Nuestra Zarzuela
El tambor de Granaderos
José Prieto Marugán
El tambor de Granaderos. Zarzuela cómica en un acto y tres cuadros, en prosa. Libro de Emilio Sánchez Pastor- Música de Ruperto Chapí. Estreno: 16 de noviembre de 1894, en el Teatro Eslava, de Madrid. Acción en Madrid, época de la dominación francesa
Personajes e intérpretes principales:
Gaspar, el tambor (Isabel Brú).
Luz, enamorada de Gaspar (Sra. García de Pinedo).
Roque, el Lego (Bonifacio Pinedo).
El Coronel (Daniel Banquells).
Don Pedro, tío de Luz (Valentín García).
Quintana (Vicente Carrión)
Argumento.
En una plaza, bordeada por el Cuartel de Granaderos y por el Convento de la Merced, un grupo de mendigos espera la comida que los frailes dan, cada día, a los necesitados. El Lego aparece por el portón con una gran olla y tras una breve oración distribuye el sopicaldo entre los menesterosos. Roque, que así se llama el lego y que, además es un patriota que no soporta la presencia de Pepe Botella conversa con Quintana de lo que es noticia de última hora en el barrio: a Gaspar le han enrolado en el ejército afrancesado, pero no como soldado, sino como tambor, dada su escasa estatura. Tras el anuncio de la inminente jura de los nuevos granaderos, Gaspar y Luz hablan de amores ocultándose de Don Pedro, tío de la joven que tiene la intención de que su sobrina ingrese en un convento.
Llega el momento de la jura. El coro establece la marcialidad de los soldados al tiempo que lamenta la falta de fe y el desánimo interior de los que desfilan. Luz llora por Gaspar. Al llegar el momento cumbre de la ceremonia, Gaspar se niega a jurar la bandera francesa y expresa públicamente su rebelión. El pueblo aplaude pero el joven es detenido y conducido a la mazmorra en espera de un seguro y terrible final. Sin embargo, Roque se las ingenia y vistiendo al tambor de fraile consigue facilitarle la huida. Gaspar es ahora el Padre Benito, un fraile milagrero que se encamina hacia la propiedad de don Pedro para entrevistarse definitiva y secretamente con Luz. Al ver a Gaspar, Luz cae desmayada ante el desconcierto de su tío que -miope perdido- no acierta a ver con claridad la situación ni el fondo del asunto. Los jóvenes van a salir huyendo pero la casa está rodeada de soldados. Todo parece sentenciado cuando pero llega la noticia: José Bonaparte ha sido destituido y en su lugar vuelve Fernando VII, con lo que Gaspar y Luz pueden abrazarse en público con toda tranquilidad.
Comentario.
Además de la propia calidad de la partitura y de la formidable interpretación que hizo Isabel Brú del papel protagonista (era frecuente en la zarzuela que personajes masculinos fueran interpretados por mujeres), el éxito de esta obra tuvo mucho que ver con la temática argumental, que ensalza un patriotismo capaz de oponerse al enemigo sin pensar en las consecuencias.
Existe un hecho, no suficientemente aclarado, que relaciona El tambor de granaderos, con La verbena de la Paloma. Se dice que Ventura de la Vega entregó a Chapí el libreto de La Verbena. Se dice también que la música creada por Chapí no gustó al literato y -como consecuencia- retiró el texto. Esta historia se basa en la similitud métrica de los números "Yo no beso ni juro esa infamia", de la obra de Chapí y el célebre "Dónde vas con mantón de Manila", de la de Bretón. La teoría no se sostiene. Lo que realmente parece ser lo cierto es que Chapí, por su oposición al sistema de propiedad intelectual que regía entonces, tenía en contra a la mayoría de los empresarios teatrales y le era muy difícil estrenar. Pese a todo, el empresario de Eslava, tuvo el coraje de dar a conocer El tambor de granaderos, una de las obras más brillantes del género chico. Gracias al triunfo de esta partitura, Chapí pudo, junto a Sinesio Delgado, fundar lo que hoy es la Sociedad de Autores y acabar así con el abuso de ciertos personajes de entonces que han pasado a la historia no por méritos propios sino por haberse enfrentado a quienes no estaban dispuestos a tolerar la injusticia que se hacía con sus legítimos derechos.
El tambor de granaderos, anuncia desde el magnífico e impresionante preludio, los temas que van a ir apareciendo más adelante: el simpático “Coro y escena de la sopa” (“Cuánto tardan estos frailes); los picantes “Cuplés del tambor“ (“Rataplán, rataplán”); el brillante pasodoble y la “Escena de la Jura” (¨¿Qué sucede que las tropas van a formar? – “Yo no beso, ni juro esa infamia”); los atractivos “Cuplés de los milagros” (“Érase un labrador muy devoto”) y el número final conocido como “Cuarteto del exorcismo” (¨¡Qué le pasa, Jesucristo, que se pone Luz así!”). Todos ellos fueron muy aplaudidos por quienes tuvieron la suerte de asistir al estreno de esta excelente partitura.
Hoy, con 105 años a sus espaldas, El tambor de granaderos sigue entusiasmando al público, y su Preludio dando ocasión de lucimiento a nuestras orquestas cuando emprenden girar por el extranjero.
Escribir a José Prieto Marugán
