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Entrevista a Oriol Pérez i Treviño
“Si me preguntaran una obra que definiera Catalunya, mi respuesta sería Microcosmos de Bela Bartók”
Ovidi Cobacho Closa
Ex-coordinador de la Xarxa de Músiques de Catalunya, flamante director del Festival de Músiques de Torroella de Montgrí y coordinador del Centre Robert Gerhard, el musicólogo Oriol Pérez i Treviño, una de las personalidades más activas, polifacéticas e incombustibles del panorama musical catalán, nos atiende en una amena conversa alrededor de los múltiples proyectos que acaparan su actualidad profesional. Exhaustivo, directo y siempre elocuente, nos ofrece un preciso diagnóstico, sin medias tintas, de la realidad musical catalana a pie de cañón.
Nacido en 1972 en la provinciana ciudad de Manresa, su temprana vocación por la música lo lleva a colaborar bien pronto como crítico musical del diario comarcal Regio7 y en publicaciones catalanas como Serra d’Or, la Revista Musical Catalana y el diario Avui. Antes de cumplir los veinte, fue colaborador también de la revista Scherzo y, posteriormente, encargado de escribir la primera biografía del compositor catalán Josep Maria Mestres Quadreny, sobre el cual ha recibido un reciente encargo de la SGAE, en motivo de su 80 aniversario, para realizar una nueva biografía en castellano. En noviembre del 2000, inició su actividad como gestor musical al frente de la Xarxa de Músiques a Catalunya, aunque su actividad como ensayista y musicólogo no ha menguado estos últimos años, desde colaboraciones con la Gran Enciclopèdia de la Música (del Grupo Enciclopèdia Catalana), a artículos en al revista Nexus y un libro biográfico sobre Ferran Sala apunto de salir al mercado.
OpusMusica.- Cuando empieza su actividad de gestor musical al frente de la Xarxa de Músiques a Catalunya?
Oriol Pérez i Treviño.- Se inicia el noviembre del 2000. La Xarxa era un proyecto que empezó a funcionar el 1995, como una red de asociaciones de Juventudes Musicales, en un momento en el que había escasa dinámica de trabajar coordinadamente en red y mucha particularidad por parte de cada una de las asociaciones.
OM.- ¿Cuál fue el encargo que recibe al hacerse cargo de este proyecto?
OPT.- El encargo que recibo, ya por parte del último gobierno convergente de la Generalitat, es de desarrollar este proyecto y expandirlo para ofrecer un servicio a los Ayuntamientos. Esto de un lado. De otra parte, también dignificarlo; dignificar aspectos como la comunicación, la promoción y la difusión de los propios conciertos. Y por último, también, abrirse hacia otras culturas, manifestaciones, realidades musicales, teniendo en cuenta de que ya no existe una única cultura musical monolítica. Un poco el encargo giraba entorno estos tres aspectos: potenciar la Xarxa que ya existía, expandirlo a los Ayuntamientos y diversificar el contenido musical de la Xarxa.
OM.- Concretamente, ¿Qué servicio ofrece la Xarxa de Músiques y a quién va dirigido?
OPT.- La Xarxa ofrece el servicio de un catálogo construido a través de un criterio, avalado por una comisión artística asesora, en el cual se ofertan un total de 14 o 15 propuestas de conciertos destinadas a ayudar a los programadores musicales, tanto de asociaciones de Juventudes Musicales de Catalunya, Ayuntamientos u otras asociaciones responsables de programaciones musicales locales; ofreciéndoles, bajo el auspicio de una marca, un producto musical muy bien definido: de calidad, de rigor… Basado, sobretodo, en lo que yo entendemos que tiene que ser la oferta musical pública. Esto a nivel conceptual.
OM.- ¿Y a nivel material?
OPT.- La financiación de un 40% del soporte de los honorarios de los intérpretes, un 40% de la producción y sonorización, más los carteles, programas de mano, difusión y comunicación gratuitos.
OM.- Desde que usted asumió el reto de encabezar este proyecto, ¿Cuál ha sido el alcance y la transformación que ha sufrido el mismo?
OPT.- Mire, haciendo la metáfora de un enfermo, le diría que se me entregó un enfermo en estado crítico, llegamos incluso a resucitarlo, lo pusimos al frente de los circuitos de distribución musical del país, alcanzando incluso un nivel europeo, ofertando propuestas de conciertos de formaciones como Gli Incogniti, La Fenice, Pro Arte Antiqua Praga, el Teatro de Marionetas de Chequia, entre otras muchas...
OM.- ¿Después de su experiencia en la gestión publica ¿Cuáles cree que deberían ser estos parámetros la oferta musical pública en un país como Catalunya?
OPT.- Pues, a mi entender, tres de fundamentales. En primer lugar que no sea únicamente una oferta preocupada por las audiencias y la cantidad de público, un criterio propio del ámbito privado pero que, precisamente por esto, no debe ser lo que marque las directrices de la oferta pública. En segundo lugar, más allá de esta oferta pública, ésta debe de comprender el encargo de formar, de culturizar, de transmitir valores, no de simple entretenimiento, de ocio y de diversión, que es lo que están potenciando hoy día nuestras administraciones, tanto locales como supralocales, en tanto que solo se basan en el éxito de audiencias; esto es lo que está matando el auténtico arte. Y, en tercer lugar, el cultivo de la excelencia.
OM.- A pesar de ya no estar al frente de la Xarxa de Músiques a Catalunya, no le faltarán motivaciones profesionales, entre otras dirigir el Festival ampurdanés de Torroella de Montgrí. Este pasado agosto ha sido nombrado oficialmente su nuevo director, aunque su vinculación con este certamen estival viene ya de lejos. ¿Cuándo empieza esta relación?
OPT.- Hace 22 años que asisto al Festival de Torroella de Montgrí. La primera vez fue en 1987. Mi relación con el Festival primero fue como público, posteriormente como crítico, más tarde colaborador en un periódico que se impulsó en su momento, para pasar después a ser asistente, luego director adjunto y finalmente se me ha confiado la responsabilidad de la dirección. Por lo tanto, efectivamente, no soy una persona desconozca el entramado de la casa.
OM.- Dentro del variopinto mosaico de festivales veraniegos del litoral catalán, ¿Qué lugar ocuparía Torroella de Montgrí?
OPT.- Cuando se habla de festivales hay que tener en cuenta que en Catalunya, estos últimos años, se ha vivido un proceso de transformación, de metamorfosis de muchos de ellos, hasta llegar al punto de que festivales que habían realizado un acercamiento hacia otras culturas musicales, del tipo que están realizando salas de conciertos como el Concertgebouw, La cité de la musique o el Barbican, abriéndose a nuevas aproximaciones de géneros como el pop-rock, el jazz u otros, aquí, debido a la falta de criterio y perspectivas, se han acabado convirtiendo en unas “noches de verano”.
OM.- Pero Torroella, a pesar de su apuesta específica por la clásica, también ha sido sensible a otros géneros y tradiciones musicales más allá de la clásica…
OPT.- El Festival de Torroella de Montgrí nace como festival de música clásica, lo que sucede es que en determinado momento empieza a abrirse hacia otras culturas musicales clásicas, del ámbito de la denominada world music, que cuentan con una importante tradición, y que a diferencia de la música clásica occidental, que ha acabado museificada, muchas de estas tradiciones musicales se han mantenido en constante evolución. Por ejemplo, la formación I Muvrini, que partiendo de la tradición de las polifonías córcegas ha acabado haciendo música que está rozando el pop-rock o, incluso, el new age. Esto creo que es algo interesante, puesto que hay un discurso detrás de ello. Lo que no me interesa es lo que ha sucedido en la mayoría de festivales, convertidos en un poti-poti, en busca solo del impacto mediático, la asistencia masiva, la diversión y el ocio. En Torroella no se busca el eclecticismo...
OM.- ¿Cuál sería pues la filosofía que rige la programación de Torroella de Montgrí?
OPT.- La filosofía del Festival de Torroella viene determinada en buena medida por la realidad del panorama musical catalán. ¿Qué quiero decir con esto? De entrada, en Catalunya la oferta musical viene definida por un importante centralismo ejercido por Barcelona. En Barcelona hay un teatro histórico de ópera, el Liceu, con una gran tradición detrás, que muchas veces ha jugado más a una división europea que del propio país, pero donde se han producido importantes olvidos de voces que en otros escenarios europeos y americanos aparecían con asiduidad. Del mismo modo, el Auditorio de Barcelona se ha convertido, sobretodo, en un continente de muchas programaciones pero sin encontrar a su vez un eje que las vincule entre ellas, y muchas veces, también, apostando por los mismos nombres. Y por último, el Palau de la Música Catalana que hoy día, ya casi no hace falta decirlo, se ha descubierto que no existía ni una dirección musical. ¿Cuál es la consecuencia de todo esto? Pues que, desgraciadamente, a diferencia de otras ciudades españolas, las temporadas musicales de Barcelona están siempre basadas en más de lo mismo. Ante este panorama, y a pesar de las limitaciones presupuestarias en comparación a los grandes equipamientos de Barcelona, la apuesta del Festival de Torroella de Montgrí se ha perfilado como la puerta de entrada de aquellos artistas que no pasan o que aún no han pasado por Barcelona.
OM.- Algo así como un cazatalentos musical…
OPT.- Más bien ejercer de prescriptor de excelencias, de intérpretes que primero pasan por Torroella y luego llegan a Barcelona.
OM.-¿Por ejemplo?
OPT.- Piotr Anderszewski, un pianista que cuando estuvo por primera vez en Barcelona, ya había tocado cuatro veces en Torroella. O el caso de la soprano Núria Rial, no ha cantado nunca en el Liceu ni en el Auditorio, y en Torroella ha cantado siete veces.
OM.- ¿Y la producción ¿qué papel ocupa dentro de las prioridades del Festival?
OPT.- La apuesta por el producto propio ha sido una de las prioridades del Festival desde sus orígenes. La producción propia, o sea aquello que no es únicamente comprar sino hacérselo uno mismo, ha estado muy vinculado al importante papel que la dirección artística ha desempeñado en Torroella.
OM.- Y de ahí a la creación de la orquesta propia del festival…
OPT.- Sin duda, la creación de la Orquesta Histórica del Festival ha sido un hecho paradigmático de todo esto.
OM.- ¿Cuándo nace la Orquesta, denominada también Academia 1750?
OPT.- El proyecto nace el 2006, en motivo del año Mozart. Era una orquesta que ya existía con una iniciativa vinculada al Institut Ramon Llull y ha significado la primera iniciativa, por parte de una entidad, puesto que ni el Liceu ni L’Auditori de Barcelona lo han hecho, de crear una orquesta de instrumentos de época, a pesar de existir en Catalunya músicos que, des de hace tiempo, están tocando en las principales orquestas estatales y europeas.
OM.- Desde este punto ¿Cuáles serían las perspectivas, retos u horizontes que se abren bajo la etapa de su nueva dirección?
OPT.- De entrada, lo primero que hay que decir es que no va a haber ningún cambio traumático. Con el anterior director, el Sr. Josep Lloret, existe una pleno entendimiento, y lo único que se ha hecho es redefinir unos roles. Igual que el me ha escuchado durante estos años, yo lo seguiré escuchando. Por lo tanto, nadie debe esperar que vaya a haber un festival muy distinto. Simplemente se concretan más los roles y los perfiles que les corresponden a cada uno, a mí se me da más autonomía en cuestiones artísticas y a él le corresponden unas mucho más presidencialistas, en tanto que presidente de Juventudes Musicales de Torroella, que es la entidad que organiza el Festival. Con todo, hay un hecho que ilustra un punto de inflexión y el inicio de un nuevo tiempo, que es el concierto de la producción del festival del oratorio vivaldiano Juditha trimphans, realizado este pasado mes de septiembre en Venecia, a cargo de la Orquesta Histórica del Festival bajo la batuta de Ottavio Dantone. Este concierto ha dado una proyección estatal e internacional sin precedentes al proyecto de Torroella. Una iniciativa que tendrá su continuidad en el proyecto artístico, como se anunciará en su momento, con la vinculación de Dantone como principal director musical invitado.
OM.- Resumiendo, Torroella seguirá siendo un prescriptor de excelencias, con una apuesta por las producciones propias sobre la base de la consolidación de su orquesta de instrumentos históricos…
OPT.- Y también, la promoción, siempre y que esto sea posible por su calidad, de los artistas catalanes y españoles. Pero, evidentemente, definido por la calidad. Es decir, en el Festival de Torroella no queremos que por simple hecho de ser catalán o español haya que programar a nadie por tal de hacer cuotas. Las cuotas son lo peor… Aparte de esto, se seguirá apostando, a nivel de contenido, por la recuperación de patrimonio musical, así como también por el estreno de nuevas creaciones y encargos.
OM.- ¿Y más allá de los contenidos?
OPT.- Habrá una apuesta por concentrar temporalmente los conciertos, de modo que prácticamente haya uno cada día de finales de julio a finales de agosto. También se seguirá impulsando la iniciativa de exportar algunos de los conciertos y producciones del festival. Y, finalmente, la guinda llegará el 2011 con la inauguración de la nueva sala polivalente, cosa que dotará al Festival de un continente capaz de abrir nuevas perspectivas, como, por ejemplo, servir de sede a la Orquesta del Festival y, quizás, plantearse la posibilidad de gestionar una programación más allá del período estival.
OM.- Dejando a un lado el Festival de Torroella, hace un par de años también le fue delegada la responsabilidad de coordinar una entidad de nueva creación, el Centre Robert Gerhard. ¿Cuál es la función de este centro?
OPT.- El Centre Robert Gerhard es una institución para la promoción y difusión del patrimonio musical catalán. Es un centro que nace de la necesidad de un revulsivo, de alguien que asuma y prestigie la existencia de un patrimonio musical catalán que, a diferencia del patrimonio literario o pictórico, no se conoce. La mayoría de la población es capaz de nombrar cuatro o cinco pintores o literatos que forman parte del patrimonio catalán, en cambio si hablamos de compositores, no lo tengo tan claro…
OM.- La labor del centro, por lo tanto, será dar a conocer estos nombres…
OPT.- Veamos, lo que no se quiere hacer es un centro de documentación, para esto ya existe la Biblioteca Nacional de Catalunya; tampoco quiere ser un centro de investigación, para lo cual ya están las Universidades y algunos centros asociados; pero sí que hay una puerta que no se ha tenido muy en cuenta hasta estos momentos, que es la de la difusión y promoción de este patrimonio. De aquí que la labor de este centro se plantee desde tres ámbitos iniciales: la promoción de los servicios bibliográficos, o sea la edición de biografías, monografías, ensayos que aporten nuevas informaciones acerca del patrimonio musical catalán, así como también de partituras; la edición de fonogramas y el hecho de activar la promoción de patrimonio musical en las temporadas, ciclos y festivales del país.
OM.- Pero, según tengo entendido, el mismo Centre Robert Gerhard ha elaborado un ciclo de conciertos para esta temporada 2009-2010…
OPT.- Lo que ha sucedido ha sido que después de impulsar la edición de fonogramas y partituras, hemos creído que había que impulsar también la exhibición en vivo de estos trabajos, y esto ha catalizado en el primer ciclo de conciertos del Centre Robert Gerhard que se iniciará el próximo tres de noviembre, en el Auditorio de Lérida, con la producción y el registro sonoro, por primera vez en la historia mundial, de la ópera Il più bel nome de Antonio Caldara con el Concierto Español.
OM.- Una ópera estrenada en Barcelona en 1708 y, según parece, la primera representación operística que se dio en Catalunya…
OPT.- Así es, fue escrita y representada en motivo del enlace del Archiduque Carlos de Austria con Elisabet Cristina de Brunsvic-Wolfenbüttel. Durante estos dos años hemos impulsado la difusión del patrimonio de músicos catalanes del XVIII que fueron a Europa, como Domènec Terradelles, el gran compositor catalán a la altura de Jommelli, Pergolesi, Hasse, etc, del cual hemos impulsado dos producciones discográficas, L’artaserse, con la Real Compañía de Ópera de Cámara, y Furor, una antología realizada por Dolce & Tempesta dirigida por Stefano Demichelli, así como también un registro del sinfonista más importante de la Catalunya del XVIII, el compositor Carles Baguer. Ahora nos planteamos difundir también, vinculado al período de la Guerra de Sucesión, la llegada de músicos y compositores extranjeros a Catalunya, un legado que, indudablemente, forma parte de nuestro patrimonio.
OM.- De hecho, esta misma ópera de Caldara ha sido ya exhumada en dos iniciativas anteriores estos últimos años…
OPT.- Sí, pero de forma poco afortunada. Se había hecho con buena voluntad pero con muy pocos recursos y poca profesionalidad interpretativa. Un poco es el ejemplo de cómo se han hecho las cosas en este país. Hemos tenido investigadores de primera línea pero a la hora de interpretar y de difundir se ha hecho de cualquier forma. Y esto sería la función, lo que vendría a subsanar el Robert Gerhard, buscar los mejores intérpretes, las mejores discográficas, para poder difundirlo.
OM.- Como máximo responsable del la institución que ha de salvaguardar y difundir el legado musical catalán, ¿Cuál es su punto de vista acerca del mismo? ¿Hay muchas asignaturas pendientes y obras o figuras que urja recuperar?
OPT.- Sin duda, no todo es recuperable, ni merece serlo. Existen dos visiones acerca de lo que cabría o merecería ser recuperado como patrimonio musical. Una, que partiendo de la excelencia como criterio, sería la partidaria de exhumar solamente aquello que aporte exclusivamente calidad musical. Esta sería un poco la apuesta que hemos realizado impulsando recuperaciones como la Artaserse de Terradelles, por ejemplo. Pero yo creo que tampoco habría de negarse la posibilidad, ni que sea tan solo una vez, de poder escuchar y dar a conocer aquello que, más allá de su calidad intrínseca, pueda tener cierto interés cultural. Yo ya sé que Baltasar Samper no es ni Schönberg, ni Berg, ni es Richard Strauss, pero es un compositor que tiene su razón de ser y creo que merece el concierto y el disco que le vamos a dedicar para que la gente pueda escucharlo.
OM.- ¿Qué papel deben jugar los intérpretes y las formaciones orquestales catalanas, que no son pocas, en las producciones que impulsa el Robert Gerhard?
OPT.- Veamos, aquí hay que distinguir dos temas. Una cosa es el tejido orquestal que existe en Catalunya, que es un tejido de segunda B, una dinámica de la ciudad que se crea su propia orquesta esperando que vayan los familiares al concierto. Esto es una realidad. Pero otra cosa es la vocación de internacionalización de las producciones que quiere impulsar el Centre Robert Gerhard. Por el momento ya hemos sido capaces, que esto siempre es muy difícil en Catalunya, de articular una iniciativa que sume distintos gobiernos, como en el caso del Cicle de Concerts que impulsamos esta temporada, donde participan el Institut Valencià de la Música, con el concierto que se va a realizar en Benidorm, el Gobierno Balear, con el concierto que se va a celebrar en Ses Illes, y el Gobierno de Andorra. A parte de esto, con iniciativas como la producción de la ópera de Caldara, esperamos crear un efecto dominó que permita estimular la participación en futuros registros con otras formaciones de prestigio internacional.
OM.- Tres de breves para terminar. Por si a estas alturas no hubiera quedado meridianamente claro, ¿Cuál sería su diagnóstico de la gestión de la cultura musical catalana por parte de las instituciones y entidades que la ejercen?
OPT.- Cada una va por su lado. Todas quieren ser amo y señor de su pequeño territorio. Si me preguntaran una obra que definiera Catalunya, mi respuesta sería Microcosmos de Bela Bartók.
OM.- Una pregunta de obligada actualidad, ¿Qué opinión le merece el caso Millet del Palau de la Música Catalana?
OPT.- Si me permite, se la respondo con otra pregunta: ¿La culpa del caso Millet es también de Madrid?... En Catalunya también se roba.
OM.- Para finalizar, ¿Cuál debería ser el modelo o el espejo donde Catalunya fijara su mirada, musicalmente hablando?
OPT.- El espejo, en estos momentos en Catalunya, está en distintas iniciativas de otras comunidades autónomas y también en Europa. Ha descendido tanto el nivel que ya no hace falta ir muy lejos a buscar un modelo, puesto que lo pueden encontrar a menos de 600 kilómetros.
Escribir a Ovidi Cobacho Closa