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Crítica de discos

Dos tríos para clarinete de Beethoven

Joaquim Zueras Navarro

L.V. Beethoven: The Two Trios for Piano, Clarinet & Cello. Ensemble Kheops: Ronald Van Spaendonck, clarinet; Marie Hallynck, cello; Muhiddin Dürrüoglu, piano. Sello: Fuga Libera. FUG 535.

L.V. Beethoven: The Two Trios for Piano, Clarinet & Cello

A la primera etapa de la carrera de Beethoven como compositor y ejecutante se la ha llamado el período clásico vienés. Se caracteriza por una continuidad en las formas clásicas, con claras influencias de Haydn y de Mozart, y el propósito de alcanzar el reconocimiento de los vieneses, siempre conspicuos con las novedades. Beethoven intentará conducirles gradualmente hacia una música más compleja, invitándoles a traspasar las puertas del romanticismo, algo que requirió mucho esfuerzo y en lo que no vio siempre satisfechas sus expectativas.

Volviendo a esta primera etapa prolífica, el melómano atento no podrá dejar pasar por alto estos dos tríos para clarinete. Beethoven había observado la enorme difusión que obtuvo el Trío para clarinete K. 498 de Mozart, obra que admiraba y se propuso una composición en la misma línea, pero utilizando el violonchelo en lugar de la viola, que a él le parecía que aportaba mayor colorido al conjunto. Así nació en 1798 el Trío para para piano, clarinete y violonchelo en si bemol mayor op. 11, dedicado a la condesa Marie Wilhelmine de Thun Hohentein, que había ayudado a Beethoven a establecerse en Viena. La partitura pronto fue editada por Franz Mollo en la capital austriaca, con la aclaración –ardides del negocio- de que la parte del clarinete podía interpretarse al violín. El Allegro con brio inicial, pese a la indicación de movimiento nos sitúa en los distintos estados anímicos por los que transcurre la obra, desde la vehemencia insistente a la serenidad contemplativa. El Adagio se desenvuelve con un exquisito diálogo entre el violonchelo y el clarinete, con puntualizaciones del piano de hondo lirismo. El tercer movimiento se abre con el tema “Pria ch´io l´impegno” de la ópera “L´amor marinaro”, de Joseph Weigl. Este tema, aunque algo banal, como a menudo acontece llegó a ser muy popular. Beethoven pensó no desaprovechar tal coyuntura para someterlo a distintas variaciones en las que se muestra ocurrente y exuberante.

La buena acogida de su encantador “Septeto op. 20” dedicado a la emperatriz María Teresa, hizo pensar en una formación más reducida, cómoda y, ¿por qué no decirlo?, más económica. El Trío para piano, clarinete y violonchelo en mi bemol mayor op. 38 es la transcripción del septeto, conservando la misma estructura de divertimento en seis movimientos. Lejos de ser una reelaboración rutinaria, todos los elementos adquieren una nueva dimensión en los relieves, para disfrute de quien conozca la obra anterior. El trío está dedicado al doctor Johan Adam Schmidt, profesor de anatomía en Viena y más tarde médico de Beethoven. Compuesto en 1802, fue publicado en 1805 por el Instituto de las Artes y de la Industria de Viena. En esta obra contrastan la bravura con la melancolía, la alegría desenfadada con el sarcasmo, el humor con la tristeza, la depreocupación con la reflexión profunda... Y el célebre Menuetto. Se ha dicho que Beethoven llegó a aborrecerlo por lo mucho que se interpretaba, pero lo cierto es que también lo incluyó en la sonata para piano op.49 nº2.

Del “Ensemble Kheops” la revista “Concerto Net” ha declarado: “Los pies en el suelo pero la cabeza en el cielo; son unos músicos de cámara perfectos”. A un toque elegante e inspirado se suma una compenetración sin fisuras, bajo el común denominador de un soberbio dominio de los instrumentos.

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