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Ciclo Grandes Voces
Generoso, grande y evocador Puccini en el Teatro Real
Alicia Perris
Ciclo Grandes Voces. Martes 21 de julio de 2009. Teatro Real. Martina Serafín, soprano. Marcello Giordani, tenor. Orquesta Titular del Teatro Real, dirigida por Keri-Lynn Wilson. Obras de Puccini.
Prácticamente el teatro lleno, salvo unas pocas butacas de patio y algún paco bajo, fue una noche de éxito para los intérpretes de esta velada dedicada a Giacomo Puccini, donde la directora canadiense Keri-Lynn Wilson, consiguió dotar - lo que no es habitual en la Orquesta Titular del Real- de un sonido intenso, brillante y luminoso a la paleta del maestro de Lucca. Su relación con los músicos fue plástica, vital, de mutuo respeto y entrega. Cálida y cuidadosa, la masa orquestal sonó, en sus manos, como un proyecto sonoro nuevo y redescubierto.
No podría haber sido más clásico el repertorio escogido y sin embargo, qué gracia en el hacer y qué arrebato en esas páginas tantas veces disfrutadas y escuchadas de las óperas más conocidas del maestro italiano.
La primera parte comenzó con Le villi, ágil, ajustado, para continuar, en las voces de Serafín y Giordani, con “Mario!, Mario…non la sospiri…” de la Tosca. Después, Serafín se lució en “Vissi d´arte”, con una voz solvente, aunque algo tensa en los agudos al comienzo. “E lucevan le stelle” fue interpretada por el tenor siciliano de una forma en que hizo soñar a muchos. Su voz tiene el color y la plenitud de las grandes voces italianas y toda la tradición de su gusto y educación para el canto. Cosechó, tal vez el que más, muchos aplausos. La pareja de cantantes cerró la primera parte con “Franchigia a Floria Tosca…O dolci mani…”.
La impaciencia del entreacto fue dulce para los patronos y amigos del teatro, que pasaron el tiempo bebiendo y comiendo en la zona Vips exclusiva para ellos en la segunda planta, mientras que el resto de los presentes, tomaba el poco fresco disponible en la Plaza, curioseaba cds y dvs en la tienda o apuraba con delectación en un sitio menos restringido, una copa de cava frío. En fin, ¡como si estuviéramos en otros tiempos o en un aeropuerto!
La segunda mitad del concierto fue dedicada por entero a Manon Lescaut, con un cambio de programa: no se incluyó el fragmento “Ah!Manon, mi tradisce”, debido según el Teatro Real a “un problema surgido con los materiales de orquesta” (la información iba incluida en los programas de mano).
Al terminar el concierto, los aplausos fueron atronadores para los dos cantantes y también para la directora, que como se dijo arriba, realizó un gran trabajo en la batuta. Como no podía ser de otra manera y forzando bastante las exigencias vocales de esa noche, los cantantes ofrecieron, “Vissi d´arte” de Tosca, nuevamente Serafín y se atrevió Marcello Giordani con el “Nessun dorma”, que solía bordar el tan añorado Luciano Pavarotti y lo acompañó en su funeral, en Módena. A dúo, ofrecieron finalmente, un pasaje del Andrea Chénier. Hubo ramos de flores para los tres. El público recompensó el savoir faire del trío estrella de la velada y la noche se cerró definitivamente sobre la Plaza de Oriente, mientras aquí y allí, en la despedida, alguien iba canturreando entre dientes, algún fragmento conocido y envolvente de Giacomo Puccini. “E lucevan le stelle…”.
Fotografías cortesía del Teatro Real © 2009 by Javier del Real
Escribir a Alicia Perris