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El Ballet de Bolshoi en el Teatro Real

Espartaco conmueve al público del Teatro Real

Alicia Perris

Espartaco

Espartaco, de Aram Jachaturián, ballet en tres actos por el Teatro Bolshoi de Rusia. Coreografía: Yuri Grigorovich. Escenografía y vestuario: Simon Virsaladze. Dirección Musical: Pavel Sorokin. Espartaco, Pavel Dmitrichenko. Craso, Yuri Baranov. Frigia, Anna Nikulina. Aegina, María Aleksandrova. Teatro Real de Madrid, 8 de septiembre de 2009.

Con el aforo completo, esta vez sin excepciones, la velada fue celebrada en pie y con muchos aplausos y emoción por un público entregado. La historia de Espartaco, como personaje real de la Roma antigua y como ballet, ha recorrido una trayectoria fascinante. La versión del día martes 8-9-09 contó con unos bailarines al límite del esfuerzo, que dieron un color y una pátina psicológica a sus personajes bastante inusual. Espartaco, con una agilidad adecuada en un gladiador, dio calidez al contexto en el que se movió, en compañía de su partenaire, Nikulina, en el papel de Frigia, sencilla, etérea, casi irreal y evanescente.

En el otro ángulo de la concepción balletítstica, el dúo Craso (muy en su figura de romano sin prejuicios, duro, aprovechado, resuelto, con su gladius en alto marcando un destino imprevisible) y de su pareja, Aegina, resultó sorprendente. Aegina exhibe un rol casi masculino, fiero  en el fondo, la mano dura que toma decisiones y organiza al ejército de Craso contra los sublevados. Una mujer sáfica, que cuando baila con la enseña fálica de Roma, estremece, inquieta. La imaginamos con su pecho cortado, como a sus hermanas las amazonas, tensando el arco para abatir la presa. Pero infinitamente erótica, insinuante y sensual.

El espectador está convencido de que los romanos ganarán como casi siempre, sino todas las batallas, la victoria final en este guerra. Espartaco fue llevado dos veces a la pantalla grande, la primera vez con Kirk Douglas como el líder de los esclavos del Sur de Italia, la segunda para televisión, con Goran Visjinc como Espartaco. Todo el mundo conoce y se sorprende ante este intento de rebelión que en el siglo I A.C., organizó un ejército de esclavos contra la poderosa Roma. Las lenguas afiladas de los expertos (que casi siempre aciertan) señalaron la rebelión de los esclavos como el comienzo de fin de Roma. Aunque quedaba pendiente todo el Imperio. SPQR. El Ballet del Boshoi intuyó, captó y plasmó de maravilla esta constelación histórica. El final de la república se presenta en este ballet como una sociedad ambiciosa y expansiva apoyada en el ejército, rudo, de una sola pieza, decadente, amante de las orgías y el otium, mientras el negotium lo impulsaban los esclavos, un universo reticular donde todo estaba planificado, medido y sopesado, como demostró hace décadas la historiografía meticulosa  y alternativa  de Kovaliov.

Espartaco, de Aram Jachaturián

Grigorovich es pura sensibilidad en su arquitectura coreográfica, tradición y fuerza, un respetable artista que ama a los jóvenes, siempre dúctiles y dispuestos a dar lo mejor de sí mismos. Los tours y grands jetés de Dmitrichenko encogieron el corazón de los presentes, igual que los tours en l´air del Craso de Baranov, la Frigia de Nikulina endulzó la noche cálida de Madrid que se respiraba en la plaza en los entreactos, pero la más ovacionada fue, como se dijo, Aegina, bailada, vivida y sentida por una María Aleksandrova con la fogosidad de su interpretación y de su técnica.

Por momentos, la música, orientalizante, a veces casi española, el vestuario, precioso y la coreografía, recordaban a Bob Fosse y su añorada e inefable “All that jazz” (comienza el espectáculo), para regresar con rapidez a la ortodoxia de la mejor tradición de la danza rusa. Y poco después, vuelta a empezar. La luminosidad del cambio, de la sorpresa, de la seducción más acabada.

No hay cómo agradecer esta vez la solicitud y disponibilidad del Departamento de Prensa del Teatro, que nos permitió gozar del espectáculo con amplitud, con entusiasmo, con una entrega artística y vivencial sin condiciones. El Bolshoi volvió a ser, sigue siendo lo que era: un gran proyecto, lleno de compromiso, de vida, de rigor creativo. Otra noche mágica que derramó por igual duende y talento, savoir faire, en el Teatro Real.

Fotografías cortesía del Teatro Real © 2009 by Javier del Real

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