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Crítica de discos

M. Blancafort y R. Lamote: Dos conciertos para piano y orquesta

Joaquim Zueras Navarro

Manuel Blancafort: Concierto para piano y orquesta en la menor nº 2 “Ibèric”; Ricard Lamote de Grignon: “Tríptico de la piel de toro”, para piano y orquesta. Daniel Blanch, piano; Podlasie Philarmonic Orchestra; Marcin Nalecz-Nielsiolowski, director. Columna Música, ref.: 1CM0204.

Manuel Blancafort: Concierto para piano y orquesta en la menor

El padre de Manuel Blancafort era el dueño del prestigioso balneario del mismo nombre, situado en la Garriga (Barcelona). El lugar era frecuentado por personalidades de la época, como Santiago Rusiñol, Josep Carner, Franesc Cambó, Jacint Verdaguer, Eugeni d´Ors y Frederic Mompou. Hombre siempre inquieto, en 1905 se le ocurrió crear una fábrica de rollos de pianola, animando a su hijo, que ya tenía algunas nociones musicales, para que transcribiera las partituras a los rollos. Aunque Manuel Blancafort seguiría más tarde estudios con Joan Lamote de Grignon, su aprendizaje se derivó de la necesidad de complacer a su padre en esta curiosa tarea, en la que no faltaban piezas orquestales que Blancafort tenía que reducir y, por tanto, de la observación adquiría amplios conocimientos.

Además, el balneario era frecuentado por melómanos y se celebraban veladas musicales en las que Blancafort moldeaba su gusto estético, en particular tras las audiciones de Mompou. Blancafort seguía de manera autodidacta los métodos de piano de François A. Gevaert y de Nikolai Rismky-Korsakov y adquirió un notable dominio del instrumento. En 1923 la fábrica iba viento en popa y Blancafort viajó a París y a Nueva York para ampliar el negocio. En la capital gala se relacionó con Ricard Viñes, que poco después estrenaría una de sus obras más emblemáticas: “El parc d´atraccións”. Con la aparición de la radio, la pianola sufrió un rápido declive como entretenimiento del hogar y hacia 1930 la fábrica cerró. Acabada la guerra Blancafort alternaba sus nuevas ocupaciones -en una empresa de seguros y más tarde en una editorial- con la composición, obteniendo el “Premi Ciutat de Barcelona” en 1950 y 1966, La “Creu de Sant Jordi” en 1982 y la “Medalla de Oro del Ayuntamiento de Barcelona en 1986”. El Concert Ibèric (1946) pese al título, no es una obra estrictamente nacionalista, pues lo hispano está más sugerido que plasmado. El tratamiento virtuosístico del solista y la libertad armónica en el marco de la tonalidad recuerdan la literatura pianística de Rachmaninov. Es denso, con abundantes referencias temáticas y muy contrastado, con momentos vigorosos en oposición a otros más líricos y melancólicos, culminando en una coda apoteósica.

Cuando uno piensa en Lamote de Grignon, suele venirle a la memoria Joan Lamote, que fundó la Orquesta Sinfónica de Barcelona y renovó y dirigió la Banda Municipal, padre del compositor que ahora tratamos. Si la música de Joan Lamote es poco conocida, la de Ricard ha permanecido prácticamente en el olvido. Ricard Lamote de Grignon nació en Barcelona en 1899 y, como su padre, estudió en el Conservatorio del Liceo, en la Academia Marshall, fue violinista en la Orquesta Sinfónica de Barcelona y en la orquesta del Gran Teatro del Liceo y, desde 1932, subdirector de la Banda Municipal.. Tras la guerra, alguien amparándose en el anonimato acusó al padre de colaboración con el enemigo; sin duda una revancha personal, por lo que fueron destituidos de sus cargos en Barcelona, trasladándose a Valencia y regresando a la ciudad condal en 1947, sobreseído el expediente. Sin dejar de componer en ningún momento, recibió varios encargos de música para películas, de las que se contabilizan más de veinte, así como gran número de colaboraciones en programas radiofónicos.

En 1957 fue nombrado subdirector de la Orquesta Municipal de Barcelona (el director era Eduardo Toldrá). Recibió numerosas premios y distinciones por su obra, entre las que destacamos la ópera “La cabeza del dragón”, ballets como “Un prat” y “Somnis i divertiments”, la suite “El rusc de l´abella reina”, el poema sinfónico “Enigmes” y el oratorio “El càntic dels càntics”. Murió en Barcelona en 1962. La característica más relevante de Ricardo Lamote de Grignon es su eclecticismo: una enorme capacidad para abordar toda clase de estilos con indudable acierto. El Tríptico de la piel de toro (1958) para piano y orquesta evoca la atmósfera de la España del primer tercio del siglo XX, con sus frecuentes arabescos, un adagio contemplativo casi onírico y un final que nos adentra en el peculiar universo de Falla.

Es un acierto que Columna Música haya registrado estos dos conciertos, testimonios certeros de la amplia creatividad musical durante la posguerra. Siendo obras complejas, algo desdibujadas en sus elementos impresionistas, aquí se perciben diáfanas merced a la adecuada dirección de Marcin Nalecz-Nielsiolowski y a la brillante interpretación de Daniel Blanch al piano.

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