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XIV Ciclo de Grandes Intérpretes de la Fundación Scherzo

Arcadi Volodos en el CGI

Antonio José López Domínguez

XIV Ciclo de Grandes Intérpretes de la Fundación Scherzo. Arcadi Volodos (piano). A. Scriabin: Preludio en Si b M, op. 37, nº 1; Preludio en Si b M, op. 11, nº 16; Danza lánguida, op. 51, nº 4; Danza, op. 73, nº 1, “Guirlandes”; Sonata nº 7, op. 64, “Misa blanca”. M. Ravel: Valses nobles y sentimentales. I. Albéniz: La Vega. Ferenc Liszt: Il Penseroso; Fantasia quasi sonata, “Después de una lectura de Dante”. Auditorio Nacional de Música de Madrid. Martes, 29 de septiembre de 2009, 19:30 h.

Arcadi Volodos

Tras el verano ha vuelto con fuerza el Ciclo de Grandes Intérpretes en el Auditorio Nacional de Madrid. Ni más ni menos que el formidable pianista Arcadi Volodos (San Petersburgo, 1972), quien ya había participado en dos ediciones anteriores: IV (1999) y XI (2006). Elogiado y criticado por igual por sus interpretaciones y transcripciones, ha logrado consolidarse en un lugar de prestigio entre los pianistas de la actualidad.

El auditorio se llenó en pocos minutos casi en la totalidad de su aforo. Un programa exigente y muy interesante con obras de Scriabin, Ravel, Albéniz y Liszt, que nos mostró a un Volodos virtuoso y músico: magistral técnicamente y pleno de musicalidad. En un concierto dedicado a Alicia de Larrocha, mostró gran contundencia y seguridad en la interpretación, además de ciertas dosis de sutilidad y elocuencia en el fraseo.

En Scriabin dominó a la perfección el color de toda esa poesía cromática, con un pedal magnífico y un ataque inapelable, recreando una sutil intimidad sonora. A continuación pasamos a un Ravel correcto donde evidenció cierto desequilibrio entre virtuosismo y sonoridad, aunque demostró una elocuente musicalidad y gran habilidad en la creación de atmósferas.

Ya en la segunda parte del recital, ofreció un Albéniz muy personal, vibrante y rico en expresividad, aunque más efectivo en su lado impresionista que en su vertiente nacionalista. Para finalizar, Volodos desplegó toda su técnica al servicio del virtuosismo de alta escuela con un Liszt absolutamente increíble. Fue aclamado por el público con rotundidad.

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Fotografías © Rafa Martín, cortesía de la Fundación Scherzo

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