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Crítica de libros

Breve Historia de la música occidental

Paulino Capdepón

Título: Breve Historia de la música occidental. Autor: Paul Griffiths. Akal, 2009. Nº de páginas: 304. ISBN: 978-84-460-2780-5.

Breve Historia de la música occidental

Intentar condensar en unas pocas páginas una materia tan amplia como la Historia de la Música implica muchos riesgos. Y si esta tarea está presidida por la superficialidad, la falta de indicación de fuentes, la ausencia de ilustraciones y de ejemplos musicales, o una bibliografía incompleta, todo ello me impide aconsejar la lectura de este manual. No afirmaría lo mismo de otros libros que sí cumplen la función de introducir al lector en el complejo mundo del fenómeno musical desde un punto de vista histórico: así por ejemplo, se puede citar la Breve Historia de la Música, del ilustre musicólogo italiano Massimo Mila (1910-1988), editada por Península en su traducción española o The Cambridge Music Guide (Guía Akal de la Música, en la versión española editada por la editorial Akal, que comentaremos en breve), de Stanley Sadie.

Y es que un libro sobre historia musical que sólo dedica once líneas a describir la música griega (página 20), constituyendo ésta la base de toda la música occidental, ya hace concebir más bien pocas esperanzas, impresión que va imponiéndose conforme se completa la lectura de la obra del crítico musical inglés Paul Griffiths. Ante los desatinos que se permite el autor, el traductor de la obra se ve en la obligación de incluir toda una serie de notas a pié de página (las únicas en todo el volumen): así por ejemplo, cuando se refiere al canto gregoriano, Griffiths no diferencia entre tetragrama y pentagrama, empleando el término genérico de “staff”, término inglés que hoy indica el pentagrama moderno. Otra muestra del desconocimiento y falta de preparación del autor es la definición de organum, el cual se define en el sucinto y deficiente glosario como “estilo polifónico del siglo XII que presenta una o más voces ornamentadas”, cuando el organum no sólo se refiere a un estilo sino también al género que dio lugar a la polifonía a partir del siglo X. A los madrigales del siglo XIV de Francesco Landini las denomina “canciones italianas” (pág. 42) en vez de emplear el término original, con lo cual hace un flaco servicio al lector. A las primeras óperas conservadas de la historia, las Euridice (ambas de 1600), de Jacopo Peri y Giulio Caccini, apenas dedica dos líneas intrascendentes. Algo más logrados son los capítulos referidos al clasicismo y al romanticismo, que el autor parece conocer mejor, sin duda debido a su trabajo como crítico musical para diferentes medios. Decepcionante resulta la última parte sobre la música contemporánea a pesar del esfuerzo sintético que lleva a cabo el autor y del problema que supone que algunos autores todavía sigan vivos, por lo que una valoración sobre su obra siempre reviste dificultades. Sin embargo, de nuevo parece ignorar fuentes y aportaciones esenciales para el conocimiento de la música del siglo XX, como es el caso de La música del siglo XX, de Robert Morgan o La música contemporánea a partir de 1945, de Ulrich Dibelius, ambas obras publicadas por Akal en su versión española.

En la bibliografía se echan de menos las menciones a las historias de la música generales, las enciclopedias o los diccionarios. Por otra parte, existen ausencias clamorosas. Por sólo citar unos ejemplos, en la parte dedicada al barroco, obras clásicas como de La música en la época barroca, de Manfred Bukofzer, La música barroca, de John Walter Hill o A History of Baroque Music, de George J. Buelow, no están presentes. Con respecto a la música de los siglos XIX y XX, ni una sola referencia a las obras del musicólogo alemán Carl Dahlhaus (1928-1989), quizá uno de los principales referentes para comprender el devenir de la música de aquellos siglos. La estética musical desde la antigüedad hasta el s. XX, del insigne musicólogo italiano Enrico Fubini y una obra básica para conocer la estética y el pensamientos musicales a lo largo de la historia, está asimismo ausente en este libro. En algunos momentos da la sensación que el autor de este libro está más interesado en recomendar discografía que referencias escritas. Al menos el traductor ha tenido la deferencia de indicar la edición española de alguno de los libros incluidos en la relación bibliográfica del autor.

Ni que decir tiene que la música española apenas cuenta para Griffiths: no parece conceder mucha importancia el autor inglés a obras como el Códice de las Huelgas o se permite el lujo de ignorar compositores tan relevantes para la historia de la música universal como el padre Antonio Soler, Isaac Albéniz, Enrique Granados o Joaquín Turina, por sólo citar de nuevo unos cuantos casos de ausencias clamorosas.

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