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Crítica de discos
Algo más de Berlioz
Albert Ferrer Flamarich
Berlioz: Oberturas de concierto. SWR Sinfonieorchester Baden-Baden und Freiburg. Dir.: Sylvain Cambreling. Referencia: Hänssler Classic 93201 (1CD), DDD. Duración: 71’36”.
Berlioz: Lélio o El retorno a la vida; Obertura El carnaval romano; Hélene Op.2 nº 2. Gert Henning-Jensen, tenor. Sune Jerrild, tenor. Jean-Philippe Lafont, narrador. Danish National Choir. DR. Danish National Symphony Orchestra/DR. Thomas Dausgaard, director. Referencia: Chandos 10416, DDD, 1 CD, 2007. Duración: 69:37.
He aquí un ejemplo de compositor, Berlioz, que aún con mesiánicas labores de prestigiados directores como Sir Colin Davis, sigue sin ser un epicentro de programación. Su enorme dificultad obliga, guste o no, a abordarlo sólo con garantías. De lo contrario, la sombra de la mediocridad le resta bastante estela. Así se puede apreciar en este registro de Sylvain Cambreling al frente de la SWR Sinfonieorchester Baden-Baden und Freiburg. Si bien logra un sonido depurado y con nitidez en la articulación del fraseo, los resultados son evidentes pero algo previsibles y poco arriesgados. Sin excesos. Cambreling no infunde la necesaria vitalidad rítmica y apenas hay momentos vertiginosos y centelleantes, por lo que domina un poso de complacencia apolínea poco incisiva, sin refuerzo de algunos de los peligrosos efectos (trémolos de metal que cierran la op. 9) ni las tensiones del lenguaje del compositor francés.
No se profundiza en que Berlioz representa la orquesta moderna, la vanguardia francesa –y buena parte de la europea- de la primera mitad del siglo XIX. Por ello, seguramente de la lectura de estas oberturas de concierto, las más logradas son Waverley op. 1, El carnaval romano op. 9 y Le corsaire op. 21. La primera, menos avanzada y de desarrollo dramático inferior y las dos últimas, piezas de repertorio a pesar de su dificultad pero cuyos efectos son más agradecidos para los ejecutantes. No sucede así en Les francs-jugues op. 3 que resulta poco sombría y amenazante en los trombones, poco vistosa (en los crescendi y tutti) o decidida (coda). Con la dualidad (señalada por el autor) entre la aspereza y violencia de las cuerdas y la dulzura de flautas y clarinetes notablemente rebajada, cuesta percibir la partitura como el antecedente que es del último movimiento de la Sinfonía Fantástica. Atención, no obstante, a su pasaje acompañado para bombo (des de 7’50” a 8’26). ¡El primero de la historia!
Le Roi Lear op. 4 peca de lo mismo, lo que siendo la más larga no le favorece dramáticamente –¡qué lejos queda el brío de Mitropoulos!-, aunque compensa por la densidad del conjunto, la nobleza de los materiales y cierta familiaridad con el futuro poema sinfónico –no programático- que emanan de ella. Otra de las infrecuentes, Rob Roy, mejora en color –aires campestres-, aunque su sección céltica con el plenamente romántico corno inglés secundado por el arpa podría ser más expresiva. A su vez, los dificilísimos acentos dinámicos de la danza del allegro inicial requieren mayor matiz. Aspectos que no estropean la lectura de una pieza que adolece pobreza de los materiales y que levanta el vuelo en el final, a partir de la reexposición de las fanfarrias de trombones y fagotes. Con la ausencia de las oberturas operísticas Benvenuto Cellini y Beatrice et Benedict, el disco interesa por la reunión de las piezas. Una opción recomendable para los melómanos que no estén familiarizados con ellas, aunque difícilmente será una preferencia para los que se precien de berliozianos.
Otro de los escasos discos recientemente dedicados al compositor francés está en la línea del sello Chandos que a menudo presenta obras sin una saturación discográfica como sucede con Lélio o el retorno a la vida de Berlioz. Esta es una correcta lectura de la orquesta y coros daneses con su titular, Thomas Dausgaard, que asume el idiomatismo berlioziano con oportunos puntos de angustia y tenebrismo pero reflejan poca fe en la obra. Gert Henning-Jensen (Horatio) es insuficiente pese a la calidez vocal: le falta apoyo y por ello emite golpe de glotis, ascensos al agudo estrechos y su línea de canto resulta destimbrada e irregular. Sune Hjerrild (Voz imaginaria de Lélio) es más convincente aún con una emisión nasal, el color mate del timbre y cierta dificultad en el agudo. De los tres solistas el satisfactorio es Jean-Philippe Lafont como narrador (Lélio) y Capitán.
Mayor atención merece el fragmento con coro masculino que es Hélene op. 2 núm. 2 y la obertura de El carnaval romano. En esta la orquesta no cae en la espectacularidad gratuita y ennoblece la vertiente más brillante y melódica frente a la excitante y carnavalera del “saltarello”, sobretodo con un cuidado fraseo. No obstante, desdibujan algunas dinámicas de los pasajes festivos y no marcan suficiente los trémolos de los vientos en los acordes conclusivos. Un efecto de gran modernidad en la época que satisfacía mucho a Berlioz.
Escribir a Albert Ferrer Flamarich