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Ópera en Valencia

El primer abucheo…

Fernando Morales

Les Troyens

6 de noviembre de 2009, 20:00 h. Palau de les Arts Reina Sofia. H. Berlioz: “Les Troyens”, gran opéra en cinco actos. Libreto de H. Berilos, basado en La Eneida de Virgilio. Producción del Teatro Mariinski de San Petersburgo, Wielki de Cracovia y Palau de les Arts Reina Sofía. Dir. escena: Carlus Padrissa, La Fura dels Baus. Videocreación: Franc Aleu. Escenografía: Roland Olbeter. Vestuario multimedia: Chu Uroz. Iluminación: Meter van Praet. Dir. Musical: Valeri Gergiev. Énée: Stephen Gould. Chorèbe: Gabriele Viviani. Panthée: Giorgio Giuseppini. Narbal: Stephen Milling. Iopas: Eric Cutler. Ascagne: Oksana Shilova. Cassandre: Elisabete Matos. Didon: Verónica Simeón. Anna: Zlata Bulicheva. Hylas: Dmitri Voropaev. Priam: Askar Abdrazakov. Jefe griego: Tomeu Babiloni.  Orquestra de la Comunitat Valenciana. Cor de la Generalitat Valenciana. Director del coro: Francisco Perales.

Desde luego, abrir temporada con la propuesta de Les Troyens de Hector Berlioz no ha dejado indiferente a nadie. Ha dado mucho que hablar, lo primero, por ser la primera producción que en su estreno es abucheada. No estuve presente, pero cuentan que no fue cosa de un puñado de exaltados. Tampoco fue un escándalo. Pero ahí estuvo y no se puede ni se debe ocultar.

Ciertamente, estamos teniendo Fura dels Baus para dar y tomar. La experiencia del Anillo wagneriano había sido satisfactoria –aunque con muchas voces discrepantes- y había esperanzas de repetir, por lo menos, experiencia estimulante. No le ha ido nada bien a la ópera del compositor francés las furadas. Sin duda, la imagen del ave carroñera picoteando sobre los cadáveres fue una de las imágenes fureras más impactantes.

Fura dels Baus

En mi modesta opinión, esta grand opéra de Berlioz envejece demasiado mal, no despierta la imaginación ni del que la plantea ni del que la contempla. Tampoco esto atrajo especialmente al público del Reina Sofía, que desertó en los entreactos en número más que considerable. Y eso que Valeri Gergiev hizo que la obra mantuviera el nervio y el brío para, por lo menos, no caer en el tedio más absoluto. El director ruso controló y marcó, subrayó y enfatizó, aunque como es sabido, en su estilo apenas hay sitio para el lirismo y la delectación, pero eso sí, que es un gran director no hay duda.

Si cinco horas de Wagner es soportable para los wagnerianos y pare usted de contar, no sé si cinco horas de Berlioz son soportables ni siquiera para los berliozianos más recalcitrantes. Si fallidas fueron las propuestas de Padrissa, la cosa tampoco fue excesivamente bien en lo vocal. Salvando las intervenciones de la Cassandra de Elisabete Matos, como siempre solvente y convincente, así como del Narbal de Stephen Milling, el resto de voces se movieron en un tono gris que no contribuyó en aumentar el interés por el montaje. Lástima no poder disfrutar del Dido de Daniela Barcellona, que dicen que fue lo mejor del estreno. Si fue espectacular, como es ya norma, la aportación del Cor de la Generalitat Valenciana, engordado al extremo en número, pero rotundo y empastado, no fue menos la de la Orquestra de la Comunitat Valenciana, deslumbrante. Cuentan que Gergiev se quedó patidifuso cuando dio la primera batida en el primer ensayo.

Fotografía cortesía Palau de les Arts Reina Sofía ©Tato Baeza

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