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Ópera en Los Angeles

Sigfrido

Ramón Jacques

El Elixir de Amor

Siegfried de Richard Wagner. Elenco: John Treleaven (Siegfried), Graham Clark (Mime), Vitalij Kowalkow (Wanderer), Linda Watson (Brunhilde), Oleg Bryjak (Alberich), Eric Halverson (Fafner), Jill Grove (Erda), Stacey Tappan (pajarillo del bosque). Director de escena y diseñador de produccion: Achim Freyer. Orquesta y coro de la Opera de Los Ángeles. Director: James Conlon. Dorothy Chandler Pavilion, Los Ángeles California. 11 de Octubre de 2009.

Del extenso catálogo de personajes creados por Wagner para sus óperas, el de el joven heroico Siegfried debe ser uno de los que mayor exigencia vocal y resistencia física requieren de su intérprete como quedó demostrado en la primera representación que se hace de esta obra maestra sobre el escenario de la compañía de Los Ángeles. Siegfried es la tercera entrega de la representación de la tetralogía wagneriana que comenzó aquí la temporada pasada con Das Rheingold y Die Walkure, y que en esta temporada incluye los dos capítulos restantes, pero concluir con la realización de tres Anillos completos en mayo y junio del 2010, cumpliéndose el objetivo de Placido Domingo, director del teatro, con la ayuda de Kent Nagano, primero, y de James Conlon, de convertir este teatro en un centro wagneriano en Norteamérica.

Lo primero a resaltar es la concepción escénica y visual vanguardista firmada por el regista, pintor y diseñador alemán Achim Freyer, que situó la trama en un tiempo y un lugar indeterminado y abstracto, con bizarros vestuarios, personajes extraños de enormes cabezas, de animales, un ensamble de mimos y actores que se movían lentamente, así como pocos elementos en escena y un exagerado uso de simbolismos, ayudándose de una repetitiva transmisión de imágenes de video al fondo y al frente del escenario (sobre una fina cortina negra) de elementos como: agua, fuego, astros y estrellas. El foso de la orquesta se cubrió con un tejido negro, y con poca, pero brillante iluminación la obra se realizó en un ambiente casi oscuro y funesto. Es evidente que en su forma de reinterpretar la obra Freyer captó los elementos mágicos de la mitológica historia. Sobre el escenario las geométricas líneas y espadas, creadas con radiantes luces de neón de diferentes colores, crearon un efecto sugestivo y visualmente atractivo. En escena, los movimientos de los artistas fueron lentos por momentos, y con mucho movimiento en otros, por ello la referencia de la exigencia física al personaje principal, quien tuvo un accidente en un pie. Se utilizó mucho la ironía, y por momentos la comicidad, y el toque absurdo y surrealista de la producción tuvo el fin de provocar reacciones en el publico, de rabia, provocación, asombro e incomodidad.

Siegfried

El papel principal fue interpretado de manera óptima por el tenor ingles John Treleaven, de timbre brillante metálico, no completamente bello, pero gestionó con experiencia e inteligencia sus recursos en la seguridad y la emisión, y la ligera fatiga vocal en el dueto final no estropeó su desempeño total. La prestación más completa y convincente en lo vocal y lo escénico provino del bajo ruso Vitalij Kowaljow, elocuente e imponente como Wanderer. El tenor Graham Clark recreó un histérico y perturbado Mime, vocalmente sólido y Oleg Bryjak fue un inapreciable y robusto Alberich. Stacey Tappan, dejó muestra de gran sensibilidad y estilo en su muy lírico pajarillo del bosque. La soprano Linda Watson, creo una vocalmente portentosa Brunhilda, con seguridad, precisión en todo el registro, correcta entonación y acento dramático, aunque su personaje fue estático y de nula movilidad de acuerdo a la regia. La mezzosoprano Jill Grove fue una estridente en su breve aparición como Erda, y Eric Halverson, mostró una voz amplia y poderosa, pero pastosa y oscura como Fafner. Ampliamente satisfactoria y gustosa fue la lectura musical de James Conlon, que vive y disfruta con pasión a Wagner. Su batuta segura y experimentada en este repertorio fue armoniosa, enérgica o sensible y cadenciosa cuando le fue requerido, creando una simbiosis entre voces e instrumentos.

Fotografías cortesia  LA Opera ©Monika Rittershaus