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Ópera en Oviedo

Italia y su identidad

Eugenia Fernández Tejón

Tosca

“Tosca”. Giacomo Puccini. Intérpretes: Hasmik Papian (soprano, Floria Tosca), Alejandro Roy (tenor, Mario Cavaradossi), Juan Pons (barítono, Scarpia), Miguel Ángel Zapater (bajo, Cesare Angelotti), Luis Cansino (barítono, el sacristán), Mikeldi Atxalandabaso (tenor, Spoletta), José Manuel Díaz (barítono, Sciarrone), Joan Sebastià Colomer (bajo, un carcelero), María Fidalgo (soprano, un joven pastor). Dirección de escena: Jonathan Cocker sobre una idea original de Anthony Besch. Diseño de escenografía y vestuario: Peter Rice. Diseño de iluminación: Alan Campbell. Dirección musical: Friedrich Haider. Orquesta Oviedo Filarmonía. Dirección del coro: Patxi Aizpiri. Coro de la Ópera de Oviedo. Teatro Campoamor, 8,11,14 y 17 de octubre de 2009.

El segundo título de la temporada ovetense, con más de veinte representaciones hasta la fecha, es un referente que ha sido interpretado por voces históricas con el timbre y el color adecuados a los papeles ideados por Puccini. Mario del Mónaco, José Carreras, Franco Corelli, Monserrat Caballé, Eva Marton y el propio Juan Pons, al que pudimos escuchar también esta vez en el papel de Scarpia, han pasado por el teatro Campoamor desde que se estrenara en 1906.

En esta ocasión, asistimos a una producción emotiva que supo captar la totalidad de la obra con un desarrollo que fue creciendo en calidad expresiva hasta el final. La visión de conjunto sobresalió por encima de individualismos, en contra de esa tendencia generalizada de un sector del público que ve esta ópera como un examen de técnica vocal, esperando el momento de escuchar determinadas arias (Vissi d´arte, E lucevan le stelle o Recondita armonia”) y que suele olvidar la trascendencia que desde el plano puramente musical supuso en su época rompiendo todas las tradiciones decimonónicas. La que ahora es un clásico de la lírica y el exhibicionismo vocal fue en su momento innovadora, con unos elementos sonoros vanguardistas que Puccini irá depurando hasta Turandot y que algunos como el rompedor Schoenberg supieron reconocer admitiendo “la inesperada audacia de su lenguaje”.

En este punto destacó la dirección de Friedrich Haider al mando de la Orquesta Oviedo Filarmonía que desplegó una instrumentación rica y concisa a la hora de describir atmósferas que acercan la música de Puccini al Impresionismo, como en el amanecer romano con que se inicia el tercer acto. Buen conocedor de los entresijos del teatro musical al que se dedica desde sus comienzos como acompañante de cantantes al piano, Haider supo retener o soltar la tensión ajustándose al libreto, sin renunciar a la dulzura de las conmovedoras melodías que a modo de leitmotiv crean un “continuum” y matizan el dramatismo. Según sus propias palabras esta orquesta se caracteriza por “unos músicos flexibles y versátiles aptos para la ópera, que saben acompañar”.

Pero sin duda lo mejor de la noche fue el segundo acto con el duelo entre Tosca y Scarpia en el que la soprano Hasmik Papian y el barítono Joan Pons dejaron ver sus mejores recursos tanto vocales como dramáticos. Floria Tosca requiere una voz con densidad, mordiente y metal reconocible, características estas que encajan por repertorio y cualidades en el timbre de Hasmik Papian. Su proyección resultó algo brusca en los contrastes y matices de intensidad, con dificultad en el messa di voce y el legato, pero con unos potentes agudos y buena presencia en el escenario.

Por su parte Joan Pons dio vida al malvado Scarpia en su rol de barítono con carácter, siempre atento a los continuos cambios de color y al fraseo preciso que requiere el papel. Presencia imponente, exhibió su fuerza y más que ganada maestría en un personaje que ha representado cientos de veces, varias de ellas en este mismo teatro. Tosca y Scarpia luchan por la vida o la muerte del pintor Mario Cavaradossi, hombre vital, enamorado, noble de impulsos, que el día del estreno fue interpretado por el tenor Roberto Arónica, pero que debido a un proceso faringolaríngeo agudo fue sustituido por el gijonés Alejandro Roy en las dos últimas representaciones. Tras una temporada exitosa por Italia con este mismo papel (en Verona este verano y en Bari en septiembre junto a Maria Guleghina) mostró un buen chorro de voz aunque algo inseguro en la afinación en determinados momentos, resolviendo sobradamente la situación de improvisación derivada de la situación.

Tosca en Oviedo

El resto del reparto estuvo a la altura de unos personajes que, aunque secundarios, Puccini no descuidó en su caracterización, en especial el bajo Miguel Ángel Zapater,  que demostró su buen hacer como Angelotti y el barítono Luis Cansino, que personalizó un sacristán con el punto cómico justo.

El coro de la Ópera de Oviedo dio trascendencia a las escenas en planos, uno de los elementos distintivos de esta ópera. La solemnidad del Te Deum del primer acto simultánea a las manipulaciones de Scarpia para poseer a Tosca o la celebración que tiene lugar en el Palacio Farnese mientras en la habitación comienza a desatarse la tragedia final en el segundo acto, fueron algunos de los momentos estelares en su actuación.

Esta es acaso la única de las obras mayores del autor a la que se le puede aplicar la manida etiqueta de verista en la línea del teatro “patriótico”. Ahora bien, la capacidad de Puccini para superar las limitaciones del verismo es evidente tanto desde el punto de vista formal y musical, como por haber  sabido reencontrar la vigencia crítica que en su momento lideró Verdi en esa búsqueda de identidad del pueblo italiano. En este sentido, la escenografía que Jonathan Cocker revivió en Oviedo, a partir de la producción del desaparecido Anthony Besch, acierta de pleno al trasladar la acción a los días previos a la invasión nazi en Italia. En este montaje se superponen tres momentos en los que el pueblo italiano sufrió la opresión y el abuso de poder del Estado: la Roma de 1800 ocupada por las tropas napoleónicas del libreto, la Roma de 1900 bajo el efecto represivo del rey Humberto I, cuando se estrena la ópera y la Roma de 1943 que recrea la época fascista que al propio Besch le tocó vivir. Otros tiempos y otros hechos pero con el mismo dolor y sentimiento a los que la música pone la justa expresión.

Fotografías cortesía de la Fundación Ópera de Oviedo © Carlospictures

Escribir a Eugenia Fernández Tejón