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Crítica de discos

Qué salao es Danzi

Carlos de Matesanz

Franz Danzi: Tres sinfonías concertantes. Solistas y Orquesta de Cadaqués. Dir: sir Neville Marriner. Tritó TD 0061.

Franz Danzi: Tres sinfonías concertantes

El alemán Franz Danzi (1763-1826) es uno de tantos contemporáneos de Beethoven y Schubert totalmente eclipsado por la sombra de estos dos colosos, cual es el caso de Pleyel y Hummel; compositores de gran calidad que, si bien no alcanzan la altura estratosférica de los dos mencionados, no merecen el olvido en que, habitualmente, yacen sus obras. La escucha de sus creaciones rara vez decepciona y casi siempre depara momentos gratos y de disfrute, tanto para el conocedor –por la sólida factura de las obras– como para el simple aficionado, que encuentra inspiración, gusto y encanto a raudales en ellas.

Como buena muestra, las tres sinfonías concertantes que reúne este disco compacto, en las que Danzi rinde homenaje a este género tan del siglo XVIII con música que ya mira al Romanticismo: entran sin sentir y se disfrutan de seguro. Vamos, que es una música muy salá. Máxime cuando van servidas en la interpretación de una excelente orquesta –no por coyuntural de menor calidad– y de un director que conoce de toda la vida este repertorio y que lo sirve con una gracia y una naturalidad que ya quisieran para sí muchos presuntos especialistas de esos que interpretan “con instrumentos originales” y que son puro almidón; la variedad en los ataques, la claridad en la articulación, el perfecto equilibrio de las partes son marcas de sir Neville Marriner que brillan en este disco ejemplar.

Además, los solistas –españoles casi todos (¡olé!)– son de lujo, destacando el clarinete Joan Enric Lluna y el flauta Jaime Martín, dos de nuestros instrumentistas más internacionales, en la Sinfonía Op. 41 con que se abre el disco. Martín repite en la siguiente, la Sinfonía en Mi bemol mayor, junto a José Manuel González Monteagudo (oboe), David Tomás (fagot) y Martin Owen (trompa); y en la última –Sinfonía Op. 47–, aparecen de nuevo Lluna y Tomás, haciendo una “insólita pareja” de clarinete y fagot que anuncia el Dúo Concertino que Richard Strauss compondría más de un siglo después para la misma formación solista.

Las tomas sonoras, ligeramente mejorables pero claras y de notable presencia, fueron realizadas entre 2007 y 2008 en Zaragoza y Santander, sin que se aprecien diferencias sustanciales entre una toma y otra. La presentación del disco es atractiva y muy correcta. Y, en definitiva, aunque no alcance a ser un súper ventas del año, es un disco, por todo lo expuesto, absolutamente recomendable para todo tipo de público, muy “regalable” en las próximas Navidades, loable por su calidad musical y, qué caramba: muy salao.