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Exposición en Madrid

La danza de los colores en torno a Nijinsky y la Abstracción

Alicia Perris

El círculo es el movimiento completo, perfecto. Todo se basa en él: la vida, el arte, y con toda certeza nuestro arte. Es el movimiento perfecto”. (Vaslav Nijinsky)

Vaslav Nijinsky

La Fundación Mapfre, tal como viene siendo habitual en su relativamente nueva sede madrileña de Paseo de Recoletos, inauguró el 6 de octubre tres exposiciones que enamorarán al público: Ver Italia y morir: fotografía y pintura en la Italia del Siglo XIX (con la colaboración del Museo d´Orsay de París), Mirar y ser visto: de Tiziano a Picasso (colaboración del Museo de Arte de Sao Paulo, Brasil) y la que nos ocupa más en concreto, la de Vaslav Nijinsky y la Abstracción (participando la Kunsthalle de Hamburgo).

Es posible que Nijinsky sea el bailarín más conocido, admirado y fantaseado de la historia de la danza. De máxima actualidad este año, con el centenario de la creación de los Ballets Rusos de Diaghilev, ahora se presenta en esta muestra, otra de sus capacidades y talentos artísticos menos conocidos: el de pintor.

La Fundación Mapfre y comisariada por Hubertus Gassner y Daniel Koep, ofrece un conjunto de dibujos del mítico creador (1889-1950) en el panorama plástico de la época que le tocó vivir: tiempos de cambios dramáticos en lo político y social, redundaron en verdaderos cismas que desembocarían en el arte de las vanguardias, rompiendo la tradición más clásica del siglo XIX. Fue en 1909 cuando comenzó en París la gira de la compañía de danza de los Ballets Russos de Sergéi Diaghilev. Nijinsky era la estrella absoluta de la compañía de este mítico empresario, verdadero Pygmalión, por siempre enamorado de su rara y única criatura. Muchos artistas importantes de su época, como Jean Cocteau, George Kolbe o León Bakst, incluyeron al bailarín entre su galería de personajes célebres. Al mismo tiempo que Nijinsky, otros pintores como Alexandra Exter, Kupka, Baranov-Rossiné o Sonia Delaunay-Terk, habían llegado a la meca del arte, para disfrutar y beber en las fuentes de la creatividad francesa. Encandilados y seducidos por el movimiento, orientaron su interés al ritmo, la dinámica y la vitalidad del baile. Ahí se encontraron los creadores de la danza y las artes plásticas, a mitad de camino entre la levedad del movimiento y el ensueño y la rotundidad del color y las formas.

Son pinturas que se pegan a los colores puros y se explayan en el movimiento y en la plasticidad del cuerpo humano y de esta forma, ese arte pictórico casa como un guante con las coreografías que Vaslav Nijinsky hizo públicas en 1912.

Vaslav Nijinsky y la Abstracción

Aparte de las obras de los autores citados, la muestra exhibe 21 dibujos del bailarín, en préstamo muchos de ellos de la Fundación John Neumaier y de destacados museos y colecciones particulares de Hamburgo, Zurich, Londres, Moscú, Lisboa, Nueva York, Praga y París.

Nijinsky nació en el actual territorio de Ucrania, aunque sus padres eran bailarines de origen polaco. Estudió en la Academia Imperial de Ballet y luego es contratado por el Teatro Imperial. Su encuentro con su mentor, Diaghilev, marcará profundamente la carrera artística y la vida del legendario bailarín. Creador también de sus propios ballets, como La siesta de un fauno, posibilitó que la danza abriera el camino como inspiración para la pintura abstracta a comienzos del siglo XX.

La capacidad pictórica de Nijinsky es sorprendente. Llama la atención que algunos seres- no muchos- estén bendecidos por el don de la creatividad múltiple: en este ámbito y en muchos otros, Nijinsky se convertiría muy pronto en lo que el leído y comentado Sigmund Freud consideraría un “perverso polimorfo”. Círculos y elipses, representaciones abstractas, lineales y en color, sus láminas incorporan con el tiempo ojos y rostros. Los dibujos de Nijinsky conforman una parte medular de la exposición por el vanguardismo sin cortapisas, su comprometido nivel de abstracción y la curiosa contextualización que coincide con los dibujos, pinturas y esculturas del resto de artistas de la muestra.

En algún momento de su vida, asaeteado por sus incongruencias existenciales, su altísimo nivel de autoexigencia, dominado por su sed de infinito y su compulsión creativa, Vaslav Nijinsky pierde el contacto con la realidad. Casado y emparejado de una manera peculiar con una mujer que luchó por ajustar la imagen del genio para la posteridad a sus propios deseos, Nijinsky se desvinculó del mundo que lo rodeaba, demasiado corriente, mezquino y poco sofisticado para él y entró, por la puerta grande, en la inmortalidad.

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