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Crítica de libros
Puccini y el eterno femenino
Alicia Perris
Título: Puccini y el Eterno femenino. Homenaje a Giacomo Puccini en el Centenario de La Bohème. Autor: Octavio Aceves. Editorial: Huerga y Fierro Editores, Murcia 1996. Nº de páginas: 144. ISBN: 8488564791.
Esta vez en una edición bilingüe español-italiano, el autor, Octavio Aceves —“doctor en Psicología y Parapsicología, viajero incansable y escritor multifacético, su talento e inquietudes le han llevado a abordar con éxito todos los géneros literarios, desde su inicial obra poética, hasta obras de investigación histórica”— presentó en su día “La Pasión de María Malibrán” y en esta obra dedica su esfuerzo a la legendaria figura del maestro de Lucca, Giacomo Puccini. Un compositor profusamente estudiado, Opusmusica publicó hace poco tiempo la reseña de la última versión para televisión de la vida personal y creadora de Puccini, con sus luces y sombras. Porque efectivamente, el maestro, juerguista, cazador, enamoradizo, de un talento musical inmenso, dejó una huella profunda en la música de ópera de finales del siglo XIX y principios del XX.
Podría decirse más que nunca de este músico de Lucca, donde tiene su casa natal y un teatro donde se representan siempre sus obras, que compartió su vida entre viajes y escapadas a Viareggio y Torre del lago, entre otras ciudades, donde se dedicaba a componer, estar con los amigos y al laborioso y complicado esfuerzo de “cherchez la femme”. Según aparece en la obra de Aceves en una cita de Murger, “la bohemia, es el periodo de ensayo en la vida de un artista, la etapa previa a la Academia, a la gloria o a la mugre”. Y a menudo el autor de Turandot y Madame Butterfly se vio salpicado por los escándalos que se organizaban alrededor de una vida privada a veces vivida con extremada ligereza cercana al escándalo.
No es una casualidad que sus grandes heroínas operísticas sean mujeres, para las que tenía dedicación y predisposición sin igual, porque según comentaba Alma Mahler, el maestro era muy bien parecido y con una curiosa capacidad de seducción. ¡Y parece ser que sus conquistas fueron legión!
Una cuidada dedicación se ofrece por parte del autor a las relaciones amistosas y profesionales del compositor de La Bohème con Ricordi, el editor y Giacosa e Illica, sus inseparables cómplices en la creación operística. El libro cuenta al final de la edición española con una guía cronológica y una extensa bibliografía y está profusamente ilustrado con fotos y carteles de la época pucciniana. Dando la vuelta al libro, al final de la parte en español, comienza la traducción de la versión en italiano, ofreciendo una lectura “a la carta”, original y novedosa.
La muerte de Puccini, como consecuencia de su enfermedad, durante la que se hizo todo por enjugar el cáncer con los conocimientos que se tenían de este mal en su tiempo, fue también emblemática. La vida le dio tiempo (aunque nunca es suficiente ni carente de dramatismo) para prepararse para la muerte. Pero dejó un repertorio inefable en la historia de la ópera. Querido por sus admiradores o criticado por sus detractores, Puccini tiene ganado un lugar en la historia de la música y en el corazón de todos los románticos vividores con inspiración.
¿Cómo superar ese enamoramiento nostálgico y entregado de Butterfly, tan pucciniano y tantos otros, cuando avistando la nave en el puerto que le trae a Pinkerton de vuelta al hogar, pero casado y comprometido, canta:
“Un bel dì vedremo
levarse un fil de fumo
sull´estremo confin del mare,
e poi la nave appare.
Poi la nave bianca
Entra nel porto, romba
Il suo saluto- Vedi?
Egli è venuto!”
Es el desgarro del amor no correspondido y disfrutado y robado a veces que conoce Puccini, la intensa espera del amado infiel siempre frustrada, la soledad, la muerte inenarrable de la mujer traicionada y abandonada. Los fulgores y el deslumbramiento efímero de un Japón descifrado con superficialidad para occidentales rendidos a la fascinación de un Oriente desconocido, irreconocible y vanamente fantaseado. Muy suyo.
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