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Crítica de discos
Un coupage equilibrado por los años
José Antonio Tello Sáenz
Johann Sebastian Bach: Seis Partitas, BWV 825-830. András Schiff, piano. ECM Records GmbH, 2009. 2-CD/ TT: 132:22. Ref. 4766991.
Decía Jaime Gil de Biedma en un par de versos de su memorable poema Pandémica y Celeste, que “en amor también / es importante el tiempo”, un también encabalgado y definitivo para resaltar la transformación de la pasión por la experiencia, en victoriosa comparación con su origen. ¿Y qué se supone qué es sino una relación amorosa la que mantiene un solista con su repertorio? Una relación que se va calibrando en la longitud de su sombra creciente. Desde luego, este caso en concreto lo es incuestionablemente, cuando el propio András Schiff cataloga la falta de amor - que, como todo enamorado, encuentra “difícilmente creíble”- como la primera de las posibles razones que explicarían un ayuno de Bach. “La vida de un músico sin Bach es como la vida de un actor sin Shakespeare”, ha dejado escrito el maestro (1) . Más de ocho años le llevó grabar la integral de la obra para teclado de Bach en Decca, y cuando grabó estas Seis Partitas por vez primera no había cumplido aún los treinta.
En aquel momento esta música manaba inconstante, fresca y melosa, tímida y acelerada, demasiado reverberada, siempre a un punto de la peligrosa solemnidad romántica –a varios del Bach de Gould, aclaremos con urgencia, cuya audición le irrita públicamente (2) - y custodiada por un excesivo intimismo que parece mecerse en los brazos extraños del teclado moderno. Entendida la distancia técnica y conceptual que separa las dos interpretaciones, la evolución ineludible que evidencia, es imposible imaginar a otro Schiff más acertado que el nos trae esta grabación, con la justa reducción del abanico sonoro que el piano debe conceder a estas partituras y sin el sacrifico de la tecla delicada. Puro equilibrismo. Podríamos decir que estamos ante dos pianistas diferentes, ambos muy virtuosos -el de ahora lo es más, no cabe duda- pero con la mirada prendida en distintos paisajes. La escucha paralela de ambos registros produce un goce amplificado por su contraste brutal, dejándonos otro mantra de epítetos con el que abarcar el presente trabajo. Ahora el fraseo es magistralmente dominado, maduro y perfeccionista, vivo y embriagador, comunicativo y delicado, percusivo y orgulloso, iluminado por una luz de transparencia extraordinaria. El mapa queda perfectamente delineado, y es un placer sublime sentir cómo es atravesado por este galope de progresiones melódicas.
Quienes hayan disfrutado de idéntico programa en fechas más cercanas (esta grabación en concierto se hizo en septiembre de 2007 y yo lo escuché cuatro años antes en el madrileño Teatro de la Zarzuela), sentirán milagrosamente recuperado el recuerdo y se explicarán por qué desde entonces quedaron eclipsados sus discos. Una referencia absolutamente definitiva.
(1) Extraído de las notas del propio pianista al programa general del Ciclo Extraordinario “El Piano de Johann Sebastian Bach”, celebrado entre febrero y mayo de 2003 en el Teatro de la Zarzuela en Madrid
(2) ”Me irrita el Bach de Glenn Gould”, en una entrevista con el musicólogo Luis G. Iberni publicada por El Cultural el 5-6-2002.
Escribir a José Antonio Tello Sáenz