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Ópera en Barcelona
Soberbia Salomé de Nina Stemme
Ovidi Cobacho Closa
Salome; Ópera en un acto de R. Strauss sobre la obra homónima de O. Wilde. Nina Stemme (Salome), Robert Brubaker (Herodes), Jane Henschel (Herodias), Mark Delavan (Jokanaan), Stefan Heibach (Narraboth); Orquestra del Gran Teatre del Liceu. Dirección musical: Michael Boder. Dirección escénica: Guy Joosten. Barcelona, Gran Teatre del Liceu, 28-VI-2009.
Como colofón de temporada, el coliseo barcelonés presentó una nueva producción de la straussiana Salome. Obra exigente, donde las haya, requiere de una densa y nutrida orquesta, además de un reparto de voces comprometido en los roles principales. Cosa, esta última, que supo resolverse con notable criterio en esta producción liceísta.
La exquisita soprano sueca Nina Stemme bordó el rol protagonista de Salome con una magistral exhibición canora: ímpetu dramático, precisismo lírico y expresión arrolladora se conjugaron en una soberbia interpretación que le valió una sonora ovación del público. A su lado, brilló también con luz propia el extraordinario Herodes de Robert Brubaker, de timbre generoso, empastado y con sentido expresivo. Jane Henschel encarnó una Herodias de alta intensidad y sentido dramático. El Jokanaan de Mark Delavan, a pesar de padecer las inclemencias del montaje escénico (caracterizado más bien como un maestro de escuela que como el profeta que describe el texto), logró resolver con dignidad su cometido vocal, quizás algo faltado de mayor resonancias en los graves. El también debutante Stefan Heibach (Narraboth) completó con eficacia y buen criterio musical su papel de jefe de guardia en las primeras escenas.
El flamante director musical del Gran Teatre del Liceu, Michael Boder, afrontó la exigente partitura con decisión y buen temple, subrayando con acierto la riqueza expresiva de la orquesta y dosificando su intensidad dramática. Sobre el montaje escénico del flamenco Guy Joosten no merece la pena castigar mucho el teclado: otra muestra más de innovación estéril, dentro de la ya habitual tónica del cambio por el cambio para no llegar a ningún a sitio. Soldados y nazarenos convertidos en gánsters de baja intensidad, banquete en una especie invernadero improvisado en lugar del palacio, reaparición final de Jokanaan, con la cabeza en su sitio y final feliz (Salome no muere), entre otros desatinos más. Afortunadamente, el ver no nos lastró el escuchar.
Fotografías: © Antoni Bofill, Cortesía del Gran Teatre del Liceu de Barcelona
Escribir a Ovidi Cobacho Closa