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Festival de Bayreuth

El Anillo de Thielemann

Ovidi Cobacho Closa

Das Rheingold

Der Ring des Nibelungen; Albert Dohmen (Wotan), Ralf Lukas (Donner / Gunther), Clemens Bieber (Froh), Arnold Bezuyen (Loge), Kwangchul Youn (Fasolt / Hunding), Ain Anger (Fafner), Andrew Shore (Alberich), Wolfgang Schmidt (Mime), Michelle Breedt (Fricka), Edith Haller (Freia / Gutrune / Norna), Christa Mayer (Erda / Waltraute), Ulrike Helzel (Wellgunde), Christiane Kohl (Woglinde), Simone Schröder (Flosshilde), Endrik Wottrich (Siegmund), Eva-Maria Westbroek (Sieglinde), Linda Watson (Brünnhilde), Christian Franz (Siegfried), Hans-Peter König (Hagen); Coro y Orquesta del Festival de Bayreuth. Dirección musical: Christian Thielemann. Dirección escénica: Tankred Dorst. Bayreuther Festspiele, 20 (Das Rheingold), 21 (Die Walküre), 23 (Siegfried) y 25 (Götterdämmerung) de agosto de 2009.

Un año más, la Tetralogía del Anillo de Tankred Dorst (estrenada el 2006, dos años después de que Lars von Trier plantara la producción) fue repuesta en el templo wagneriano por excelencia: la Festspielhaus de Bayreuth. Dicha producción apuesta por una lectura narrativa del texto wagneriano, cosa que permite al público seguir con facilidad y comodidad el entramado dramático de la obra. En paralelo al mundo y a las intrigas de los personajes del Anillo, Dorst introduce, en cada escena, diversos personajes de nuestro entorno cotidiano (niños jugando, una pareja de enamorados, obreros trabajando, un imperturbable lector, e incluso una cita al manetiano Déjeuner sur l'herbe en el tercer acto de El ocaso de los dioses, entre otros muchos); individuos que casi nunca intervienen en la acción de los personajes wagnerianos, apenas entran en contacto con ellos, pues quieren ser el reflejo de otro universo, de una realidad más allá (o, quizás, más aquí): el mundo de los hombres que, inevitablemente, se acabará imponiendo y precipitará la caída de dioses y héroes.

De acuerdo con este planteamiento dualista, la escenografía (Frank Philipp Schlößmann) tuvo momentos de envidiable belleza plástica, como la primera escena de las Hijas del Rin o la de las Nornas del tercer acto, y otros, de mayor o menor acierto, que querían subrayar el impacto del hombre sobre el mundo y los paisajes fantástico-mitológicos descritos por Wagner (como en la escena de la autopista y los árboles talados del bosque de Siegfried). La dirección de actores introdujo pequeñas variaciones, no siempre del todo satisfactorias, respecto a las pasadas ediciones; entre otras, por ejemplo, en las dos últimas jornadas, la rústica caracterización de un Siegfried excesivamente cómico y desmesuradamente infantiloide.

El equipo de intérpretes solistas congregados, sin llegar a ser un Dream team de excepción, resolvió con buena nota el comprometido empeño de representar el colosal drama wagneriano. Albert Dohmen, que ya fue Wotan en la pasada edición, empezó algo tibio en el prólogo pero fue ganando firmeza e intensidad en la primera y segunda jornadas, consolidando un sólido y rotundo Wotan de alentadora carrera. A su lado, brilló, en el prólogo, el simpático y astuto Logen, ejemplarmente cantado y caracterizado por Arnold Bezuyen. Ralf Lukas (Donner) y Clemens Bieber (Froh) cumplieron con discreción en el prólogo, y el primero encarnó también un modesto, aunque correcto, Gunther. Las divinidades femeninas fueron resueltas con eficacia por Michelle Breedt (Fricka) y Edith Haller (Freia), esta última también pudimos verla como una de las nornas y como una Gutrune un tanto desdibujada. A ellas también cabe sumar la notable Erda de Christa Mayer, quien desempeñó a su vez el papel de Waltraute. Los nibelungos encarnados por Andrew Shore (Alberich) y Wolfgang Schmidt (Mime) fueron uno de los puntos álgidos del reparto, tanto por su excelente caracterización escénica como por su intachable prestación vocal. A su digna labor se sumaron los dos gigantes de Ain Anger (Fafner) y Kwangchul Youn (Fasolt), este último además un vigoroso Hunding de gran intensidad canora y dramática. Las tres Hijas del Rin, Ulrike Helzel (Wellgunde), Christiane Kohl (Woglinde), Simone Schröder (Flosshilde), aunque algo estáticas en su primera aparición, cantaron siempre bien conjuntadas y con exquisito sentido musical.

En La Valquiria pudimos gustar de la excelente Sieglinde de Eva-Maria Westbroek, de delicioso timbre e intensidad expresiva; sin duda una de las intérpretes más completas y emotivas del reparto. A su lado, el Siegmund de Endrik Wottrich cumplió su cometido con una voz no siempre suficiente. Intensa y apasionada estuvo la veterana Linda Watson (Brünnhilde) en sus comprometidas intervenciones de las tres jornadas, completando con solvencia y profesionalidad, a pesar de algunas leves caladas, el arduo papel de la atormentada valquiria. El Siegfried un tanto caricaturesco de esta producción fue defendido con empeño por Christian Franz, quien, a pesar de no poseer un timbre especialmente brillante y de mostrar cierta tendencia a empujar el agudo, logró sacar adelante su papel con dignidad y óptimos resultados. La última jornada nos reservó el lujo de poder disfrutar del intenso y expresivo Hagen de Hans-Peter König, una de las grandes voces de un reparto que fue completado con eficacia y corrección por las tres Nornas y las nueve Valquirias.

Gotterdammnerung

Sin lugar a dudas, uno de los mayores logros de esta producción vino de manos del consolidado director wagneriano Christian Thielemann al frente de la envidiable Orquesta del Festival de Bayreuth (una producción que en breve aparecerá comercializada en CD por el sello Opus Arte). Thielemann explotó todas las posibilidades del foso místico, hilvanando un sonido empastado y siempre fluido, subrayando, con precisión y sutilidad, los motivos que tejen la colosal partitura wagneriana y concertando las voces y la orquesta como un todo homogéneo. Su lectura del drama wagneriano, lejos de discursos grandilocuentes y efectistas, encontró su mejor aliado en una discursividad fresca, de una fluidez casi natural y una intensidad siempre latente (incluso en sus expresivos silencios), arropada y potenciada por la excepcional aportación de las diversas secciones orquestales. Si a ello unimos la milagrosa acústica de la Festspielhaus, difícilmente estaríamos en disposición de escuchar en vivo una ejecución más redonda hoy en día; una experiencia tan sólo lastrada por la manifiesta incomodidad de los asientos y la falta de una mínima climatización en la sala. Pero ya se sabe que en todo lo que concierne al wagnerismo aún hay mucho de Tótem y Tabú.

Fotografías cortesía Festival de Bayreuth ©Enrico Nawrath

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