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Zarzuela en Madrid

Qué rica “Clementina”

Carlos de Matesanz

Clementina

17 de octubre de 2009, 20:00 h. Teatro Español. L. Boccherini: “Clementina”, zarzuela en dos actos con libreto de D. Ramón de la Cruz. Nueva producción de la Fundación Caja Madrid en colaboración con el Teatro Español. Dir. escena: Mario Gas. Escenografía: Juan Sanz y Miguel Á. Coso. Figurines: Antonio Belart. Iluminación: Paco Ariza. Clementina: Anna Chierichetti (soprano), Narcisa: María Rey-Joly (soprano), Cristeta: Amaya Domínguez (mezzo), Dª Damiana: Cristina Faus (contralto), Urbano: Juan Sancho (tenor), Lázaro: Joao Fernandes (bajo), D. Clemente: Jordi Boixaderas (actor) y Marqués de la Ballesta: Vicente Díez (actor). Orquesta Barroca de Venecia. Dir. Musical: Andrea Marcon.

Un montaje sencillo pero elegante y eficaz, una dirección escénica discreta pero graciosa y respetuosa, un reparto de voces jóvenes y adecuadas y una orquesta de instrumentos de época. Estos son los ingredientes con los que se fraguó una deliciosa velada de música y teatro, perfectamente fusionados, en la que todo se trató con cariño y conocimiento y en la que todo resultó tan comme il faut que al final casi acaba uno mosqueado: ¿será que se está volviendo uno un viejo burgués al que ya sólo le gustan las pequeñas cosas que parecen lo que son y son lo que parecen? Pero, quita, quita; qué va: lo que pasa es que, con tanta prepotencia intelectualoide como hay en el panorama lírico-escénico, ver una sencilla comedieta de don Ramón de la Cruz escenificada sin más pretensiones que la de servir a la obra y deleitar al público ya le a uno parece un milagro difícil de creer. Sic transit...

Pero cuánto más de agradecer es esta sabia humildad y esta celosa profesionalidad teatral cuando se trata de rescatar de un olvido del que ha salido muy pocas veces una obra de la calidad musical de “Clementina”, la única obra escénica del genial Luigi Boccherini. Aunque zarzuela, por estar compuesta en español y contar con partes habladas, la música (obertura, doce arias, tres dúos, un terceto y dos sextetos) es totalmente operística, en el más puro estilo clásico italiano de, por ejemplo, Cimarosa o Paisiello, sin concesiones al folklorismo local. Dentro de ese estilo, alcanza Boccherini tal grado de elegancia y perfección, tal adecuación a cada circunstancia dramática, que parece mentira que ésta sea su única obra teatral, pues más parece obra de maestro operista bregado y curtido en el género.

La interpretación musical hay que calificarla igual que la escénica: modesta y respetuosa y, por ello, eficaz y certera. La dirección musical de Andrea Marcon no consiguió extraer sonidos bellos o fascinantes de su medianeja Orquesta Barroca de Venecia, pero mantuvo el pulso de la comedia, aportó la variedad necesaria para dar el debido carácter a tantos números y personajes y, por su puesto, dirigió con total conocimiento del repertorio lírico dieciochesco. Concertó con eficacia y, así, proporcionó el marco perfecto para el joven y entregado elenco de solistas vocales, que defendieron con pundonor, solvencia y voces frescas una obra con la que parecieron disfrutar tanto como el público.

Clementina, zarzuela en dos actos

Las hermanas protagonistas fueron interpretadas por las sopranos Anna Chierichetti y María Rey-Joly, llevándose ésta última el gato al agua por sus incontestables dotes de comediante en las partes habladas; también por esto último, gustó el gesticulante maestro de música cantado con voz muy justita por Joao Fernandes. Vocalmente, habría que destacar a las mezzosopranos: a Cristina Faus por batallar sin aparente esfuerzo y con envidiable musicalidad con la tesitura bastante grave del papel del ama de las hermanas y, muy especialmente, a la simpática Amaya Domínguez, de voz brillante y proyectada y atractiva personalidad canora, haciendo la criada de la obra. La parte del galán estuvo a cargo del tenor sevillano Juan Sancho, que daba el tipo escénico a la perfección, y cuya voz y estilo de canto –con una soberbia messa di voce– totalmente mozartianos convenían mucho a su parte; el timbre, gratísimo, recuerda nada menos que al Francisco Araiza de su mejor época; pero ni el volumen ni, ay, la extensión, son las del mejicano: realmente corto en el extremo agudo, tuvo que recurrir a un hiriente falsete reforzado para coronar su segunda aria. El excesivo Vicente Díez y el contenido Jordi Boixaderas, en partes sólo habladas, completaron este excelente reparto que dio vida a la “Clementina” boccheriniana en el pequeño y coquetón Teatro Español durante tan sólo dos veladas –a teatro lleno–, y es lástima, porque la expectación generada entorno a la obra y los magníficos logros obtenidos habrían asegurado ese lleno durante muchas funciones más. Como paliativo, las funciones fueron grabadas y pronto aparecerá un registro discográfico de la obra completa que tendrá, sin duda, un gran valor documental.

Fotografías cortesía del Teatro Español de Madrid © 2009 Andres de Gabriel