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Índices
Festival de Bayreuth
Los cabezudos de Nuremberg
Ovidi Cobacho Closa
Die Meistersinger con Nürenberg, Alan Titus (Hans Sachs), Artur Korn (Veit Pogner), Adrian Eröd (Beckmesser), Klaus Florian Vogt (Walther), Norbert Ernst (David), Michaela Kaune (Eva), Carola Guber (Magdalene); Orquesta y coros del Festival. Dirección musical: Sebastian Weigle. Dirección escénica: Katharina Wagner. Festival de Bayreuth, 26-VIII-2009.
La reposición de la producción de los Maestros cantores de Nuremberg de Katharina Wagner, bisnieta del compositor y flamante directora, junto a su hermanastra Eva, del Bayreuther Festspiele, sembró nuevamente la polémica en la Festspielhaus. La Wagner eleva la reflexión acerca del arte de los cantores a un absoluto artístico, extendiendo sus implicaciones al terreno de lo religioso y de lo político.
El joven Walther (que no tiene aquí nada de aristocrático) se nos presenta como una especie de grafitista compulsivo, con virulentos arranques de agresividad, para reaparecer más tarde, en el tercer acto, convertido en un apuesto, elegante y refinado cantor. El escribano Beckmesser, aquí el más joven del reparto, sufrirá a su vez una transformación en el tercer acto: de un rancio y repelente cantor a un showman desbaratado. Hans Sachs es el único personaje que va descalzo todo el primer y segundo actos, a pesar de propiciar una auténtica lluvia de zapatos en la escena final de este último, y los maestros cantores danzarán como cabezudos en el desfile del tercer acto. Walther, tras su victoria en el certamen, renuncia al laurel y el coro culmina su entusiasta canto al sagrado arte alemán ante la imagen de un ciervo (becerro) de oro. Un sinfin de ideas e imágenes, algunas simbólicas y otras más bien caprichosas, se van solapando, yuxtaponiendo, transformado y acumulando, hasta el punto de dificultar, premeditadamente, una lectura clara y nítida de la propuesta escénica. La polémica, pues, estaba servida y así se tradujo en la respuesta del público: sonoros abucheos y entusiastas aplausos.
Entre los roles principales, destacó el excelente David de Norbert Ernst, de grato timbre y elegante canto. Alan Titus defendió con intensidad y nobles acentos el inclemente rol de Hans Sachs, aunque, en el tercer acto, después de unas brillantes intervenciones en los dos primeros, acusó un cansancio evidente. Adrian Eröd encarnó un memorable y simpático Beckmesser, intensamente aplaudido por el público al finalizar la función. Klaus Florian Vogt (Walther) lució una voz bonita y una exquisita línea de canto, apenas manchada por alguna leve calada en el agudo. Michaela Kaune fue una digna Eva, así como también Carola Guber (Magdalene) y Artur Korn (Pogner). El Festspielchor y el Sonderchor, bajo las órdenes de Eberhard Friedrich, bordaron una interpretación francamente excepcional en todas sus intervenciones.
Sebastian Weigle demostró, como ya se pudo intuir esta temporada en los Maestros del Liceu, su absoluto dominio del repertorio wagneriano, ofreciendo aquí, al frente de la orquesta wagneriana por antonomasia, una lectura generosa y fluida, rica en de talles y matices, y siempre perfectamente concertada con la escena.
Fotografías cortesía Festival de Bayreuth ©Enrico Nawrath
Escribir a Ovidi Cobacho Closa