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El Ballet Estatal Ruso de Cheboksary en Madrid

Un Lago de los Cisnes conseguido

Alicia Perris

El Lago de los Cisnes

El Lago de los Cisnes. Música de Piotr Ilych Tchaikovsky. Coreografía de Marius Petipa y Lev Ivanov. Ballet Estatal Ruso de Cheboksary (Galina Nikiforova, directora artística). Odette-Odile: Margarita Kamysh. Sigfrido: Andrey Subbotin. Rothbart: Aidar Khisamutdinov y elenco. 15 de octubre de 2009. Teatro Coliseum, Madrid, Temporada Promoconcert.

Tal vez este ballet de Tchaikovsky sea el más famoso, el más representado y comentado de la historia de la danza. Quien no lo ha visto por lo menos una vez en su vida, podría formar parte de cierto analfabetismo cultural en lo que hace a la música, la danza, el movimiento. En esta ocasión y casi al mismo tiempo que otra propuesta para representar en la capital la misma obra, los rusos cumplen con holgura lo que es un clásico del trabajo en equipo, de la gran tradición de la danza del siglo XIX que perdura hasta hoy.

El Ballet Estatal Ruso de Cheboksary fue fundado en 1967 por la voluntad de un grupo de bailarines y coreógrafos de esta república rusa, que habían cursado sus estudios en la conocida Escuela Coreográfica Vagánova de San Petersburgo. Debutaron con otro ballet paradigmático, la Giselle, de Adolphe Adam, equiparable al Lago en lo que se refiere a la importancia de los solistas pero también de la notoriedad y esfuerzo de un cuerpo de baile siempre presente en escena.

En este Lago la arquitectura de la danza grupal alcanza altas cotas de “performance” y lucimiento, con la dirección de Galina Nikiforova, muy conocida y premiada en el ámbito de los países emergentes de la antigua Unión Soviética de su entorno. Enternecedores y eficientes los chicos, jovencísimos, del cuerpo de baile, frente a unas partenaires más maduras y adultas. Precioso el vestuario, excelente la actuación, la técnica, el rigor del gesto, las piernas y sobre todo los brazos alados de Margarita Kamysh en el papel protagónico.

Ballet Estatal Ruso de Cheboksary

Aidar Khisamutdinov bordó un brujo caracterial y a la vez etéreo. Más discreto Subbotin en el rol de Sigfrido, pero igual de entregado, como el bailarín que bailó esa noche el bufón y el cuerpo de baile donde destacaron las diferentes danzas del tercer acto, el armónico pas de quatre y un decorado acogedor y envolvente, a pesar de que el escenario del vetusto y antiguo Teatro Coliseum es demasiado pequeño para desplegar con soltura un montaje como éste.

El aforo no estaba completo y el público adolecía de cierta bisoñez y falta de compostura (cuchicheos, comentarios en medio de la representación y sobre todo falta de entusiasmo. Los presentes no “entraron” en la magia de la representación, mantuvieron las distancias y esta actitud de ninguna manera es achacable al Ballet de Cheboksary).

La actuación de todos fue entusiasta, valiente y bien resuelta a pesar de los evidentes problemas de espacio. Todos bailaron esa noche como si no hubiera habido para ellos ninguna misión más importante que llevar a cabo en la vida. Y se notó. Y se lo agradecemos quienes disfrutamos tanto.

Fotografías cortesía Promoconcert

Escribir a Alicia Perris