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Crítica de discos

Joan Guinjoan

Adolfo del Brezo

Gaudí, ópera en dos actos con libreto en catalán de Josep Maria Carandell y música de Joan Guinjoan (1931). Interpretes: Robert Bork (Gaudí), Vicente Ombuena (Alexandre), Elisabete Matos (Rosa), Francisco Vas (Mateu), Stefano Palatchi (Josep), Orquesta Sinfónica y Coro del Gran Teatro del Liceo de Barcelona, Josep Pons (director). Dirección de escena: Manuel Huerga. Realización: Xavi Bové. Grabación en directo en el Gran Teatro del Liceo de Barcelona el 10 de noviembre del 2004. Primera grabación mundial. 1 DVD, sello: Columna Música, ref.: 1CM0211. Extras: Vídeo "La Pedrera" de Barcelona; Making-off; Trailer de la película "Gaudí" de M. Huerga; Ballet "El Trencadís". Subtítulos en catalán, español e inglés.

Joan Guinjoan: Música de cámara. Intérpretes: Trio Kandinsky (Corrado Bolsi, violín; Amparo Lacruz, violonchelo; Emili Brugalla, piano). Sello: Columna Música, ref.: 1CM0217. Duración CD: 68'15''.

Gaudí

La reciente edición por el sello Columna Música de un DVD y un CD dedicados a la obra de Joan Guinjoan (Riudoms, Tarragona, 1931), compositor galardonado con el Premio Tomás Luis de Victoria, nos ofrece la posibilidad de conocer más a fondo la obra de este creador en campos tan diversos como son la ópera y la música de cámara.

Sin obviar la indudable entidad de la música de Guinjoan y su indiscutible altura como compositor, tras el visionado del DVD con su ópera Gaudí —encargo oficial para los Juegos Olímpicos de 1992— hay que lamentar que ésta en su conjunto resulte endeble; no en lo estrictamente musical, pues su música posee sobrada calidad, sino en cuanto a lo que se espera de un género como el operístico, que consiste en la unión de teatro y música. La música de Gaudí se mueve dentro del universo sonoro expresionista: transmite angustia, inquietud, desorientación y misterio casi en todo momento de la ópera, independientemente del carácter de las palabras a las que va unida. Esto constituye el primer factor de falta de unidad: la aparente ausencia de simbiosis entre el carácter de las palabras y el de la música. A veces uno tiene la sensación de que se hubiera embutido el texto y la dramaturgia en un tipo de lenguaje sonoro preexistente, independientemente de que la acción y el texto se refieran a política, arquitectura, temas sociales o a lo humano y a lo divino. Todo ello crea una sensación de separación entre música y palabra, de artificiosidad en el ensamblaje de música y texto que resta autenticidad al resultado final.

El otro punto débil de la obra es que su libreto es una sucesión de escenas sin aparente progresión dramática de la acción. Escenas engarzadas unas con otras en torno a la figura del gran arquitecto catalán como eje, en las que más que hechos y acción encontramos comentarios sobre hechos y sobre acciones que a menudo suceden en el exterior; hay también monólogos, reflexiones e intercambio de opiniones entre los distintos personajes sobre temas que tienen que ver con hechos políticos, sociales, artísticos y religioso del tiempo y lugar en el que transcurre la ópera, pero en los que no encontramos verdadera acción dramática en un primer plano del libreto. Se supone que la acción teatral debería ser algo más que una escena, como la que cierra el primer acto, en la que el personaje protagonista muestra su furia y su ira destrozando mobiliario y arrojando objetos al suelo, e invocando a una tormenta que recuerda de los tiempos de su juventud. Por otro lado, gran parte de las reflexiones que abundan en el texto no consiguen trascender más allá del escenario. Se podría decir que en general Gaudí, desde el punto de vista del libreto, es más reflexión que acción, y esto, en el género operístico, es una opción muy arriesgada.

Por otro lado la creación de Joan Guinjoan no renuncia a las convenciones del género operístico, como el aria de Rosa "Somnio un parc romàntic", o como el ballet "Trencadís" insertado al final de la escena primera del segundo acto. Ballet con una música muy interesante y bien construida pero que no hace sino incidir en la sensación general de ausencia de coherencia del todo. La música de Gaudí en general es cantable en el sentido de que no lucha contra las voces sino que está escrita a favor de ellas, lo cual constituye sin duda un punto a su favor en medio del despiste que muchos compositores actuales muestran al componer para la voz.

Sin entrar a comentar la labor de los intérpretes de forma pormenorizada, hay que certificar el gran trabajo de todos ellos: cantantes, ballet, orquesta, coro y director. La parte escénica hace lo que puede —que no es poco— por levantar una obra de tan escasa enjundia dramática, logrando un más que loable resultado final en su conjunto. Finalmente hay que destacar el esfuerzo del Gran Teatre del Liceu de Barcelona por su apoyo a la creación contemporánea, pese a que la ópera elegida en este caso resulte de difícil inserción en el repertorio y sea previsible una difícil aceptación de la misma por parte del público. Los aplausos meramente de compromiso por parte del publico del Liceu al final de la función así lo corroboran. El principal mérito de esta loable producción videográfica es precisamente el de dejar constancia —por medio de un alto nivel artístico y de producción—de un intento, con sus logros y sus desaciertos. Respecto a éstos últimos, es de justicia hacer notar que tanto la escasa enjundia dramática del libreto como la sensación de disociación entre el carácter de la música y el de la escena son defectos que encontramos a menudo en óperas bien instaladas en el repertorio más convencional.

Joan Guinjoan: Música de cámara

El Trio Kandinsky, integrado por Corrado Bolsi (violín), Amparo Lacruz (violonchelo) y Emili Brugalla (piano), es el protagonista del CD dedicado a la obra camerística de Guinjoan. Música pura donde las objeciones dedicadas anteriormente a su ópera no tienen en absoluto cabida, pues se trata aquí de un género en el que el compositor de Riudoms muestra sin tapujos lo mejor de su arte compositivo. Comienza el disco con el Passim Trio, obra en un único movimiento que recorre de principio a fin el tema del Dies Irae con numerosas variantes de carácter que van desde lo dramático hasta lo humorístico. El Trio Kandinsy ofrece una versión muy notable de esta obra que es la única obra del disco en la que los miembros del trío al completo actúan juntos. La Elegía para violonchelo solo, introspectiva y lamentativa, es un recuerdo de la muerte de la madre del compositor. Hay que hacer constar un error de minutaje de esta obra, que no dura 2'35'' como consta en la carpetilla del CD sino algo más de diez minutos. Jondo, para piano solo, es una muy personal y original recreación el lenguaje del cante jondo, interpretada con convicción y buenos medios por Emili Brugalla, que logra ofrecer la pieza en un único gran arco expresivo desde el principio al final. Más deslavazada resulta Duo, para violonchelo y piano, de 1970, la obra más temprana de cuantas integran esta grabación. De parecida época (1972) es Retaule, para violín y piano, ejemplo de la "tendencia constructivista" de Guinjoan. Broche de oro de este disco es Aniversari, para violín y violonchelo, obra de escritura microtonal  que cautiva al oyente por las fascinantes sonoridades que emanan de los dos instrumentos de cuerda, compuesta para celebrar los 25 años de actividad artística de Lluís y Gerard Claret. Las diferentes formaciones y combinaciones instrumentales de la música de cámara de Guinjoan constituyen un apropiado vehículo de lucimiento para los miembros del Trio Kandsinski, que vuelven aquí a mostrar su calidad interpretativa al igual que lo hicieron en su anterior trabajo, para el mismo sello, un interesante CD titulado "Schönberg i Barcelona".

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