Discos y libros
- Biografía de Falla con falla
- La guitarra soñada
- Chaikosis
- La Décima de Mahler por Harding
- El zoco de Columna Música (I)
- Joan Guinjoan
- Adolfo Salazar: Textos de crítica musical en 'El Sol'
- Acercándose a la teoría
- Las zarzuelas de Argenta (II)
- Théodore Dubois: Música de cámara
- Emociones en vivo
- Ernest Chausson: Música de cámara
- Homenaje a Chueca en voces infantiles
- Cien simplificadas biografías
- OpusMusica Jazz: Tony Bennett & Bill Evans, Brad Mehldau
- Puccini y el eterno femenino
Índices
Crítica de discos
El zoco de Columna Música (I)
Albert Ferrer Flamarich
Gónima, Pla y anónimos: ¡Sopla, Zéfiro blando! Cantatas del siglo XVIII. Cantata Ha del cielo, Sonata a tres en La menor nº III-16, Cantata ¡Solpa, Zéfiro blando!, Cantata Avecilla que corras. Camerata Catalana del siglo XVIII. Marta Rodrigo, soprano. Jordi Domènech, contratenor. Referencia: Columna Música, 1CM 0066, DDD, 2000. 1 CD, duración: 55:45.
Aragall en vivo: arias, romanzas y napolitanas de Bassani, Tosti, Bellini, Puccini, de Curtis, Sorozábal, etc. Jaume Aragall, tenor. Amparo García Cruells, piano. Sello: Columna Música. Referencia: 1CM0084, DDD, 1999. 1CD, duración: 52:06.
Entre el amplio catálogo del sello Columna Música, fielmente seguido desde esta plataforma, encontramos algunos discos que tuvieron menor repercusión y sobre los que no habíamos cubierto el expediente. Entre estos, hay alguna aportación al barroco catalán y un disco de una de las principales figuras de la lírica del siglo XX como es Jaume Aragall.
En el primer caso, a pesar del poco aprovechado minutaje (56 minutos!) y la limitación que ello supone para conocer un repertorio todavía en investigación y precaria difusión, se agradece la tarea musicológica y los criterios seguidos en las grabación de las obras de Gónima, Pla y anónimos. Hay una búsqueda de sonoridad específica en la instrumentación evidente en el bajo continuo (viola de gamba) y el color bucólico y penetrante de los oboes, en parte acentuados por una captación sonora que busca la proximidad espacial. Aspectos que no esconden una ejecución aburrida, cautelosa en exceso y monótona: un simple trámite testimonial, sin brío y que desemboca en el carácter funcional y poco creativo de las partituras. Son piezas agradables, cierto, pero utilitarias y carentes del embrujo händeliano e italiano y de la habilidad instrumental centroeuropea. A su vez tampoco gozan de la chispa insuflada por muchos conjuntos historicistas. La Camerata Catalana del siglo XVIII prima la cantabilidad y el melodismo por encima de la vivacidad rítmica mientras que en lo vocal los solistas gozan de buena línea de canto llegando a mostrar el giro hacia el estilo galante de perfiles teatrales de la cantata de Gònima. No obstante, los recitativos delatan el origen catalán de Marta Rodrigo y su bello timbre acusa una técnica sin una emisión totalmente proyectada y que, en consecuencia, adolece de contrastes en colocación y de registro. A su lado, el timbre más diáfano y técnicamente mucho más completo del contratenor Jordi Domènech hace justicia al estilo y la solvencia que lo caracterizan. Como es costumbre en Columna Música, la edición está cuidada y presenta documentadas notas de carpeta en tres idiomas, aunque sin traducción de los cantables.
El otro compacto lleva un título algo sensacionalista aunque certero para uno de los pocos discos de éste sello que acoge una figura histórica del canto, salvo la colección dedicada a Victoria de los Ángeles. Por lo tanto, este disco de Jaume Aragall es excepcional. Se trata de un recital brindado para el Quinto Congreso de la Sociedad Catalana de Trasplante que se celebró el 25 de enero de 1999 en el Real Monasterio de Pedralbes de Barcelona. En programa y con Amparo García Cruells al piano había una selección de conocidas napolitanas y algunas de las arias operísticas más emblemáticas de su trayectoria. No se puede negar que la voz, en esas fechas, muestra evidentes signos de fatiga e imperfecciones que humanizan al artista sin desangelar la sesión como lo demuestra la cálida respuesta del público, entregado y respetuoso –máxima contención de toses y sonidos de fondo-, al que el cantante recompensa con tres bis. A grandes rasgos, Aragall demostró que, superados los sesenta años, mantenía sus siempre elogiadas características de nobleza, belleza, elegancia y potencia vocales en un disco que no debería faltar en la discoteca de cualquier seguidor del tenor catalán. La captación del sonido es muy buena, quizá demasiado directa, mientras que la edición contiene unas protocolarias notas de carpeta dentro de la corrección que caracteriza la discográfica.
Escribir a Albert Ferrer Flamarich