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Ópera en Valencia
Un poco de aire fresco
Fernando Morales
15 de noviembre de 2009, 19:00 h. Palau de les Arts Reina Sofia, Sala Martín i Soler. Centro de Perfeccionamiento Plácido Domingo. G. Rossini: “La scala di seta”, farsa cómica en un acto. Libreto de G. M. Foppa. Producción del Rossini Opera Festival. Dir. escena: Damiano Michieletto. Escenografía y vestuario: Paolo Fantin. Iluminación: Alessandro Carletti. Dir. Musical: Alberto Zedda. Dormont: Javier Tomé, Giulia: Dolores Lahuerta, Lucilla: Ekaterina Metlova, Dorvil: Hans Ever Mogollón, Blansac: Isaac Galán, Germano: Lluís Martínez. Orquestra de la Comunitat Valenciana.
Actualizar los gags de las antiguas comedias de enredos parece una tarea ineludible para hacer creíbles estas farsas en nuestros días. Luego viene el problema de tener que hacerlo bien, con buen gusto, con gracia y sin mutilar o traicionar excesivamente la intencionalidad original. Todo esto se ha cumplido en la propuesta del Rossini Opera Festival, que presentaba la escenografía de Paolo Fantin y la dirección escénica de Damiano Michieletto. El montaje, realmente atractivo, original y funcional, ha sido aprovechado por los responsables del Centro de Perfeccionamiento Plácido Domingo para presentar su trabajo con jóvenes y talentosas voces, todas ellas dirigidas nada más y nada menos que por Alberto Zedda, posiblemente la máxima autoridad rossiniana de nuestros días.
Para comenzar a enumerar las virtudes de este trabajo habrá que referirse al trabajo de los responsables escénicos. Una vivienda montada sobre un plano dibujado en el suelo en el tiempo que se prolongaba la obertura y que se completaba con la visión de la parte exterior de la casa, que servía además para el acceso al interior a través de la escalera, gracias a un ingenioso juego de espejos inclinados. Todo ello aderezado por un movimiento escénico ágil, ingenioso, divertido. Los innumerables gags no cayeron nunca ni en la grosería, ni en la sobreactuación. Hubo muebles estilo Ikea, una televisión de pantalla LCD en el que se veía el fútbol y la telenovela, Giulia hace footing escuchando su MP3, y por supuesto el criado es el que lleva el máximo peso cómico de la producción, aunque hablaremos más adelante de él.
Pasando a cuestiones musicales, lo primero que hay que ensalzar es la visión de la música rossiniana del maestro Zedda, que dicho sea de paso, fue homenajeado con enormes aplausos, flores y demás muestras de reconocimiento por todos los participantes en el proyecto al finalizar la velada. Ya en la obertura dibujó un panorama luminoso, lleno de chispa, de electricidad y atractivas propuestas. Condujo el resto de la obra con brío, colorido, sapiencia, en definitiva, un lujazo para los que admiramos esta música a veces en exceso maltratada y casi siempre poco considerada.
No obstante, lo más interesante de la noche, por eso de ser un taller de ópera, eran las voces. No hay palabras para referirse a las cualidades vocales de Dolores Lahuerta, que encarnó el papel de Giulia en la primera función. Una voz de lírica de enorme fuste, de gran control, muy buena emisión, timbre atractivo, dominio de la coloratura… y una presencia escénica sobresaliente.
Secundada por un tenor como Hans Ever Mogollón en el papel del amante Dorvil, suficiente aunque no tan brillante como la soprano, en parte por la escritura musical, menos agradecida para su papel. También sobresaliente el barítono Isaac Galán como Blansac, especialmente efectivo en lo actoral, pero también en la parte vocal, salvada con enorme pericia. Buen nivel de la Lucilla de Ekaterina Metlova y el Dormont de Javier Tomé. Pero el que se llevó las mayores ovaciones fue el criado, Germano, encarnado por Lluís Martínez. Unos comienzos titubeantes e inseguros en lo vocal fueron siendo salvados poco a poco para acabar en plena forma, además, fue el más brillante en escena merced a su gracia cómica, pero también a su pericia en los juegos malabares con tres rollos de papel higiénico al mismo tiempo. Su intervención bajo la mesa en el final de la ópera fue más convencional, pero asimismo también hilarante y conseguida.
Una tarde agradabilísima, unos aplausos sinceros y unas enormes ganas de volver a disfrutar de esta producción y de esta música. Hasta la próxima.
Fotografía cortesía Palau de les Arts Reina Sofía ©Tato Baeza
Escribir a Fernando Morales