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Concierto en Dresde

La joya de Dresde

Lorena Jiménez Alonso

Sächsische Staatskapelle Dresden. Lang Lang, Fabio Luisi

Sächsische Staatskapelle Dresden. Lang Lang, piano. Fabio Luisi, director. Rebecca Saunders: Traces. Frédéric Chopin: Concierto para piano y orquesta nº 2 en Fa menor, Richard Strauss: Eine Alpensinfonie, op. 64. Semperoper, 26 –VIII- 2009.

Hay una orquesta en el mundo que ocupa un lugar especial: Sächsische Staatskapelle Dresden. Una orquesta con más de cuatro siglos y medio de historia (El 22 de septiembre cumplió 461 años). Como dice su director honorario Sir Colin Davis: «La orquesta que ha sobrevivido a todo—y a todos— sin dejar de ser orquesta». Orquesta de ópera desde el siglo XVII, ha realizado numerosas giras por los auditorios más famosos del mundo y, sus múltiples grabaciones certifican el por qué de su gran reputación. La única orquesta que cuenta con el Premio Europeo a la Conservación de la Herencia Musical Mundial (Bruselas 2007), y una de las diez mejores orquestas del mundo, según la revista británica Gramophone. Entre su extraordinaria relación de directores figuran nombres como: Weber, Wagner, Reiner, Busch, Böhm, Kempe, Blomstedt, Sinopoli, Haitink… Vivaldi, Bach, Schumann, Wagner, Liszt, R. Strauss, Hindemith, Weill, entre otros, compusieron muchas de sus obras para ser estrenadas por la Staatskapelle Dresden.

Dirigida por su actual titular y director musical de la Sächsische Staatsoper: Fabio Luisi (Génova 1959), la legendaria orquesta inauguró la temporada en la sala de conciertos de la Semperoper, con un programa dedicado a Richard Strauss (muchas de sus obras fueron estrenadas por la Staatskapelle Dresden bajo su batuta), Chopin y, el estreno absoluto de la versión revisada de: “Traces” de  Rebecca Saunders.

La música de Saunders –su primer trabajo para la orquesta– abrió la primera parte del programa. La joven compositora británica es la actual Capell-Compositeur de la Staatskapelle Dresden, título que se remonta a la corte de Sajonia, rehabilitado por Fabio Luisi. “Traces” es una obra para orquesta de cámara, con una plantilla instrumental —ampliada para el estreno de Dresde— formada por 2 oboes, 2 clarinetes, clarinete bajo, 2 trompetas, 2 trombones, percusión, piano, arpa, acordeón y cuerda. Es un juego entre el sonido y el silencio, entre la luz y la oscuridad. La propia autora cita a Beckett y Calvino: «la palabra une lo visible con lo invisible, como un frágil y tenso puente que nos salva sobre un precipicio ante el vacío». La música emerge del silencio en el primer movimiento, en una especie de murmullo, el sonido de los contrabajos (según sus propias palabras, fue el sonido oscuro de los contrabajos de la Staatskapelle Dresden, del que se confiesa fascinada, el punto de partida de su nueva versión) parece surgir de la nada para reforzarse con la resonancia de los demás instrumentos, y vuelve a desaparecer. Gran parte del atractivo de la obra (15 minutos de duración) está determinado por el silencio, interrumpido por secuencias de acordes, arcos sul ponticello, armónicos, glissandi, Pizzicati Bartok, clusters… La exploracióndel sonido y su ordenación en el tiempo, se traducen en una narración emergente, que exhibe la mayor preocupación de la autora: la complejidad tímbrica. Estar presente y estar ausente, acción y pasividad «con la música se pueden esclarecer estas fronteras, esto es para mí lo interesante en el arte» dice la autora, para quien la obra en su totalidad, surge de la nada y es un objeto sonoro independiente y autónomo, que el oyente debe de completar. Una obra introspectiva, defendida con solvencia por la orquesta —poco habituada a técnicas de notación contemporáneas—, pero que no sedujo al público de Dresde.

Un público, que una vez más, desplegó todo su entusiasmo con Lang Lang. Dresde ama a Lang Lang, las entradas se agotan con meses de antelación cada vez que el famoso pianista visita la ciudad sajona. En esta ocasión, el público, puesto en pie, ovacionó con sonoros aplausos su interpretación del Concierto para piano y orquesta nº 2 en Fa menor de Chopin, tan denostada por algunos puristas. A pesar de su repertorio de gestos físicos, su aspecto poco convencional, su estatus de superestrella, su pasión interpretativa —que muchos tachan de afectación—, su teatralidad, que tanto molesta a sus detractores, resulta casi imposible no admirar lo que Lang Lang hace al piano. Devoto confeso de Chopin y de la Staatskapelle Dresden, Lang Lang lideró toda la obra tras la convencional alternancia de secciones de tutti y solo del Primer movimiento (Maestoso), apoyado en una orquesta de lujo, y realizó una excelente interpretación con impecable digitación, exquisito fraseo y expresivos rubatti; su mazurca del movimiento final (Allegro vivace) sonó fresca, bailabl, sin embargo, no gustó a determinados críticos, habituados a versiones de referencia más conocidas, que tacharon el segundo movimiento (Larghetto) de demasiado romántico.

La orquesta –subordinada al instrumento solista en Chopin– sonó poderosa y brillante (prodigiosa la fuerza de su cuerda y los magníficos metales) en el poema sinfónico para gran orquesta escrito por el compositor muniquense, evidenciando, una vez más, por qué es considerada la orquesta straussiana por excelencia. Fabio Luisi conoce muy bien la partitura y hace una lectura clara, ordenada, ágil, perfectamente matizada –resaltando los momentos líricos–, de la colosal y exigente  “Sinfonía Alpina”.

Fotografía cortesia Sächsische Staatsoper Dresde © by Matthias Creutziger

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