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Crítica de discos

Chaikosis

Albert Ferrer Flamarich

Obras de Glinka, Prokofiev, Chaikovski. Intérpertes: USSR State Symphony Orchestra. Evgeny Svetlanov, director. Referencia: BBCL-4145-2. Live, 1968. Distribuido por Diverdi. 1 CD. Duración: 73:56.

Chaikovski: Sinfonía núm. 4, Capricho italiano. Intérpretes: Royal Philharmonic Orchestra. Daniele Gatti, director. Referencia: Harmonía Mundi 807393 DDD 1 CD. Duración: 53:39

Evgeny Svetlanov

Con la gratuita comicidad del título se presentan dos registros interesantes, editados en los últimos años de las dos sinfonías centrales Chaikovsky. El primero es un concierto procedente de los conspicuos archivos de la BBC, en un live de 24 de agosto de 1968 durante el Festival de Edimburgo. Era un momento de tensión política por la invasión del ejército ruso a Praga y ésta era una de las primeras visitas de la formación rusa a tierras inglesas. En programa la Sinfonía sobre dos temas rusos de Glinka, obra académica premonitoria de sus habilidades, y la Sinfonía “clásica” de Prokofiev tocada con incisividad y sentido del color a pesar del sonido algo tosco de la grabación. Pero es en la Tercera sinfonía de Chaikovski donde el tifón Svetlanov despliega su firmeza característica y convierte el concierto en inolvidable. Metales contundentes, maderas muy presentes y una lectura apasionada y de épico romanticismo que roza lo ciclópeo. En especial, en el último movimiento que desborda grandiosamente en la fuga de las cuerdas y en el coral de los metales –grandiosos como pocas veces, pista 10 de 6’34” a 7’34”- para culminar en una coda exultante donde -¡por fin!, a partir de 8’37- suenan los timbales por encima de la orquesta. Momento visionario de una lectura que se cierra con no menos espectacularidad en ese redoble intensificado por dos veces en los acordes que preceden a la bestial fermata final. La histeria del público no es para menos: es la mejor Tercera jamás comercializada. ¿Quién ha dicho que esta sinfonía era aburrida?

Chaikovski: Sinfonía núm. 4

El otro registro es el de Daniele Gatti que pareció haberse imbuido de la flema británica de la formación instrumental que dirige en este compacto. Y es que, a pesar de los evidentes trazos de pulcritud y firme trabajo de conjunto, a esta Cuarta sinfonía de Chaikovski le falta el grado conmoción y visceralidad frecuentes de otras lecturas (Bernstein, Kubelik), ese “pathos” característico de la obra. El director italiano evita sobredimensionarla, no la plantea como un psicoanálisis y se queda en un nivel distanciado. Elegante y controlado pero frío. Así se acusa un punto de rutina y se echa de menos el aspecto visionario, casi delirante y de esencia dantesca en la exposición, desarrollo y coda del Moderato con anima inicial. Opta por recoger la esencia clasicista sacándole calado romántico al segundo movimiento, y se permite algunos detalles como el fraseo de los fagotes en el trío de un Scherzo muy bien cuadrado y el silencio y piano después de la fanfarria inicial de la sinfonía. El final es espectacular y colorista, sin contemplaciones estéticas vacías, ni vehemencias considerables y con un acertado espectro trágico que culmina en una coda de gran tensión que ni se duerme ni se precipita. En el Capricho italiano Gatti se muestra poco exuberante y sustrae el exotismo superfluo equilibrando lo brillante y lo ágil. Su lectura no quiere ser pretenciosa y evita el fresco temático a favor de la homogeneidad y la austeridad.

Escribir a Albert Ferrer Flamarich