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XXIX Festival Internacional Pau Casals

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Albert Ferrer Flamarich

El Vendrell, XXIX Festival Internacional Pau Casals, Auditori de Sant Salvador. Del 30-VII-2009 al 25-VIII-2009.

En su vigésimo-novena edición este festival de la Costa Daurada, el de mayor trayectoria y prestigio de la zona, volvió a ofrecer las claves de su éxito: propuestas sinfónicas y de cámara combinando músicos locales y extranjeros, con un repertorio atractivo para un público fiel y tradicional. No faltaron sesiones menos populares pero interesantes como la de un dúo de violonchelos; la de un trío de clarinetes y la de la Cobla Principal del Llobregat. La guinda la puso Maria Joao Pires (3 de agosto) con un programa centrado en Chopin.

En lo estrictamente sinfónico la Orquestra de Cambra de Granollers, con Manel Valdivieso como director invitado (30 de julio), recogió laureles por su colorista Suite de Alfonse et Leonore de Sor y una enérgica Sinfonía nº 80 de Haydn tocada con todas las repeticiones y formalmente bien construida, incluso en los pasajes pre-beethovenianos como el Trio del Minuetto. Lástima que el elogio lo empañara el Triple Concierto de Beethoven por la falta de estudio del Trio Kandinsky, especialmente de la violonchelo Amparo Lacruz, en la que fue una ejecución encorsetada, dispersa, de planimetría expresiva y sin perspectiva en lo virtuosístico y en lo idiomático de los solistas.

Czech National Orchestra Czech National Orchestra

Mejor fue estuvo la Czech National Orchestra (12 y 13 de agosto), con Jan Chalupecký al frente, en un trabajo dogmático en la precisión del conjunto, tempi ágiles y con prioridad del dibujo y la línea antes que del contenido. Lo mejor fue la entidad, afinación, amplitud y elegancia de la sección de violines y los fagotes que contrastaba con unos metales tediosos (flojísimas las trompas) que empañaron las texturas en tutti (oberturas de La novia vendida de Smetana y Obertura académica de Brahms). En el Concierto para violonchelo de Dvorak, Jakub Tulman se defendió a pesar de algún apuro técnico. La Octava de Dvorak, tocada con ímpetu y contrastes a modo de fresco sinfónico aunque sin aliento épico, sonó con tanta motricidad como la Octava de Beethoven ofrecida con más elegancia que chispa, muy buenos stacatti en el Scherzando y convicentes juegos motívicos entre secciones. El Concierto para violín con Jan Fiser como solista asombró por el emotivo Larghetto que mostró al Beethoven más dulce y tierno sin rozar lo lacrimógeno.

Jan FiserJan Fiser

Por su parte, Alexis Soriano y la Danubia Orchestra Óbuda (20 de agosto) estrenaron El noveno día de la creación de Eduardo Rincón (1924) un poema sinfónico inspirado en los frescos de la iglesia de San Juan de Alarcón. La obra es variada en lo idiomático, en las texturas y resulta más sugestiva que descriptiva. Las Variaciones rococó con Istvan Várdai tuvo a un eficiente y pulcro solista; mientras que la Sinfonía Renana de Schumann fue correcta, aunque faltó mayor profundidad en lo evocativo y lo ceremonial (movimientos centrales). Sobró la precipitación y rigidez así como la apuesta rítmica del último movimiento en una especie de demostración de virtuosismo que solo llegó en el bis: la obertura de Le nozze di Figaro, tocada con una urgencia inexplicable pero con suma eficacia. Lo mejor de la noche.

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