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Festival de Bayreuth

Un Parsifal de Antología

Ovidi Cobacho Closa

Parsifal

Parsifal; Detlef Roth (Amfortas), Kwangchul Youn (Gurnemanz), Christopher Ventris (Parsifal), Thomas Jesatko (Klingsor), Mihoko Fujimura (Kundry), Diógenes Randes (Titurel); Orquesta y Coro del Festival de Bayreuth. Dirección musical: Daniele Gatti. Dirección escénica: Stefan Herheim. Bayreuther Festspiele, 27-VIII-2009.

En la penúltima función del Bayreuther Festspiele se ofreció una nueva representación del Parsifal del noruego Stefan Herheim (estrenada el pasado 2008), una de las producciones más bellas e inteligentes que se han podido ver en Bayreuth los últimos años. Herheim plantea una revisión profunda del “festival escénico sacro”, tanto en horizontal como en vertical. A modo de sueño, dentro del marco de Wahnfried (la que fuera la casa de Wagner en Bayreuth, hoy convertida en museo), se van sucediendo los más truculentos episodios de la historia contemporánea de la nación alemana (Imperialismo, 1ª Guerra Mundial, Nazismo, 2ª Guerra Mundial, posguerra). La tumba de Wagner (en primer término y proyectada hacia el foso) y una cama central presiden un escenario en constante transformación. La narración de Gurnemanz, la exposición de Amfortas, las revelaciones de Kundry, todo el primer acto aparece ilustrado con un exquisito sentido plástico mediante el uso exquisito de la iluminación (Ulrich Niepel), una escenografía que recrea constantemente nuevos ambientes (Gesine Völlm) y el uso de ingeniosas proyecciones (Momme Hinrichs/Torge Moller).

En el segundo acto, Wahnfried es convertida en un hospital donde se acumulan los heridos de la Primera Guerra (soldados caídos/caballeros seducidos) bajo el cuidado de las enfermeras/muchachas-flor; después de resistir la tentación del cabaret de las muchachas y Kundry, Klingsor reaparece amenazante, bajo la nueva estética nazi. En el tercer acto, las ruinas de Wahnfried y los desechos de la cama sirven para ilustrar la decadencia (posguerra) de la orden del Grial, dejando paso a la escena final, recreada como el parlamento alemán bajo un gran espejo, a modo cúpula invertida, que acabará reflejando al mismo público de la sala. Multitud de referencias y asociaciones, sabia e inteligentemente elaboradas, van tejiendo, con exquisita prosa poética, la evolución de un drama que trasciende mucho más allá de la historia de los caballeros del Grial.

Festival de Bayreuth: Parsifal

Contribuyó al éxito de esta producción, la brillante prestación del equipo de intérpretes del reparto. Kwangchul Youn fue un intenso y noble Gurnemanz, tanto en su faceta vocal como actoral. Christopher Ventris, a pesar de no ser un heldentenor a toda regla, encarnó un digno y loable Parsifal. El Amfortas de Detlef Roth supo imprimir la necesaria entidad dramática que el rol requiere, así como también Thomas Jesatko, un Klingsor de impecable interpretación. Mihoko Fujimura (probablemente la primera japonesa en abordar roles de compromiso en Bayreuth) alumbró una deliciosa Kundry, de canto exquisito y envidiable prestación escénica. Completaron el reparto unas dignísimas muchachas-flor (alguna lució un portentoso instrumento), así como el intachable Titurel de Diógenes Randes.

El broche de oro lo puso la excelente batuta de Daniele Gatti al frente de la orquesta titular. Fluidez discursiva, exquisitez en el matiz, transparencia en las texturas, intensidad y dilatación en los tempi, se aunaron, desde los primeros compases del preludio, en una antológica interpretación de la última partitura wagneriana. Desafortunadamente, por motivos de presupuesto técnico, parece que por el momento no está confirmado el registro en DVD de esta producción, un proyecto que sería artísticamente envidiable.

Fotografías cortesía Festival de Bayreuth ©Enrico Nawrath

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