es canto, es farsa. Su voz acusa el exceso de dramatismo de los roles interpretados mientras que técnicamente recurre a vicios como a la emisión excesivamente cubierta para las notas más agudas. Su fraseo tiene poco fiatto, sufre desajustes de tempo y pérdida de la entonación en algunos recitativos. Su timbre sólo luce como antaño cuando spinta en el registro central. Por su parte, la Orquesta Nacional Clásica de Andorra –reforzada en todas sus secciones- sonó mejor bajo la batuta de Mario de Rossi incluso en los pasajes más efectistas en un repertorio, por cierto, con el que lidian poco. Merecen destacarse los intermezzi de Le Villi y Manon Lescaut a pesar de algunos desencuentros de afinación y conjunción. En fin, a los que quisieran gozar de una noche de lírica de lujo se encontraron con las redes mejor tejidas del Star System operístico del momento.

Fotografía producción "El rey que rabió": © Miguel González

Escribir a Albert Ferrer Flamarich